BALONCESTO CODIFICADO (y IV): Triplete para la historia

Barça campeón Euroliga 2003

El capítulo final de este serial traerá grandes recuerdos a los aficionados del Barça al deporte de la canasta. Los mejores, sin duda. El último año de la primera experiencia del baloncesto codificado en España pasó a la historia como la anhelada y ansiada llegada al trono europeo del equipo azulgrana, dejando atrás intentos pasados que terminaron en frustración y decepción. Un asalto al poder que resultó un completo éxito. El equipo fabricado para ganar que diseñó el Barça en la temporada 2002-03 no dejó ni las migajas, alzándose con un triplete que convirtió la campaña en la más laureada y gloriosa para el club. El Barça tuvo equipos que jugaron mejor y con mayor brillantez, pero ningún otro acumuló tanto éxito en un solo año. En este último episodio reviviremos, entre otros temas, el inolvidable triplete logrado por el Barça para poner punto y final a la primera era del baloncesto codificado.

Dos maneras de afrontar el verano.

La decepcionante temporada 2001-02, cerrada sin títulos, provocó un fin de curso convulso en el Barça. La marcha de Aíto García Reneses puso el punto y final a una etapa larga y fructífera en el club. Don Alejandro no volvería nunca más al club azulgrana. Una tormenta que suponía sólo una pequeña nubecilla en los oscuros años de la presidencia de Joan Gaspart, con el equipo de fútbol sumido en una profunda decadencia cuyo límite aún no se vislumbraba. El baloncesto, en cambio, estaba en manos más diestras y hábiles. Salvador Alemany era un gestor de larga trayectoria y probada valía y no dudó en aprovechar toda la autonomía que disfrutaba y los numerosos recursos que se le concedieron para armar una plantilla que apuntara a lo más alto. La Final Four de la Euroliga se disputaba en el Palau Sant Jordi, en Barcelona, una oportunidad única para el definitivo asalto al máximo título europeo. El Barça no reparó en gastos en busca de su objeto del deseo. Aprovechó el anuncio de los rectores de Panathinaikos, vigente campeón de Europa, de recorte en el gasto para arrebatarle a su gran joya: Bodiroga. El jugador serbio llegaba a la Ciudad Condal para liderar en la pista un proyecto muy ambicioso. El Barça no sólo se hacía con los servicios del jugador con más talento y desequilibrio del baloncesto europeo. Indirectamente, asestaba un golpe a su eterno rival puesto que el genial jugador serbio había formado parte del Real Madrid durante dos temporadas. A su salida había declarado amor eterno al equipo blanco, incluso había sido invitado a las finales de Copa de Europa del equipo de fútbol que disputaba el Madrid. Se ofreció al equipo blanco para regresar, pero en el Real Madrid no estaban en disposición de siquiera acercarse a la suculenta oferta del Barça y el astro serbio acabó vistiendo el azulgrana del eterno rival. Sin embargo, Bodiroga no llegó solo. Fue presentado junto a otro de los jugadores más destacados del baloncesto europeo: Gregor Fucka. Un ala-pivot versátil, de buena muñeca y depurados fundamentos, convertido en estrella continental en el último lustro y que tampoco dudó un instante en aceptar la irrechazable oferta azulgrana. Femerling, pivot duro y guerrero, reforzaba el juego interior y suponía aire fresco ante el mermado estado físico de Roberto Dueñas. También estaría en la primera plantilla un joven Anderson Varejao, una inversión de futuro aunque su etapa en el club fue demasiado corta tras entregarse a los cantos de sirena procedentes de la NBA. Con el bloque reforzado en grado sumo, faltaba el hombre que debería llevar las riendas de una plantilla tan poderosa. El elegido fue Svetislav Pesic, seleccionador de Yugoslavia. Campeón de Europa con el Bosna en 1979 en su etapa de jugador, mentor de la prodigiosa selección junior yugoslava de 1987 que se proclamó campeona del mundo en Bormio. Uno de los apóstoles del baloncesto control en los años 90, que conjugó la base aprendida en la escuela yugoslava con la disciplina y precisión germana adquirida en su larga estancia en Alemania. Nombre de tronío para llevar a la poderosa nave culé hacia el perseguido tesoro europeo.

 Bodiroga y Fucka chocan las manosFuente: robertorico.es

El Real Madrid también trataba de superar el amargo sabor de una temporada gris. Sergio Scariolo continuó en el cargo, pese a la decepcionante temporada anterior, pero ya sin las funciones de director deportivo. Pese a ello, lideró las gestiones oportunas en los numerosos movimientos que se avecinaban. Las salidas eran numerosas: Djordjevic, Raúl López, Alberto Angulo, Vukcevic, Iturbe,… El club quiso mantener a Tabak, pero el pivot croata no quiso saber nada de continuar a las órdenes de Scariolo, con el que estaba enfrentado. En cambio, buscó una salida a Tarlac, pero no hubo forma de encontrarle acomodo. En el capítulo de contrataciones, Scariolo se movió con rapidez para reforzar el equipo. Ató a Mumbrú, nuevo gran valor de la cantera de Joventut y que ya entraba en los planes de la selección. Llegó a un acuerdo con Carlos Delfino, nueva promesa argentina a la que en Italia ya comparaban con Ginobili. El gran golpe de efecto lo debía suponer el fichaje de Felipe Reyes en el enésimo trasvase del Ramiro hacia el potentado de la capital. Aunque Estudiantes podía acudir al derecho de tanteo, la oferta parecía inalcanzable para sus posibilidades. Sin embargo, Alejandro González Varona, presidente de Estudiantes, anunció días después que igualaba la oferta para retener al jugador. Sonaba a farol, a forzar una negociación provechosa para las arcas del club, pero en el Ramiro se mantuvieron en sus trece pese a que su tesorería no podía soportar el nuevo sueldo del menor de los hermanos Reyes a medio plazo. Una decisión que cambiaría por completo toda la planificación. Por otro lado, Scariolo tenía una baja más que anunciar; ni más ni menos que el capitán, Alberto Herreros. Insólita medida que transcurrió en un escenario surrealista, puesto que el técnico le comunicó a Herreros que se buscara equipo en medio de un entrenamiento; en el gimnasio y delante de todos. El ruido generado por esta escena llegó hasta la presidencia. Florentino Pérez, molesto con las formas, tomó la decisión personalmente de cesar de manera fulminante a Sergio Scariolo, que finalizó su etapa madridista de forma abrupta y por la puerta de atrás. Todo cambiaba de repente, nada de lo hecho valía ya. Pronto aparecería el sustituto del técnico cesado. Javier Imbroda, seleccionador español, fue el elegido para comandar el nuevo proyecto y devolver la paz. Su primera decisión fue llamar a Herreros para comunicar que contaba con él y no escuchara ofertas. La planificación de Scariolo fue revisada al completo. Se mantuvo la decisión de incorporar a Mumbrú, pero se desechó la opción de Delfino por razones económicas. El último intento desesperado por Felipe Reyes encontró la negativa y férrea oposición de Estudiantes. El Real Madrid tuvo que contentarse con la contratación de su hermano Alfonso, veterano contrastado, pero al inicio de la recta final de su carrera y sin la proyección de Felipe.

Javier Imboda en un entrenamiento del Real MadridFuente: abmostoles.com

El fichaje de Imbroda despertó recelos y suspicacias en otros clubes. Su posible influencia en jugadores que acudían a la selección española para disputar el Mundial de Indianapolis, aprovechando su cargo de seleccionador, levantó sospechas en otros equipos. Aparte de Felipe Reyes, se rumoreaba el supuesto interés del Madrid por Carles Marco, presente en la convocatoria de la selección para el Mundobasket. No tardó en iniciarse la conjura. Salvador Alemany y Jordi Villacampa fueron los instigadores en la sombra de una polémica que forzó a la ACB a tomar una de las decisiones más absurdas que se recuerdan. La Asamblea de clubes aprobó la incompatibilidad del cargo de entrenador con el de seleccionador, una medida creada y pensada para frenar un posible beneficio al Real Madrid y que, incomprensiblemente, aún se mantiene. Javier Imbroda se vio obligado a dejar la selección al finalizar el Mundobasket. A su vez, el seleccionador prometió públicamente no negociar con jugadores presentes en la selección. De rebote, la medida afectó al Barça puesto que Pesic tuvo que hacer lo mismo con Yugoslavia. No le debió importar mucho a Alemany. Curiosamente, Marco acabó fichando por el Joventut, presidido por Villacampa. La renuncia del Madrid a negociar con jugadores presentes en la selección supuso un gesto tan aparentemente honesto como estúpido, máxime cuando otros rivales se aprovecharon de ella, y que afectó seriamente a la política de fichajes del equipo blanco. Abandonado el interés por Marco, se fichó como base a Lucas Victoriano, que regresaba al club. Ni comparación entre ambos. El Madrid actuó con demasiada prisa para completar el resto de fichajes y acabó cerrando el capítulo de incorporaciones con tres de una tacada: Alston, Hawkins y Digbeu. Tres jugadores con pasado en el Barça, donde no dejaron demasiada huella. Se podía hablar que el Real Madrid había fichado a tres descartes de su eterno rival mientras éste se hacía con los servicios de los jugadores más codiciados de Europa. Los madridistas partían en clara inferioridad anímica y moral.

Nocioni trata de robar el balón a RisacherFuente: malagahoy.es

El otro gran animador del mercado estaba en Valencia. En su intento por buscar un sitio entre los grandes del baloncesto español, Pamesa Valencia dio un golpe de efecto contratando a los pivots titulares de Tau Cerámica, vigente campeón de Liga y Copa. Oberto y Tomasevic formaron en Vitoria, en la histórica temporada de Baskonia que apenas se había cerrado, una pareja interior formidable; seguramente, la mejor de la Liga ACB. Ahora formarían parte del ambicioso proyecto de Pamesa. El Tau acusaría de forma sensible un golpe tan duro, y que no consiguió encontrar sustitutos a la altura de dos claros referentes en la plantilla. Por su parte, Unicaja mantuvo buena parte de su bloque, apuntalado con fichajes ambiciosos como los de Risacher, Okulaja, Esteller y Wojcik. Nombres consagrados para conservar su puesto en la aristocracia del baloncesto nacional. Incluso Estudiantes aparcó su política de cantera para emprender un proyecto de calado. Retener a cualquier precio a Felipe Reyes fue el primer paso. Los fichajes de Corey Brewer, Iturbe, Loncar y Adam Keefe supusieron un salto de calidad importante, pensado para igualar, al menos, las semifinales de la pasada temporada.

Un camino nada sencillo.

La pretemporada certificó los negros presagios sobre la idoneidad de la plantilla del Real Madrid. La acumulación de derrotas en pretemporada y la sensación de una falta alarmante de talento no tardaron en sembrar preocupación en el madridismo. La abultada derrota ante Estudiantes en el Torneo de la Comunidad de Madrid dejó una muestra de inferioridad evidente. Por primera vez, se podía asegurar con certeza que Estudiantes tenía una plantilla más fuerte y poderosa que el Real Madrid. Un panorama turbador para los madridistas. Sin embargo, el estreno liguero supuso un momento para la euforia con una victoria apabullante por 91-58 ante Cáceres que desató el repentino entusiasmo de los aficionados. El público presente en el Raimundo Saporta aclamó a Javier Imbroda, que acabó saliendo a la pista a saludar al respetable. Un espejismo en el inmenso desierto que estaba por llegar. El Real Madrid salvó como pudo los primeros encuentros. Se daba por hecho que iba a sufrir con frecuencia, que le costaría sacar los partidos, pero no se contaba con naufragios en una mayor frecuencia de lo esperado. El primer revés lo endosó Caja San Fernando en el Raimundo Saporta. Ridículo absoluto tras un partido lamentable en el que fue más de 20 puntos abajo durante la mitad del choque. Un rival irregular convertido en un ogro ante la falta de recursos ofensivos de los hombres de Imbroda. Elson fue un coloso insuperable en la zona; Slanina, un anotador implacable. Eso parecieron ambos ante la inoperancia rival. Cuatro triples de Digbeu en los dos últimos minutos maquillaron el esperpento. Sería la primera de las derrotas sonrojantes del Real Madrid durante la temporada aunque el tramo inicial lo sacó adelante a trancas y barrancas. Remontó 18 puntos en el Buesa Arena en el último cuarto para acabar forzando la prórroga a triple y limpio y arrasando en el tiempo extra a un Tau hundido. A la siguiente jornada, que supuso el debut de Mumbrú una vez superada su fractura de escafoides, venció a Unicaja en casa aprovechando un tercer cuarto horrendo del equipo malagueño. El Madrid no daba sensación de solidez, pero salía a flote. Incluso podía presumir de marchar igualado al todopoderoso Barça, que cosechó su primera derrota en la segunda jornada en el Nou Congost con una bomba sobre la bocina de Montáñez. Presunción de ilusos. No tardó en llegar la lógica y la mala racha de resultados. La caja de los truenos se destapó en la novena jornada. La visita de Pamesa Valencia al Raimundo Saporta dejó al descubierto la triste realidad. Superioridad incuestionable del conjunto valenciano, que sentenció el partido al descanso y se paseó sobre la cancha. Tanta mediocridad suponía un trago amargo para la afición madridista que ya no escondió su enfado y no dudó en abroncar a su equipo. En Euroliga le acompañó también la irregularidad, pero no parecía que corriera peligro el pase al Top 16.

Alfonso Reyes lucha por la posiciónFuente: diariocordoba.com

El Barça mantenía una marcha segura, pero sin impresionar. Muchos encuentros los ganaba por inercia, a merced del enorme talento y la variedad de recursos que atesoraba, pero sin deleitar ni ofrecer un juego espectacular. En el ideario de Pesic primaban la disciplina y esfuerzo por encima de la belleza. Quizá por ello no le agradaban los arrebatos de genialidad de Jasikevicius. Dos formas de entender el juego que acabaron chocando. Nadie ponía en cuestión que la calidad individual era inmensa e inagotable: Bodiroga, Fucka, Saras. Colección de talento que relegaba a un segundo plano al joven Navarro, pese a disponer de un importante rol en la selección española. Tampoco iba falto el equipo azulgrana de fuerza y sacrificio. De la Fuente se convirtió en hombre de confianza para Pesic con su gran despliegue defensivo y capacidad física. Femerling y Dueñas, libre de problemas físicos, convertían la zona en un terreno peligroso para el rival. Pero los resultados eran mejores que el juego. No acababa de llenar y algunos periodistas defendían que el Barça jugaba mejor en las etapas más brillantes de Aíto. Y conforme avanzaba la temporada se encontró con partidos más duros que le costaba sacar adelante, alguno no exento de polémica. Manel Comas se explayó a gusto en contra del arbitraje en la rueda de prensa posterior al derbi contra el Joventut disputado en el Palau Blaugrana, de final ajustado y controvertido en algunas decisiones. El tema arbitral dio que hablar. Paco García Caridad, en el programa Intermedio de Radio Marca, comunicó que en dos jornadas cambiaron los colegiados de los encuentros de Barça y Pamesa Valencia a menos de 24 horas de su disputa. No es sinónimo que ocurriera algo extraño, ni siquiera hubo indicios de ello durante los partidos, pero la información se filtró de forma interesada. Más allá de estos temas ajenos al juego, le costaba al Barça imponer su teórica superioridad. A la derrota en Manresa, sin el concurso de Bodiroga, se le sumó un mes después otro tropiezo en Sevilla contra Caja San Fernando. Elson destrozó al juego interior azulgrana para cobrarse particular su venganza tras firmar 27 puntos y 21 rebotes. En Euroliga, soplaba el viento a favor (disputaba a la Benneton el liderato del grupo), pero en la competición doméstica aparecían rivales respondones. En especial uno: Pamesa Valencia.

Jugadores de Valencia Basket 2002-03Fuente: vavel.com

La inversión de Juan Roig en verano estaba dando buenos resultados. Oberto y Tomasevic mantenían la tiranía en el juego interior que le convirtió en la mejor pareja de pivots de la Liga ACB en su etapa en Vitoria. Formaron junto a Paraíso una tripleta anotadora temible. Rodilla fue el director adecuado para hacer lucir a todos. No se olvidó el club valenciano de los hombres de trabajo. El veterano Abbio, Montecchia y Kammerichs se encargaron del esfuerzo y labor oscura. Hopkins y Luengo, junto a Rodilla, aportaron la implicación necesaria como pegamento para las nuevas incorporaciones. Se sucedían los triunfos contundentes con juego brillante, hasta el punto de postularse como una alternativa seria al gran favorito. La reválida llegaba el 21 de diciembre, en el duelo por el liderato en la Fonteta contra el Barça. Era la oportunidad para reclamar su lugar como candidato al título. Una segunda parte primorosa le cargó de razones para mirar a los ojos al coloso azulgrana, con una defensa extraordinaria que paró los pies a todas las estrellas culés. El Barça ni pudo con las dos torres rivales ni logró cortar los contraataques que finalizaba Paraíso. La victoria por 87-74 situaba a Pamesa Valencia como líder y aspirante a todo. No le esperaba un camino de rosas hacia el éxito al Barça. Pamesa Valencia se colocaba a la cabeza de los contestatarios. A Unicaja le costó arrancar y encontrar un rumbo regular, pero transcurridos dos meses de competición mutó en un equipo sólido que no perdía la vista a la cabeza de la tabla, liderado por un letal anotador como Bullock. Estudiantes confirmó que había construido un bloque equilibrado con un banquillo largo y de calidad, pero le faltaban victorias ante los primeros clasificados para salir de un segundo plano. Gran Canaria se convertía en la revelación de la temporada con un juego basado en una dura defensa y la magnífica pareja de pivots que formaban Bud Eley y Larry Lewis. Por contra, no soplaban buenos vientos para el campeón, Tau Cerámica. La pérdida de su pareja titular de pivots en verano causó una herida que no logró restañar, agravada por los problemas físicos de Bennett y Foirest que lastraron aún más su juego. No encontraba el rumbo y el cambio constante de jugadores en la plantilla tampoco aportó estabilidad ni mayor talento. La borrachera del doblete de la temporada anterior había dejado como secuela una dura resaca.

El primer gran desastre.

Tras el baño de realidad sufrido ante Pamesa Valencia, no paraban de llegar disgustos para la afición madridista. El 25 de diciembre, en el Torneo de Navidad, llegó otra derrota humillante ante Maccabi. Un buen equipo, pero alejado de su época de mayor esplendor, dejó en ridículo a un Real Madrid inane e incompetente. Se le atragantó el turrón a los aficionados del equipo blanco, que descargaron su indignación hacia el palco. La ovación a un joven Beno Udrih, mejor jugador del partido, fue otro dardo dirigido hacia los rectores de la sección. El baloncesto se convertía en un grano para Florentino Pérez, envuelto en el aura celestial del éxito del equipo de fútbol y sus fichajes galácticos. El desinterés del presidente hacia el baloncesto era innegable; la errónea política de fichajes había convertido al Real Madrid en un equipo mediocre. Hawkins se encontraba tan superado que al segundo error le pedía el cambio a Imbroda; Victoriano, una cabra loca, no mejoraba las prestaciones del base americano; Digbeu estaba demasiado pendiente de sí mismo; Alfonso Reyes acusaba unos problemas de espalda, que terminaron convertidos en crónicos e iniciaron el declive el pivot cordobés. Como dijo mi padre, el Madrid se había equivocado de hermano. Por su parte, Alston mejoró el pobre rendimiento ofrecido en pretemporada, pero le faltaba intimidación para asegurar la zona. Mumbrú apuntaba maneras, pero aún le faltaba rodaje al más alto nivel. Tampoco los jóvenes Hernández-Sonseca y Lampe terminaban de despuntar. Raúl Mena, suficiente tenía con pasar de puntillas por la plantilla. Demasiada carga sobre los hombros de veteranos como Herreros o Lucio Angulo. Florentino Pérez buscó un alivio en los despachos con el retorno del histórico Lolo Sainz en calidad de manager de la sección. Su primera decisión fue sustituir al asustadizo Hawkins por Mulaomerovic, un base que había realizado grandes actuaciones contra el Real Madrid en la Euroliga en el pasado, pero que llegó pasado de rosca y acabó entregado al individualismo con mucha frecuencia.

Presentación de MulaomerovicFuente: kiaenzona.com

Las derrotas a domicilio ante Lucentum y Gran Canaria, dos de las sorpresas de la temporada, complicaban aún más la situación antes de enfrentarse por primera vez al Barça. En el pabellón Raimundo Saporta se temía otro duro varapalo que hundiera al equipo blanco en la miseria, pero, contra pronóstico, el Madrid sí mostró un buen nivel competitivo ante su eterno rival. Hernández-Sonseca mantuvo a raya al juego interior azulgrana durante muchos momentos y Mumbrú fue un azote durante todo el partido, especialmente en la línea de tres. Ambos fueron claves para mantener por delante al Madrid durante tres cuartos, pero el Barça guardó sus balas para el último periodo. Hasta entonces le bastó con la genialidad de Bodiroga para mantener el marcador igualado, esperando el momento de dar el golpe. La diferencia la puso Navarro con sus bombas marca de la casa. Primer recital ante el Real Madrid de La Bomba, pesadilla del madridismo en muchos Clásicos. Una falta mal señalada a Hernández-Sonseca supuso la eliminación del pivot en el último minuto y acabó de noquear a los hombres de Imbroda, que se batieron con mucha dignidad, pero no pudieron evitar la derrota por 75-83. Un resultado que comprometía la presencia del Real Madrid en la Copa del Rey, ya que debía imponerse en los últimos tres partidos de la primera vuelta aunque había esperanzas que pudieran ser suficientes dos triunfos. En esta situación límite se vio lo mejor del equipo blanco. Arrolló al Fuenlabrada (75-101) de Walter Hermann, el jugador revelación del año, y venció en casa a Manresa (65-54) para asegurarse virtualmente el puesto en la Copa. Otro triunfo en Fontajau ante Girona (66-83) permitió al Real Madrid acabar la primera vuelta en quinta posición.

Tarlac defendidoFuente: endesabasketlover.com

Asegurada la participación en la Copa del Rey, al Madrid le quedaba asegurar el paso al Top 16 de la Euroliga, para lo que le bastaba una victoria en las últimas cuatro jornadas para pasar a la segunda fase. Se le escapó la primera oportunidad en Estambul ante el Ulker en la prórroga (85-84) por obra y gracia de Joe Blair. En aquel Ulker jugaba un tal Zaza Pachulia que le sonará a más de uno. El Real Madrid soñó durante la primera parte con batir a CSKA Moscú, uno de los grandes favoritos, pero el equipo ruso sacó el rodillo a pasear en la segunda mitad para mostrar el mayor poderío de su plantilla, rematado por la exhibición de Holden que permitió al conjunto moscovita remontar sin apuros (80-93). Una derrota que entraba en el guion y no alteraba los planes, pero las alarmas se encendieron tras caer en Atenas con un Olympiacos decadente (71-68) después de un tercer cuarto horrendo que tiró por tierra una primera parte en la que dominó con claridad. Un bajonazo que se convertiría en la triste realidad cotidiana. El Real Madrid estaba obligado a ganar en casa en la última jornada a Asvel Villeurbanne para asegurar la clasificación. Ya había ganado en suelo francés, pero la presión y responsabilidad atenazaron a un equipo miedoso y superado por el compromiso. Todo el partido fue a remolque de un rival que tampoco necesitó nada del otro mundo para dominar con autoridad. Sólo Tarlac escapó a la mediocridad general. El 77-85 final y los resultados de terceros (como una extraña victoria de Siena a Buducnost por 63 puntos) dejó fuera al Madrid en la primera fase, como un paria cualquiera de la máxima competición continental. Se consumó el primer gran fracaso de la temporada y entre los numerosos culpables ya no se libraba ni el entrenador. Javier Imbroda quedaba en entredicho y en una posición complicada; había perdido tanto crédito como una plantilla depauperada, aunque el desastre no había hecho más que comenzar.

El primer paso hacia la gloria.

La Copa del Rey se disputaba del 20 al 23 de febrero en la Fonteta. En Valencia soñaban con una final contra el Barça con el mismo desenlace del partido de Liga ACB disputado en el mismo escenario. Barça y Pamesa Valencia se presentaban al primer título de la temporada como los grandes favoritos; no se albergaba espacio para la sorpresa. Ni aunque el sorteo deparara en cuartos de final un Clásico, algo curiosamente habitual en la Copa cuando Real Madrid o Barça no parten como cabeza de serie. La superioridad azulgrana sobre el eterno rival era tan evidente que ni se apelaba a los tradicionales tópicos. Incluso entre las filas del Barça se hablaba con tiento sobre el equipo blanco, conscientes de la endeblez rival. “Seguro que querrán salvar la temporada con un gran partido contra nosotros”, afirmaba ante la prensa Rodrigo de la Fuente en la previa al encuentro. Ni pie a ello le dio el Barça, sin tener que apretar el acelerador. El dominio fue absoluto sin necesidad de hacer sangre. Bastó una gran trabajo defensivo, que afloró las limitaciones de su rival, y el abrumador dominio al que sometía Bodiroga a los partidos. No hubo emoción y el Barça se imponía 72-59 jugando a medio gas. No hacía falta mucho para superar a un Real Madrid envuelto en mediocridad. Sin embargo, mucha más guerra le depararían las semifinales, ya que Unicaja convirtió la cancha en un campo lleno de minas. El equipo malagueño aceptó encantado un duelo muy físico con los azulgranas que imprimió una gran carga de intensidad que incomodó a los hombres de Pesic. El dominio en el rebote y el acierto desde fuera permitían al conjunto de Maljkovic dominar, pero los errores en el minuto previo al descanso los castigó el Barça para marcharse por delante al descanso. Un espejismo. Bullock ejerció de tormento ofensivo; Kornegay y Okukaja trabajaban como un martillo pilón que no cesaba de golpear en cada rebote. El Barça se vio doce abajo al inicio del último cuarto, contra las cuerdas. Los triples de Jasikevicius y la genialidad de Bodiroga obraron la resurrección en el último periodo. Risacher y Esteller tuvieron la oportunidad de llevar a Unicaja a su primera final de Copa pero no estuvieron acertados en el último ataque. A Unicaja se le había escapado el triunfo entre las manos. 78-79 en un partido lleno de sufrimiento para el Barça, pero se presentaba la primera ocasión de abrir las vitrinas.

Por el otro lado del cuadro se esperaba la llegada a la final del anfitrión, Pamesa Valencia. Solventó con comodidad el duelo de cuartos de final contra Gran Canaria (81-70), en el que bastó con el recital de Rodilla en el triple en uno de los partidos más inspirados de su carrera en el tiro exterior. Sólo restaba un escollo más en el camino hacia la ansiada final, pero no contaba con el carácter Baskonia. El Tau había sorprendido en el primer encuentro a Estudiantes (74-81), fulminado por el acierto de la fina muñeca de Foirest y la inagotable intensidad de Nocioni, ya establecido como un alero importante en el concierto europeo. De nada le sirvió a Felipe Reyes dominar la zona con puño de hierro, no pudo con el carácter ganador del equipo de Ivanovic. Su vena competitiva volvió a ponerse de manifiesto en una semifinal áspera y fea en la que el Tau llevó el partido a un terreno de lucha y pelea, de lanzarse con el cuchillo entre los dientes en cada acción. Poco acierto, marcador muy bajo; un escenario que desagradó completamente a su rival. Pamesa Valencia no supo bregar en un partido lento y enfangado. No encontró su velocidad de crucero y topó con el brazo fuerte de la defensa vitoriana. Acabó superado por la presión. Los triples de Nocioni y un sorprendente Palladino ajusticiaron al anfitrión por 51-56, un revés que envolvió en una gran decepción a una Fonteta a reventar. Se había escrito el primer capítulo del libro negro de fatalidades del equipo valenciano, un equipo que arrastró durante muchos años el estigma de una debilidad psicológica que le llevaba a hundirse estrepitosamente cuando las circunstancias le eran más favorables. Tau Cerámica se presentaba en la final contra pronóstico y podía defender su título, aunque partiera como víctima propiciatoria del gran favorito culé, liberado de la amenaza que suponía el anfitrión.

Todo parecía transcurrir en el guion previsto tras el primer cuarto; la superioridad azulgrana en los primeros diez minutos fue incontestable. Dueñas y Fucka destrozaban el juego interior vitoriano y sentaban las bases del abrumador dominio del Barça en un comienzo arrollador. Trece puntos de ventaja al final del primer cuarto que suponían un cómodo colchón, pero el camino no sería nada plácido. Tau Cerámica estaba tan romo en ataque como en semifinales, pero apeló al carácter, a dejar todo en defensa para cortar la hemorragia y bajar la diferencia a diez puntos al descanso. Una renta apreciable aún, pero este pequeño recorte consiguió que el conjunto vitoriano encarara la segunda mitad con optimismo. Afloró el carácter Baskonia, reflejado en una agresiva defensa que llenó de miserias el ataque rival aunque fuera a costar de acumular muchas personales. Cada rebote suponía una dura batalla en la que Scola hizo lo posible y lo imposible en la brega con el gigante Dueñas. Calderón lucía en la dirección las cualidades que le acabarían llevando a la NBA años después, pero el gran líder de la remontada fue Bennett, mermado físicamente aunque siempre presente en los días grandes. Regresó su mejor versión en la final. Sus triples acabaron igualando el partido en el último cuarto ante la locura generalizada. De nuevo, el base estadounidense como protagonista de las pesadillas del Barça, que aún no podía creer la encerrona en la que se había metido. Mayor incredulidad si cabe provocó que el partido llegara a la prórroga después que un lanzamiento forzado de Jasikevicius, con el defensor encima, ni vio aro en el último segundo. Pese a su encendida protesta pidiendo personal, el empate a 69 era inamovible. Esperaban cinco minutos más de alta tensión que se le hicieron largos al Tau, huérfano de jugadores clave a causa de las personales. Scola, Nocioni y Bennett vieron el cartel de quinta personal levantado que les dejaba fuera del partido. Cada eliminación supuso una puñalada que acabó desangrando al equipo vitoriano. La fiabilidad de Jasikevicius en el tiro libre y el buen criterio de Bodiroga para aportar al equipo, pese que le faltó la inspiración en el tiro, derribaron a un rival terco y orgulloso. 78-84 que devolvía a Barcelona la Copa del Rey y suponía el primer logro de un año inolvidable.

Del Palau Sant Jordi al cielo.

Conseguido el título de Copa, el siguiente objetivo era el sueño prohibido del barcelonismo: la anhelada Euroliga, su particular El Dorado que llevaba persiguiendo dos décadas. La segunda fase dio comienzo finalizada la Copa del Rey, con Olympiakos, Olimpia Ljubljana y Asvel Villerbaunne como los escollos a superar para alcanzar la Final Four que se disputaba en casa. Sólo el líder accedía a ella, lo que reducía en gran medida el margen de error. El Barça no tuvo un solo momento de tranquilidad, ya que se encontró rivales expertos que le plantearon partidos perros. La derrota en la segunda jornada en Ljubljana (72-69) eliminó cualquier posibilidad de tropiezo adicional. Un fallo más y el sueño se esfumaría. Olympiakos le pondría contra las cuerdas en el Palau Blaugrana en la siguiente jornada. Una gran defensa en el último cuarto y la magia de Bodiroga y Jasikevicius salvaron el trance (80-77), pero esperaba un duelo terrible en el minúsculo Kleisto Korydallou, cancha en la que disputaba sus partidos Olympiakos mientras duraban las obras del Palacio de la Paz y la Amistad de cara a los JJOO de Atenas. Puro partido de baloncesto control, envuelto en un juego lento, duras defensas y tensión hasta el extremo. El Barça echó mano de físico y colectivo para superar la telaraña tejida por el equipo heleno y el gran partido de Nenad Markovic para vencer 55-58 en un partido muy feo, pero que permitía a los azulgranas salir de Atenas con el liderato en el bolsillo. Sólo restaba vencer en el Palau Blaugrana a Olimpia Ljubljana en un duelo directo por una plaza en la Final Four. El equipo esloveno no poseía el talento de años anteriores, pero siempre era un rival muy incómodo para el Barça en las últimas temporadas. No fue menos molesto en un choque tan trascendental. El Barça llevó la iniciativa en todo momento, pero no fue capaz de romper el partido y sacar de la pista a un rival aferrado como una garrapata, siempre al acecho. Ilievski, al que rápidamente echó el ojo Pesic, lideró a un equipo reacio a doblar la rodilla y que llevó los nervios a un Palau Blaugrana repleto con un arreón que apretó el marcador en los últimos minutos. El miedo a otro fiasco europeo era patente en la grada, ya eran demasiadas decepciones en la máxima competición europea como para recibir un golpe semejante. Sin embargo, un triple de Rodrigo de la Fuente desde la esquina en el último minuto liberó a sus aficionados de tanto temor. Tres puntos que supusieron una liberación y certificaron ul triunfo (79-75) que valía un billete en la Final Four. Su Final Four.

Bulleri celebra el pase a la finalFuente: eurohoops.net

El cartel en el Palau Sant Jordi fue un anuncio del porvenir que esperaba al baloncesto europeo durante los años posteriores. Los protagonistas habían cambiado y algunos llegaron para quedarse largo tiempo, incluso para perdurar en la actualidad. CSKA Moscú empezaba a implantar su política de grandes plantillas construidas a golpe de talonario en las que el bloque ruso menguaba y perdía protagonismo en favor de figuras extranjeras. Dusan Ivkovic tenía a su disposición una nómina poderosa de jugadores, en la que la pareja de americanos imponía el terror sobre las canchas. Holden pasaba por uno de los mejores bases de la competición y Victor Alexander aportaba un gran poderío físico en la pintura. Las puertas estaban abiertas también para el talento europeo. Songaila atesoraba físico y muñeca para ser considerado uno de los mejores proyectos de alero moderno, lo que corroboraría su amplia trayectoria futura en la NBA. Por esos años, la presencia de dos jugadores griegos en un equipo ruso sonaba a toque exótico por aquel entonces. Chatzivrettas fue un tirador solvente que se labró una carrera deportiva apañada. El otro jugador heleno era un base de dos metros, aún con un rol secundario dentro del equipo. Respondía al nombre de Theo Papaloukas, del que no se sospechaba que su clarividencia en la pista le convertiría en el base de referencia en Europa durante toda una década. Tanto los veteranos (Panov, los hermanos Pashutin) como los jóvenes que empezaban a despuntar (Khryapa, Monya, Savrasenko) del bloque ruso estaban al servicio del talento foráneo. Para algunos especialistas, tan favorito como el Barça para lograr la Euroliga. Los otros dos integrantes escenificaban el relevo en el poder del baloncesto italiano que estaba por llegar. Un clásico del baloncesto continental, la Benneton Treviso de Ettore Messina, y el equipo emergente, Montepaschi Siena, que estaba ya presto a ocupar su lugar en Italia y el resto del continente. Los siguientes diez años en el país transalpino vivirían la tiranía del nuevo dominador.

Jasikevicius salta en el banquillo en semifinales de Euroliga 2003Fuente: gigantes.com

El partido entre Barça y CSKA se presentaba como una final anticipada. Con un Palau Sant Jordi a rebosar, predominantemente de color azulgrana, llegaba la ocasión de asaltar el trono europeo para los hombres de Pesic. Era la gran ocasión y no podía fallar la afición culé, preparada para llevar en volandas al Barça, en busca de romper su techo histórico. Sin embargo, CSKA no tardó en confirmar que era un aspirante tan capacitado como el Barça. La intensidad defensiva del equipo moscovita pilló por sorpresa a los jugadores azulgranas, demasiado fríos en los primeros minutos pese al enfervorizado ambiente a su favor. Holden fue un tormento todo el primer cuarto, no hubo manera de frenarle. De la mano de su base, CSKA manejó diferencias que llegaron a los diez puntos en el primer periodo, pero el Barça encontró su salvavidas en el tiro libre. La mezcla de excesiva agresividad atrás de CSKA y el clásico arbitraje casero del baloncesto europeo permitieron a los jugadores azulgranas visitar con frecuencia el tiro libre. 37-17 sería el balance de este apartado al final del partido. Un dato que levantó ampollas entre algunos periodistas; entre ellos, Paco García Caridad. El Barça había entrado en el partido, sólo le falta entregarse un punto más en defensa. Pesic provocó una técnica en busca de lograr un mayor esfuerzo de sus jugadores y bien que lo consiguió, puesto que un fantástico final de segundo cuarto le permitió al Barça marcharse siete puntos arriba al descanso. Una tónica que conservó durante buena parte del tercer cuarto, mientras tuvo bien sujeto a Holden, pero CSKA lució una fortaleza mental que le mantuvo vivo. Apretó fuerte en defensa, aunque pagara el peaje de seguir cargándose de personales. Songaila actuaba de verso suelto, difícil de detectar para la defensa azulgrana, y Holden seguía dejando gotas de talento para estrechar el marcador. El Barça necesitaba lo mejor de sus hombres más determinantes en los últimos diez minutos. No defraudaron. Fucka comenzó incontenible el último cuarto para volver a abrir brecha. Bodiroga tomó las riendas para mantener las distancias, aunque CSKA no dio su brazo a torcer y sumó de tres en tres para seguir con vida hasta el último minuto. No llegó la sentencia hasta que un robo de balón de Navarro en los últimos segundos resultó definitivo. Un jugador poco dotado para el trabajo defensivo decidía el partido con una acción defensiva. Ironías del destino. 74-79 que clasificaba al Barça para su sexta final de Euroliga. Había superado el obstáculo más duro, pero aún quedaba uno más para alcanzar la gloria.

bodiroga levanta los brazosFuente: javierbrizuela.com

La Benneton era el último rival que separaba al Barça del trono europeo. Estaba entrenado por Messina, que llegó a Treviso huyendo de la ruina que acompañó a la caída en desgracia de la Virtus Bolonia. No alcanzaba el potencial de su anterior equipo, pero le sobraban argumentos para formar un bloque muy competitivo, ensalzados por un quinteto inicial de garantías. Una pareja de americanos de lujo, formada por Tyus Edney, el máximo responsable del sorprendente triunfo de Zalgiris en la Euroliga de 1999, y Trajan Langdon, un anotador mortífero. Juego interior solvente y complementario, formado por un Marconato que no estaba sobrado de técnica, pero sí de fuerza y actitud defensiva, y Jorge Garbajosa, que había eclosionado a las órdenes de Messina. El jugador español pasó de un rol secundario en Vitoria a un ejemplo de ala-pivot moderno, un jugador exterior más con mucha menor presencia en la zona. La veteranía de Pittis completaba un cinco inicial experto que compensaba trabajo con talento. En el banquillo, Bulleri, que hizo la temporada de su vida, Nicola o Markoishvili ofrecían minutos de calidad en cada descanso de los titulares habituales. Menor profundidad que CSKA, pero con sobrado carácter competitivo. Lo demostró en el primer cuarto. Edney recordó el recital desplegado en la Final Four que disputó con Zalgiris cuatro años antes.y fue el protagonista absoluto en los primeros diez minutos, aprovechando los nervios que atenazaban a los jugadores del Barça. Sólo Fucka estuvo por encima de la presión y responsabilidad para mantener a flote al equipo azulgrana e impedir que la Benneton tomara distancia. Los nervios se disiparon cuando la defensa alcanzó la agresividad necesaria y Bodiroga tomó cartas en el asunto para convertirse en el amo del encuentro, dominando cada faceta como sólo sabía hacer el jugador serbio con cada destello de la gran estrella europea que era. La Benneton pasó por enormes miserias en ataque, sobrepasado por la defensa rival y superado por completo en el rebote. No conseguía anotar ni desde el tiro libre. Cinco puntos en ocho minutos que le hundían lentamente en un Palau Sant Jordi en plena euforia (42-30, min 18). No encontró alivio hasta que Bulleri, decisivo para eliminar a Montepaschi Siena en semifinales, ejerció de salvavidas en un tercer cuarto lleno de nervios. El Barça comenzó mal la segunda mitad, demasiado tenso, y el conjunto de Treviso se subió a las barbas de los azulgranas. Los tiros libres, apartado en el que el Barça se impuso con claridad (40-21), fueron la solución para mantenerse por delante, pero los anfitriones necesitaban asestar un golpe en la mesa. Llegó con dos triples de Navarro y Jasikevicius, fundamentales para abrir la brecha deseada en el último cuarto. El trabajo de Femerling bajo tableros resultó fundamental en los minutos decisivos. Abrumado en el juego interior, la Benneton acabó inmolándose con una sucesión de triples sin sentido. La fiesta ya estaba organizada, el último minuto se convirtió en una dulce celebración. 76-65 final que hacía realidad el sueño. El Barça alcanzaba al fin el trono europeo, el gran objetivo para el que se construyó tan poderosa plantilla. “Ja la tenim”, como gritó a los cuatro vientos Rodrigo de la Fuente en la plaza de Sant Jaume con el adorado trofeo en las manos. El sueño de todos los culés se había hecho realidad.

Se consuma un desastre anunciado.

Mientras el Barça alcanzaba la gloria continental en el Palau Sant Jordi, su eterno rival continuaba penando en su particular pesadilla. Una nueva racha de derrotas sangrantes en marzo ponían incluso en entredicho su puesto entre los ocho primeros. La humillación en casa ante Estudiantes (59-84) desencadenó en las gradas otra sonora bronca. No se truncó la nefasta racha hasta un sufrido triunfo en la prórroga ante Forum Valladolid. Al equipo le faltaba calidad y conjunción, producto de una plantilla deshilachada en la que varios jugadores resultaban poco fiables en cuanto a su compromiso. Lolo Sainz trató de asegurar la posición del entrenador sosteniendo que Imbroda continuaría la próxima temporada pasara lo que pasara. Pura fachada de cara a los jugadores, ya que el técnico no gozaba de crédito alguno. Lo curioso es que a domicilio compitió a buen nivel con los primeros clasificados. Se le escapó en Valencia en el último segundo un partido que tuvo en las manos, debido a una una canasta de Luengo desde cinco metros (77-76). La siguiente jornada, en el Martín Carpena, estuvo dentro del partido hasta los últimos instantes, pero Unicaja también le hizo morder el polvo (85-80). Si se lo proponía, el Real Madrid podía competir con cualquiera, pero también podía caer ante cualquier rival por humilde que fuera. Sin embargo, tuvo golpes de fortuna que le mantuvieron en puestos de playoffs. Remontó 18 puntos a Joventut en la segunda mitad para convertir la enésima bronca al descanso en un suspiro de alivio. Un triple de Herreros en el último segundo valió un triunfo en Manresa ante un rival que no supo el cerrar el partido. Pese a todo, el equipo blanco iba camino de salvar los muebles y un par de victorias más le bastarían para asegurar su plaza en los playoffs. Desperdició una buena oportunidad de conseguir la primera en casa ante Girona (76-78), donde le faltó cuajo para moverse en un final de encuentro tenso e igualado. Otra voló en un escenario insospechado, en Barcelona. Durante muchos momentos, dominó con claridad al mismísimo Barça en el Palau Blaugrana, pero un arbitraje polémico, con dos técnicas inoportunas consecutivas, cambió el partido en el tercer cuarto. Pese a todo, el Madrid no se hundió con el golpe y logró forzar la prórroga, resuelta de forma absurda. Alston, que firmó uno de sus mejores partidos como madridista, se conformó en el tiempo extra con un tiro de dos final que no servía de nada en vez de buscar un triple como fuera (92-91). La ansiada victoria acabaría llegando contra Fuenlabrada en casa (82-75) y sólo una más certificaba entrar en los playoffs. En la prensa ya se desvelaban planes para la fase final liguera. Se hablaba de posibles refuerzos y se daba por hecha la vuelta de Lampe, fogueado en su exitosa cesión al Complutense en Liga LEB y que apuntaba a un puesto alto en el próximo draft. Pero había que cerrar la clasificación, claro está.

Real Madrid fuera de playoffsFuente: elpais.com

La gran oportunidad se presentaba en el Raimundo Saporta contra Gran Canaria, equipo revelación y que ya tenía asegurada la quinta plaza. Todo marchaba sobre ruedas en la segunda parte. Herreros, que se convirtió en el máximo anotador histórico, y Alston labraban una ventaja corta, pero valiosa en un choque muy igualado. La pelea de Alfonso Reyes bajo el aro proporcionaba una ventaja cercana a los diez puntos entrados en el último cuarto. Sin embargo, los triples de Larrañaga, que actuaría de temporero en el equipo blanco dos años después, en los minutos finales acabaron desestabilizando a un Madrid tocado anímicamente y que no supo gestionar el final del partido. El grotesco intento de Victoriano de sacar tres tiros libres en la última jugada fue un ejemplo de impotencia y ansiedad. El Madrid caía 72-75 y se jugaba todo a una carta en Lleida. “¡Cómo van a sonar los grillos!”, avisaba Sixto Miguel Serrano a la finalización del encuentro. Efectivamente, Barris Nord era una pista pequeña y ruidosa que se podía asemejar a una jaula de grillos. Lleida no se jugaba nada, pero es innegable que a sus seguidores les motivaba mucho hacerle la pascua al Real Madrid. La presión se tragó al equipo blanco, hundido en un segundo cuarto infame que destapó todas sus miserias. El griterío que generó el triple desde el medio campo que anotó Roger Grimau antes del descanso sonó a réquiem por el conjunto blanco. No hubo capacidad de reacción alguna, entre caras de indiferencia y desolación a partes iguales en el banquillo. La segunda mitad fue una triste agonía, la crónica de una muerte anunciada. 85-69, que unido a las victorias de Joventut y Lucentum Alicante, hundía al Real Madrid en la décima posición. Por primera vez, el equipo blanco quedaba fuera los playoffs y, por añadidura, de competiciones europeas. Un ridículo histórico que produjo un absoluto bochorno entre el madridismo; su equipo caía al punto más bajo conocido. Como era de esperar, la cabeza de Javier Imbroda cayó de inmediato. El técnico cesado, en la posterior rueda de prensa, no estuvo dispuesto a cargar con toda la responsabilidad del desastre. “Por el Real Madrid han pasado diez entrenadores en los últimos trece años. Se equivocan desde el club si piensan que el problema está en el banquillo.”, afirmó en la rueda de prensa de su despedida. Efectivamente, los problemas que han llevado a la mayor decadencia conocida al Real Madrid eran mucho más profundos. La reconstrucción se presentaba ardua y dura.

La guinda del pastel.

Con el Real Madrid fuera de los ocho primeros, alejado de la élite del baloncesto español, la atención recaía en el asalto azulgrana al título que le permitiría celebrar el ansiado triplete como prueba final e irrefutable de su dominio. No tuvo problemas en apear por la vía rápida, en tres partidos, a Lucentum Alicante. Con la misma comodidad se deshicieron Pamesa Valencia y Estudiantes de Joventut y Gran Canaria, respectivamente. Toda la emoción quedó reservada para la eliminatoria entre Unicaja y Tau Cerámica. Nadie falló en casa y todo se resolvió en un duro quinto partido en el Martín Carpena. Fuertes defensas y tensión máxima que no alargaron el desenlace hasta el último suspiro, en el que un contraataque finalizado por Bullock a cuatro segundos del final dejó en nada el recital interior de Scola y le birló de las manos un triunfo casi asegurado a Tau Cerámica (62-61). El Barça se las vería en semifinales con Estudiantes, el nuevo dominador del baloncesto de la capital. Los del Ramiro dieron mucha guerra en los dos primeros partidos disputados en el Palau Blaugrana, pese a no contar con Felipe Reyes en el primer duelo, y sólo cedieron en el último momento en ambos duelos. De nuevo, la polémica acompañó a los azulgranas en un triunfo ajustado. Los jugadores colegiales no se cortaron en rajar ante la prensa tras finalizar el segundo partido, molestos por un arbitraje que consideraron muy perjudicial en el último partido. “Parece que todo lo ganamos por los árbitros”, comentó, resignado, Jasikevicius en la rueda de prensa previa al tercer encuentro, el que podía poner punto y final a la eliminatoria. Sin embargo, el Barça tendría que esperar unos días para echar el cierre a la serie. Estudiantes se dio el gustazo de noquear al flamante campeón de Europa (85-67) en el primer choque disputado en Vistalegre, con una exhibición anotadora de Loncar. La eliminatoria seguía viva, pero el traspiés sólo sirvió para espolear al Barça de cara al siguiente partido. No concedió ni una sola esperanza a Estudiantes dos días después. Todas las figuras azulgranas lucieron a gran nivel para devolver con creces la afrenta sufrida en el tercer partido (76-99) y certificar el pase a la final por todo lo alto. Así las gastaban los hombres de Pesic en su camino al éxito total.

LIGA PLAY OFFFuente: lasprovincias.es

El Barça se dispuso a esperar con tranquilidad el desenlace de la otra semifinal. Pamesa Valencia tuvo que sudar de lo lindo su clasificación ante un correoso Unicaja que fue capaz de llevar la eliminatoria al quinto partido. Un parcial de 13-0 en el segundo cuarto, la superioridad reboteadora de Pamesa y la brillantez en ataque de secundarios como Luengo o Liadelis permitieron al conjunto de Paco Olmos lograr el triunfo en el duelo definitivo (80-67) y alcanzar su primera final en la Liga ACB. Era el enfrentamiento esperado por el título, con los dos equipos más fuertes de la temporada, pero Pamesa Valencia, que había logrado la recién creada Copa ULEB y se aseguró una plaza en la Euroliga, daba una sensación de cansancio que no suponía la mejor señal ante un rival tan armado y poderoso. El primer partido disputado en el Palau Blaugrana, resuelto por una canasta ganadora de Jasikevicius en el último segundo, marcaría la final (76-74). A partir de entonces, al equipo valenciano se le haría muy cuesta arriba mantener el tipo. Aguantó tres cuartos en el segundo encuentro, incluso comenzó el último periodo con una ventaja de seis puntos, pero cuando el Barça subió al extremo el nivel físico en los últimos diez minutos fue incapaz de aguantar el ritmo. El juego no era brillante ni virtuoso, pero ni falta que hacía. Bastó con Femerling, un coloso inabordable en la zona para Oberto y Tomasevic, desbordados por la fortaleza del pivot alemán. El segundo triunfo (80-72) era un sinónimo de título, nadie había logrado remontar un 2-0 en una final. La duda radicaba en cuánto podía alargar la serie Pamesa Valencia, si sería empujado por su afición en la Fonteta para devolver la serie a Barcelona. Nada de eso, sólo se escribiría un capítulo más de la final. El tercer y definitivo choque fue una prueba de impotencia de Pamesa Valencia, sin físico ni capacidad para abortar los envites del ilimitado arsenal con el que contaba Pesic. Al Barça le bastó con la primera mitad para dejar el choque prácticamente decidido. Sólo tuvo que enfriar el partido y responder a cada intento de reacción para gestionar los dos últimos cuartos con comodidad. El 74-82 final puso el broche de oro a una temporada perfecta.

El Barça había completado la campaña más exitosa de su historia, superando el triplete de la temporada 1986-87 (Liga, Copa y Copa Korac). El momento más álgido de la superioridad azulgrana merecía una celebración por todo lo alto. En el Palau Blaugrana se vivió una fiesta sonada al regreso del equipo, con los tres títulos como gran foco de atención y Navarro deleitando a los aficionados con su imitación del inefable Pocholo, muy popular por entonces debido a su histriónica participación en el reality Hotel Glam. El cierre a la primera etapa del baloncesto codificado en España. Al final de la temporada, Canal+ decidió no renovar el contrato televisivo tras comprobar que la inversión no reportaba la rentabilidad esperada. El baloncesto español desapareció de las pantallas hasta que TVE se hizo con los derechos, a precio de saldo, cuando habían transcurrido dos meses de competición de la temporada 2003-04. Una primera experiencia de pago que se repite en la actual. Sólo los partidos de la selección española se pueden disfrutar en abierto en unos tiempos en los que hay que pasar por caja para seguir el baloncesto por televisión.

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