PORTADA Y CONTRAPORTADA. ECHO AND THE BUNNYMEN/THE TRIFFIDS

 

               PORTADA Y CONTRAPORTADA

ECHO AND THE BUNNYMEN/  THE TRIFFIDS

 

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U2 hace música para albañiles y fontaneros,  nosotros somos una banda de océanos y montañas.                                                                                                                                                                                                        Ian McCulloch

Portada.

A comienzos de la década de 1.980 se extendió por los clubes de Londres una nueva moda, pronto denominada por la prensa Nuevos románticos. Sus integrantes coincidían en la obsesión por la vestimenta, cuanto más estrafalaria mejor, sus gustos elitistas, una común admiración por la época dorada del Glam (Marc Bolan, David Bowie), y una predilección enfermiza por todas las novedades aptas para la pista de baile,  techno,  funk…. Grupos como Spandau Ballet, Visage, Ultravox, Depeche Mode, fueron adscritos a esa nueva corriente postpunk. ¿Nuevo Romanticismo? En realidad toda la música pop desde sus inicios allá por 1.955 está impregnada de aliento romántico: su espíritu juvenil, la rebeldía, el inconformismo, la ruptura generacional, el descaro hacia lo establecido…todo eso estaba ya presente en el nacimiento del rock and roll, incluso el lado oscuro del romanticismo: la soledad, el desarraigo del artista, la incomprensión hacia su obra, en fin, los amores desgraciados.

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Resulta chocante que a comienzos de 1980 se hablara de nuevos románticos para referirse a unos chicos que estaban quizás más cerca de Beau Brummell que de Shelley o Keats, cuando el Reino Unido había alumbrado al grupo más decididamente romántico, con toda su intensidad desgarradora y angustia existencial. Me refiero, claro está, a Joy Division. A la estela del grupo de Manchester surgieron numerosos grupos por todo el país, A Certain Ratio en Manchester, Sister of Mercy en Leeds, The Cure en el extrarradio de Londres….no eran meros imitadores del grupo de Ian Curtis (algo imposible) pero recogían alguna de sus propuestas. Uno de esos grupos fue Echo and the Bunnymen, formado en Liverpool en 1.979 alrededor de Ian McCulloch, cantante, letrista y estrella principal de la banda. Las referencias  estaban claras, The Doors y Joy Division; por su estilo, parecido al de otros grupos que despuntaban entonces (U2, Simple Minds) se les asoció a un cierto rock épico que McCulloch detestaba, ellos querían ser profundos y emotivos. Sustentados en una potente base rítmica – el bajo de Les Pattinson y la batería de Pete de Freitas-, un guitarrista, Will Sergeant, fanático de los sonidos de la psicodelia y un cantante, el propio McCulloch, de voz profunda que desgranaba unas letras que oscilaban entre un romanticismo exacerbado y una visión tan naif como críptica que encajaba bien en su música (“atrapé una estrella fugaz y me destrozé las manos” cantaba en su primer disco). Su directo no acababa de funcionar, sonaban bien pero eran algo sosos, sin embargo, el primer disco que publicaron, Crocodiles (1.980) tuvo una buena acogida a pesar de que dividían a la crítica, que no decidía si eran profundos o pueriles. Su segundo disco,Heaven up there (1.981) seguía el camino abierto por el anterior, mejorándolo, y entró en el top ten británico. El sonido se robustecía, se abrían a melodías reconocibles y McCulloch seguía con sus letras crípticas (“Algo va a cambiar/……..no hay señales de lluvia/pero prometiste que algo va a cambiar”). Ya eran un grupo consolidado y en los países del Norte de Europa enloquecían con ellos, como bien recuerda el escritor noruego Karl Ove Knausgard en su autobiografía Mi Lucha: “El ideal de lo nuevo era Ian McCulloch: cabellos largos, chaquetas militares, zapatillas de tenis, gafas negras de sol”.

Instalados en la cúspide de la música británica, decidieron dar un giro a su estilo con un nuevo disco, pero por desgracia estaban en plena sequía compositiva y el resultado, monótono y predecible, obligó a su manager -Bill Drummond-  a encerrarlos en el estudio para que elaboraran al menos un single decente. “The cutter”, el sencillo grabado a última hora, fue lo mejor de un decepcionante Porcupine (1.993), pero habían aprendido la lección.

 

Y así llegamos a su obra cumbre, Ocean Rain (1.984), disco que fue precedido por el mejor single que grabarían nunca, “The Killing moon”, potente canción con un conseguido toque atmosférico (“En noches estrelladas te vi/ me besaste tan cruelmente”). Lanzado para convertirse en un clásico, rodeado de ditirambos de los propios componentes del grupo y su manager (“Echo representan el frío y la oscuridad”), los críticos no fueron tan unánimes como se preveía y arremetieron en buena medida contra unas letras ingenuas (cantar”yo soy el yo-yo man, siempre arriba y abajo” no ayudaba ciertamente). Visto hoy en día parece injusto, el grupo había rebajado algo sus complejidades sonoras y el disco sonaba más limpio y relajado, se abrían además a influencias orientales introducidas por Sergeant y los arreglos orquestales eran ajustados e impactantes. Quizás las expectativas después de un sencillo del calibre de  “The Killing moon” eran demasiado altas, pero canciones como “Seven seas” o “Silver” se mantienen por sí solas.

Tres años tardaron en sacar un nuevo disco (Echo and the Bunnymen, 1987) pero su tiempo  ya había pasado. McCulloch se despidió un año después y De Freitas se mataba en un accidente de moto en la isla de Man en 1.989. Tras un par de discos sin historia en solitario el hijo pródigo regresó, pero Echo and The Bunnymen evocaban una época que se antojaba casi remota. Todavía McCulloch y Sergeant mantienen viva la llama de la banda pero uno tiene la impresión que lo mejor de Echo and The Bunnymen hoy sería una buena antología de canciones de sus cuatro primeros discos.

Contraportada.

El rock plantea a veces enigmas sin explicación. En los años en que Ian McCulloch era una estrella indiscutible en Gran Bretaña (a la altura de  Bono de U2 o Jim Kerr de Simple Minds), David McComb, cantante y líder de The Triffids era apenas conocido por un selecto grupo de seguidores. Y eso que lo tenía todo para triunfar:  atractivo, con una voz grave y eficaz, poseía talento, componía excelentes canciones y le envolvía un cierto aura de poeta romántico ¿cuál era el problema entonces? Pues no lo sé, pero siempre he sospechado que McComb y su grupo eran demasiado australianos.

No descubro ningún Mediterráneo al escribir que Australia es un enorme país, alejado de casi todo y que Australia Occidental, desmesurado estado al oeste del país, está, si cabe, más aislado aún, incluso de la propia Australia. Sidney y Melbourne, las dos metrópolis principales  quedan a 4.000 kilómetros de distancia (como Madrid de Moscú) de Perth, la capital del casi despoblado territorio. Difícil, por tanto, destacar en una escena musical, por otro lado pujante, cuando la geografía es un obstáculo considerable. Pero fue en Perth (origen también de algunos miembros de AC/DC) en donde surgió una banda como The Triffids.

The Triffids era el grupo de David McComb (compositor, cantante y guitarrista) acompañado de su hermano Robert, Martin Casey y Alan McDonald. A lo largo de su carrera, iniciada en 1.978, se incorporarán varios miembros más al tiempo que otros dejaban el grupo. Hasta 1.982 se van haciendo un nombre y actúan por  toda Australia, Finalmente, en 1.983 consiguen grabar su primer disco largo, Treelesss Plain, y un EP (1.984) que llaman la atención de  la prensa australiana. Hacen una música influenciada por el postpunk británico pero además recogen influencias folk y country. Sus canciones hablan ya entonces del aislamiento australiano y de las dificultades de la vida en un medio rural. Consiguen prestigio pero cansados del continuo trasiego  entre Sidney y Melbourne deciden probar suerte en Gran Bretaña. Total, puestos a trasladarse miles de kilómetros continuamente merece la pena hacer un viaje más largo y además el sello Rough Trade  está interesado en ellos. Son bien recibidos, editan otro EP y actúan en numerosos sitios. La voz y la presencia de McComb inducen a la discográfica a pensar que pueden ser un  buen recambio de Echo and The Bunnymen, que están en pleno parón creativo, por lo que se encarga  a Gil Norton, productor del grupo de Liverpool que trabaje para ellos en un LP. El disco, Born Sandy Devotional, se graba en 1.986, pero The Triffids dejan claro desde la portada (nada de paisajes helados ni bosques tenebrosos, una playa cerca de Perth, nada más australiano) que su música va por otro lado. Los textos autobiográficos de McComb y el marco en el que se desarrollan las canciones es típicamente aussie (letras como “crucé con mi coche las llanuras persiguiéndote a ti y a él” del excelente single “Wide open road” no parecen precisamente compuestas pensando en la campiña inglesa). Por si esto fuera poco, en plena preparación de la campaña de promoción, el grupo resuelve regresar a Australia, se encierra en una granja de los padres de los McComb y graban de manera artesanal un disco, In the pines, con descartes de Born Sandy  Devotional y canciones inéditas. Salvando las distancias es su peculiar The Basement Tapes dylaniano, con temas de claro estilo folkrock.

Regresan a Gran Bretaña, donde  Born… ha recibido muy buenas críticas y ventas aceptables y consiguen un contrato importante con Island para un nuevo disco, pero el grupo sigue empeñado en viajar a Australia con frecuencia y la grabación se alarga.  El nuevo álbum, Calenture, no estará hasta finales de 1.987, pero la espera habrá merecido la pena. Calenture es un disco magnífico, más pop, si se quiere, que los anteriores pero repleto de espléndidas canciones que hablan de desarraigo, tristeza o  desengaños amorosos.Desde el primer single, el sensacional e intenso”Bury me deep in love” a canciones como “A Trick of light” o “Save what you can” están desarrolladas con un sonido compacto en el que la voz profunda de McComb resalta con fuerza.

Calenture obtiene un éxito moderado y buenas críticas pero el grupo insiste en  regresar a su país. No lo harán hasta editar, por motivos contractuales, un nuevo trabajo, en 1.989, The Black Swan, algo más irregular. La vuelta a Australia se convertirá finalmente en una desbandada, el grupo se disgrega, David McComb inicia su carrera en solitario y Mark Casey se integra en los Bad Seds de Nick Cave. La carrera en solitario de McComb será algo decepcionante, perjudicada por sus problemas de salud (el corazón), agravados por sus adicciones al alcohol y las anfetaminas. En 1.999, pocos años después de un trasplante, sufre un accidente de coche del que no se recupera y fallece a los 37 años.

Hoy, The Triffids es un grupo injustamente poco recordado en Europa pero en su país siguen siendo considerados una referencia de culto. Sus discos se reeditan regularmente, en 2.007 fueron incluidos en el Salón de la fama de la música australiana, libros y documentales los recuerdan y en 2.010 Born Sandy Devotional alcanzó un honroso 5º puesto en una lista sobre los mejores discos australianos de la Historia, aunque yo prefiero – cuestión de gustos- Calenture. Ya lo decía al comienzo, quizás eran demasiado australianos.

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2 Comments on "PORTADA Y CONTRAPORTADA. ECHO AND THE BUNNYMEN/THE TRIFFIDS"

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nita
5 days 10 hours ago

¡Luces y sombras, $Echo

nita
5 days 9 hours ago

Vaya, pues lo he borrado, con lo editar y guardar me hago un lío. Solo comentaba que estaba hace un rato escuchando “Over the Wall” muy poderosa, que está en su segundo disco. Sigue la oscura y maravillosa senda de Joy Division, igual que la enigmática “luna asesina”. https://www.youtube.com/watch?v=ozO_UDKK1Vw Echo & The Bunnymen – Over The Wall Condensan lo mejor en los primeros discos, aunque he escuchado algún tema como “Nothing Lasts Forever” de su vuelta, Evergreen (1997) uno que posiblemente les habría gustado componer a los de Oasis o el mismo Richard Ashcroft. Del grupo australiano, me he detenido… Read more »

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