LOS MEJORES DE 2016: Fútbol. Golpes de fortuna

Portugal campeona Eurocopa 2016

En ocasiones la suerte influye de una forma determinante en el fútbol. Como en todo en la vida, es necesario una dosis de fortuna para llevar a buen puerto todos nuestros planes y proyectos. Sin embargo este 2016 será recordado en el fútbol mundial para una extraordinaria serie de golpes de fortuna que han influido seriamente en el devenir de los grandes títulos de la temporada. A veces la suerte influye decisivamente en la consecución de un gran triunfo pero este año resultó determinante en los momentos más importantes y trascendentales. Sin aludir a ella no es fácil explicar tantos hechos en 2016.

Como cada año par, el mes de junio traía uno de los grandes acontecimientos de selecciones. En 2016 era el turno para la Eurocopa de Francia. Más allá de un éxito organizativo la preocupación estaba en la seguridad. Los trágicos atentados terroristas en París y otras capitales europeas multiplicaron el celo por evitar una acción similar en pleno torneo. No hubo ni rastro de terrorismo pero sí asistimos a vergonzosas imágenes cada día de violencia de hooligans por las calles francesas que nos hicieron viajar a los años 80 y 90, cuando esta panda de indeseables campaba a sus anchas alrededor del fútbol. Este repunte inesperado de la violencia ultra fue el triste protagonista de la primera fase que contó como novedad con 24 equipos en una Eurocopa. Una idea de la UEFA que equiparaba la duración del torneo a la del Mundial e incluía a equipos considerados por muchos como simple relleno.

Selección española Eurocopa 2016

Fuente: sefutbol.com

España acudía a la Eurocopa en plena reconstrucción tras su desastroso papel en el Mundial de Brasil. Vicente del Bosque estaba en el banquillo en la que sería su ultima competición como seleccionador, fuera cual fuera el resultado en tierras francesas. España se había clasificado con solvencia pero sin enamorar con su juego como ocurriera en su aún reciente época de gloria, lo que provocó un cierto estado de escepticismo entre los aficionados españoles. No era sencillo sustituir a leyendas del fútbol nacional como Xavi, Villa, Xabi Alonso o Fernando Torres. Unos dejaron la selección. A otros la edad les alejó de ella. Tarea complicada era relevar a la generación más exitosa que ha dado el fútbol español y no pocos eran quienes desconfiaban que pudiera ser Del Bosque el técnico capacitado para completar el cambio generacional. El relevo quedó a medio camino. Aparecieron algunos nombres diferentes (Morata, Aduriz, Nolito, Thiago, Bartra, Bellerín, Bruno, Lucas Vázquez, San José, Sergio Rico) aunque muchos de ellos no pasarían del papel de figurantes en la Eurocopa. La realidad es que aún aparecían jugadores alejados de su mejor nivel y cuya presencia se debía más a los servicios prestados en el pasado. Por contra, Diego Costa quedó fuera de la lista final debido a sus problemas de conducta en el terreno de juego con el Chelsea y su falta de acoplamiento a un estilo de juego irrenunciable pese a que el modo estricto de entender el fútbol de elaboración y toque estaba en claro retroceso. El gran cambio digno de mención fue el relevo definitivo en la portería. Ya era firme la apuesta por De Gea que relegaba al banquillo a Casillas. La preparación estuvo condicionada por la presencia de muchos de los jugadores en las finales de Copa del Rey y Champions League por lo que Del Bosque echó mano de nombres que no estarían en la lista definitiva en los amistosos contra Bosnia y Corea del Sur. Con todo el plantel disponible llegó una sorprendente y humillante derrota ante la modesta Georgia en Getafe que disparó el pesimismo sobre las posibilidades de la selección española en la Eurocopa. No era una buena tarjeta de presentación acudir a tierras francesas tras un varapalo similar cuando había tantas dudas por despejar.

Gol de Nolito a Turquía

Fuente: lasvocesdelpueblo.com

España disputaba la primera fase en el grupo D junto a República Checa, Turquía y Croacia. Uno de los grupos más incómodos pero como incluso el tercer clasificado podía entrar en octavos de final el peligro de hecatombe era muy reducido. El debut se produjo ante los checos, una selección que vivió días mucho mejores. Su estrella era el incombustible Petr Cech, con todo lo que conlleva que el jugador más destacado sea el portero. No dudó la selección checa en esperar atrás, atrincherada. Como suele ser costumbre, España dominó la posesión y llevó la iniciativa. El juego no fue malo ni mucho menos. Se movía bien el balón y las ocasiones no fueron pocas pero Cech resultaba un muro infranqueable, una frustración continua. Mantuvo vivo con sus paradas a un equipo que esperaba su momento pero que sólo exigió a De Gea en un par de ocasiones. Los minutos pasaban y crecía la amenaza de un 0-0 que ni premiaba el juego de los hombres de Del Bosque ni resultaba en nada positivo. Hasta que en el minuto 83 un centro de Iniesta era rematado inapelablemente por Piqué para anotar el 1-0. La salvación llegaba de un jugador señalado por parte de la afición por motivos extradeportivos. Un gol para la redención. De Gea tuvo que sacar una mano salvadora en el descuento a un disparo desde fuera del área pero la victoria ya no escapó de manos españolas. Un justo triunfo acompañado de buen juego para aportar tranquilidad de cara al siguiente duelo ante Turquía, equipo con buenas individualides pero que dejó muchas dudas como bloque en su debut contra Croacia. España castigó todos sus defectos realizando el mejor juego desplegado desde el fatídico Mundial de Brasil. Bajo los mandos de un Iniesta estelar, España desarboló a un rival que atacaba desordenado y sin rigor defensivo. Extrañó que tardara en abrirse el marcador más de media hora pero cuando llegó el primer gol de Morata el equipo otomano se derrumbó completamente. Una jugada fabulosa, de alta escuela, la finalizó de forma impecable Nolito para anotar el 2-0 que tumbaba en la lona a un rival que se comportó como una auténtica banda. Incluso el marcador era muy escaso para la diferencia mostrada. Un excelente disparo de Morata al inicio de la segunda parte puso el definitivo 3-0 que permitió a España tomarse con tranquilidad el resto del partido. Turquía ofreció una imagen indigna de una Eurocopa y despertó las iras de sus aficionados que señalaron como blanco de sus protestas a un inoperante Arda Turan. La clasificación para octavos quedaba sellada pero lo más importante fue la sensación de optimismo que despertó la selección española tras dos partidos brillantes. Se elevaron las expectativas de conseguir algo importante, se señaló que nadie había realizado un fútbol como el de España en el torneo pese a enfrentarse a dos rivales muy inferiores. Una balsa de aceite que se quebró con unas inoportunas y sorprendente declaraciones de Pedro en las que se quejaba de su papel residual en esta Eurocopa. Un golpe inesperado que no sentó bien en las vísperas de la disputa del primer puesto contra Croacia.

Fuente: vivelohoy.com

El primer puesto tenía como premio un cuadro de eliminatorias muy amable, al menos hasta semifinales. Todas los rivales ilustres iban por el otro lado. Pese a ello el seleccionador croata cambió a gran parte de su equipo, incluido Modric. Del Bosque contó con el mismo once inicial que en los dos partidos anteriores. La confianza en los jugadores de banquillo era escasa. Todo parecía marchar a pedir de boca cuando Morata marcó un tempranero gol. España controlaba el partido y el triunfo parecía cosa hecha ante un rival que había reservado muchos efectivos. Pero esta sensación se esfumó a los 25 minutos. España fue perdiendo el control y la selección croata comenzó a imponer un ritmo más interesante para sus intereses. La defensa acumulaba errores en cadena por falta de intensidad y concentración. La tendencia no era nada positiva y llegar al descanso por delante supondría un alivio pero en el último minuto de la primera parte Perisic le hace un lío tremendo a Juanfran en la banda derecha y centra para que Kalinic sorprenda a De Gea con un remate que empataba el filo del descanso. Un gol que dejó muy tocada a la selección española, un espectro durante la segunda parte. La ausencia de rotaciones llevó al agotamiento a un equipo lento y muy espeso en la circulación de balón, sin presencia arriba para generar ocasiones. Pese a ello pudo adelantarse de nuevo tras un discutible penalti. Sergio Ramos lanzó mal la pena máxima, poco colocado y a media altura. Un caramelo que detuvo Subasic para aumentar los malos presagios aunque los croatas no aparecieran por los alrededores del área española. El empate ya se consideraba un triunfo para salir del paso, al menos los minutos pasaban deprisa. Pero la fatalidad esperaba en un contraataque en el minuto 87. Perisic, una pesadilla todo el partido, cruzó terreno rival como una exhalación y batió a De Gea por su propio palo. Un error del guardameta que suponía el 1-2, todo un castigo por lo que traía consigo. De un camino de rosas en las siguientes eliminatorias se pasaba a un delicado cruce contra Italia en octavos de final dentro una terrible parte del cuadro en donde se encontraban Francia, Alemania e Inglaterra. Todo el peso del mundo cayó sobre la moral de la afición española que no esperaba un descalabro ante una Croacia llena de suplentes.

De Gea salva cabezazo de Pellè

Fuente: diarioinformacion.com

Italia presentaba por nombres y calidad el equipo más flojo y mediocre en muchos años. Falta de talento como reflejo de un Calcio decadente y plagado de extranjeros en los onces iniciales de los equipos importantes. Sin embargo contaba como seleccionador con  Antonio Conte, un magnífico entrenador que había convertido un plantel falto de calidad en un bloque de granito bien armado bajo un 5-3-2 afianzado por la solidez de los centrales de la Juventus. Impartió una lección de vigor y poderío desde el primer instante a una selección española lenta y sin chispa. Le bastó un cuarto de hora para generar cuatro ocasiones claras de gol. Cada pérdida de balón se convertía en una salida en estampida que superaba el centro del campo español como si no existiera. Era un duelo entre un tren de alta velocidad y un mercancías. De Gea se multiplicó para mantener el 0-0 de forma inexplicable pero no podía salvar el tipo al resto del equipo eternamente. Superada la media hora, Chiellini aprovechó un barullo en el área en un córner para marcar el 0-1. Merecido premio y aún escaso. El descanso le supo a gloria a los hombres de Del Bosque. Pese al chaparrón recibido aún estaban vivos. Buscó la portería italiana con más ahínco en la segunda mitad, más por obligación que por dominio. Italia ya prestaba más atención al trabajo defensivo aunque aún enseñara los dientes a la contra. La solidez de los centrales desesperaba a un ataque con pocos recursos y que se quedó sin efectivos arriba. Sustituido Morata, Adúriz debió marcharse al banquillo lesionado tras un golpe. Del Bosque sólo había seleccionado a dos delanteros para la Eurocopa. El desprecio hacia los delanteros en los últimos años recibía su castigo. El falso 9 no hacía ni cosquillas a una defensa tan bien armada. Sólo quedaba espacio para la heroica, para la presencia de Piqué en posiciones adelantadas. Una épica para la que no estaba preparada la selección española desde la sofisticación y refinamiento de su estilo de juego. Una agonía a la que puso fin Pellè en el minuto 90 anotando el 0-2 al contraataque. Gol que ponía el punto y final a una etapa. Triste epílogo para Del Bosque. No se marcharía en silencio. Señaló a Casillas como creador de mal ambiente hacia los técnicos debido a una suplencia que no supo digerir. Alimentó las lenguas que no se cansaron de airear a los cuatro vientos la leyenda negra del guardameta. Abrupto cierre antes de pasar página hacia otra etapa con otro seleccionador. Julen Lopetegui fue el elegido para llevar a cabo el relevo real y definitivo en la selección española. Un técnico que no despertó entusiasmo entre la afición a su llegada pero cuyas decisiones y buenos resultados en un duro grupo de clasificación para el Mundial le han valido un voto de confianza de público y crítica.

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Fuente: laaficion.milenio.com

La Eurocopa continuaba entre cierto hastío y poca diversión. El aumento de equipos no trajo mayor calidad ni mucho menos. Abundaron los partidos de relleno y el juego mediocre y ramplón en un torneo de nivel de juego menor. Ni siquiera las tradicionales selecciones grandes entusiasmaban. Francia era un dechado de facultades físicas pero escaso de talento, aún menor tras el descarte de Benzema. Sacó adelante sus partidos en los últimos minutos, con Payet como invitado inesperado. Inglaterra carecía de protagonismo y competitividad dentro de una idea de juego desfasada. Alemania no era el equipo exuberante del Mundial pero mejoró cuando abandonó el falso 9 y colocó arriba a un punta tradicional como Mario Gómez. La figura del delantero vuelve a ganar protagonismo. Portugal era un equipo triste y abonado al empate. La efectividad de Cristiano Ronaldo en un descontrolado partido ante Hungría fue imprescindible para llegar a octavos de final. La falta de un dominador claro en el fútbol europeo preparaba el escenario para la irrupción de una alternativa en la sombra, un tapado. Pero los equipos emergentes no aparecieron. Croacia cayó en octavos en un partido abominable, sin disparos a puerta hasta el minuto 115. Ese tiro al poste fue el germen de una contra portuguesa que le bastó al equipo luso para clasificarse para cuartos de final. Bélgica, la gran candidata a sorprender, evidenció problemas de carácter y competitividad. Gales le apeó en cuartos derrochando vigor, poderío físico y velocidad. La revelación del torneo asimiló la más pura esencia de la Premier League mejor que la propia Inglaterra. Gareth Bale lideró a una eterna comparsa para llegar más lejos de lo que pudiera imaginar. A falta de fútbol de calidad la atención recayó en otros detalles, rayanos a lo anecdótico. En la era de los vídeos virales, Will Griggs on fire se convirtió en el tema de moda. La afición de Irlanda del Norte convirtió en celebridad a un delantero tosco y sin trascendencia. Islandia fue el equipo entrañable de la Eurocopa. Se ganó el cariño de todos con su entrega, ilusión, la comunión con sus aficionados reflejada en los cánticos que evocan al pasado vikingo. El 10% de su población estaba presente en las gradas de los estadios franceses. Su momento de gloria llegó al eliminar en octavos de final a Inglaterra, que acumulaba otro fracaso más en su extensa lista negra. Se convirtió en cierta manera en el equipo de todos. Incluso los aficionados galos despidieron a los nórdicos con honores y respeto tras el vapuleo dispensado en cuartos de final por Francia.

Patada de Payet a Cristiano Ronaldo

Fuente: t13.cl

Las semifinales reflejaron la ostensible diferencia de dificultad entre los dos lados del cuadro. La primera la disputó Portugal contra Gales, dos invitados inesperados que se encontraban ante la oportunidad de su vida. A la selección lusa le bastó con dos jugadas a balón parado al inicio de la segunda mitad para batir a una Gales que ya no daba más de sí. Portugal disputaría su segunda final de Eurocopa tras su frustrante experiencia en casa en 2004. La segunda era todo un clásico del fútbol europeo, Francia-Alemania. Los hombres de Deschamps habían ido en carroza hasta el momento, sin enfrentarse a un rival de tronío. Alemania llegaba tras apear por penaltis a la correosa Italia pero pagó el peaje de perder a Mario Gómez, su único delantero puro. Caro pagó la ausencia de una referencia en ataque. Dispuso de innumerables ocasiones pero acusó la falta de pegada. Thomas Muller vive una etapa aciaga en su relación con el gol. Probó la medicina que aplicó a la selección francesa en los años 80, a la generación más artística del país vecino. La efectividad de Griezmann fue impecable. Transformó el penalti por mano de Schweinsteiger en el descuento de la primera mitad y puso la puntilla a la contra a 20 minutos del final. A Francia se le abría el horizonte para lograr su tercera Eurocopa. Nunca había perdido una final en casa y era el indudable favorito ante Portugal. Más aún cuando una entrada de Payet dejó fuera de combate a Cristiano Ronaldo a los 20 minutos. Clattemburg ni señaló falta sobre el astro luso que no sería protagonista sobre el césped de uno de los partidos más importantes de su carrera. Fernando Santos optó por un planteamiento defensivo. Portugal no amenazaba pero no permitió que lo hiciera Francia. Seria, sólida, no dejó huecos que tampoco supo encontrar una selección francesa carente de imaginación. Tampoco Griezmann daba señales de vida. La final se convirtió en un encuentro plano que se podía resolver por un detalle. Gignac tuvo su oportunidad a pocos minutos del final. Su disparo se estrelló en el palo y la prórroga se convirtió en inevitable. El tiempo extra vivió un súbito cambio de guion. Portugal pasó a crear mucho peligro. Amenazó en la primera parte con un disparo al palo. En el minuto 109, Éder remata desde la frontal. Tiro ajustado al palo, inapelable, imposible de alcanzar para Lloris. El Stade de France quedaba patas arriba, mudo ante ese golpe. Francia no tuvo capacidad de reacción para el gol de Éder. Un delantero mediocre resuelve una Eurocopa discreta. No podía ser de otro modo. Portugal encontró la gloria de la misma manera que Grecia se la arrebató en 2004. Un mensaje inquietante cuanto menos. Cristiano Ronaldo se encontraba de bruces con su primer título de selecciones. Inesperado incluso para él. Alcanza el lustre que se le niega a su antagonista, Leo Messi, que amagó con la retirada de la selección argentina tras otro trago amargo en una final. La derrota por penaltis ante Chile en la especial Copa América del Centenario superó el límite de lo admisible de un mito cansado de cargar con la responsabilidad en cada fiasco argentino. Tiempos duros para los dos gigantes de Sudamérica, acosados por el aumento de competitividad de sus rivales más cercanos y por su propia decadencia.

Celebración de gol del Barça en Granada

Fuente: elvenezolanonews.com

El triunfo portugués en la Eurocopa fue uno de los sucesivos golpes de fortuna de la temporada. Ni el primero ni el último. El invierno resultó plácido para el Barça, líder destacado e indiscutible de la Liga española. No generaba el dominio ni preciosismo de la etapa más brillante de Pep Guardiola pero su tridente en la delantera resultaba demoledor para decidir partidos. Numerosos eran los rivales en la segunda vuelta que acababan derrotados sin sentirse inferiores en el campo. La contundencia de Messi, Luis Suárez y Neymar resolvía todo. Sus rivales ni se divisaban en el horizonte. El Real Madrid había sustituido en el banquillo a Rafa Benítez por Zidane. Un toque de nostalgia para salir de una profunda crisis. El efecto sobre el ánimo del madridismo duró sólo unas semanas. Ni el juego mejoró claramente ni los resultados evitaron que la brecha con su eterno rival aumentara. Una derrota por 0-1 ante el Atlético sin mostrar alma ni fe desató otra tormenta. Ni la esperanza europea en la Undécima, el eterno argumento para aferrarse a una temporada de Liga decepcionante, servía de bálsamo o consuelo. Se avecinaba una tormenta gigantesca en el madridismo a final de campaña. Estaba preparada la lista de damnificados en una profunda limpia. No se salvaba el entrenador, ni siquiera el presidente tenía inmunidad mientras el club se preparaba para defender el tercer puesto del acoso del Villarreal. El Atlético, distraído por la Champions, se dejaba puntos por el camino que allanaban el paseo triunfal del Barça que sólo pensaba cuándo celebraría un nuevo título de Liga. Sin embargo el mes de abril trajo una fuerte tormenta. Los truenos llegaron en un Clásico descafeinado en el Camp Nou. El Real Madrid lavó su orgullo y honor venciendo 1-2 tras superar un arbitraje infame. El consuelo del perdedor ante el coleccionista de títulos pero más de uno quedó inquieto ante la imagen de agotamiento al final del partido de muchos jugadores azulgranas. El encuentro no había gozado de una intensidad para tal desvanecimiento. Las sospechas estaban fundadas. Una semana después caía 1-0 en Anoeta, su campo maldito. La impotencia en la cancha aumentó la preocupación puesto que la diferencia se redujo a cuatro puntos. El fatalismo se instaló definitivamente en Can Barça en la eliminatoria europea de cuartos de final contra el Atlético. Venció en el Camp Nou 2-1 en la ida a un rival que jugó con diez durante una hora y que salió del estadio blaugrana renegando de la diferencia de criterio en el arbitraje de Felix Brych. Esperaba sufrimiento en el Vicente Calderón. Con once jugadores había sido superior el equipo rojiblanco en la ida. En el estadio atlético el Barça dio una bochornosa imagen de especulación con el balón que acabaría castigada por un equipo acostumbrado a penalizar los errores del contrario. Griezmann se confirmó como gran figura del fútbol europeo anotando dos goles. Incluso la fortuna decidió dar la espalda a los de Luis Enrique. Nicola Rizzoli señaló fuera del área un bloqueo de voleibol de Gabi que se produjo claramente dentro. El Barça había perdido su buena estrella. Le costó la Champions que defendía pero la Liga estaba en serio peligro al volver a caer en casa ante el Valencia por 1-2. Gozó de numerosas ocasiones pero definitivamente la suerte le había abandonado. Todo el barcelonismo se temía lo peor, un derrumbe catastrófico como el que sufrió el Real Madrid de Queiroz. Pero la caída se detuvo en el momento preciso. El Barça ya no volvería a ceder un punto, ni siquiera concedió un gol. La serie de rivales sin nada que jugarse fue presa fácil del equipo azulgrana que terminó ganando la Liga en Granada en la última jornada. 24º título de Liga, el sexto en las últimas ocho temporadas. El olfato goleador de Luis Suárez resultó determinante para amarrar un nuevo entorchado liguero, al que se uniría otro título de Copa. El Sevilla perdió una ocasión de oro para unir este título a su tercera Europa League consecutiva ante el Liverpool, lograda tras aguantar una primera parte de superioridad inglesa y arrollar en una segunda mitad de dominio incontestable. La expulsión de Mascherano en la primera parte dejó el camino expedito al conjunto sevillista pero un Piqué inmenso en defensa, la falta de acierto del Sevilla y la torpeza de Emery con las sustituciones dejaron vivo al Barça que no perdonó en la prórroga, ya con igualdad numérica tras la expulsión de Banega en el descuento. Los goles de Jordi Alba y Neymar certificaban el doblete de títulos nacionales que cerraban una temporada brillante en resultados.

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Fuente: levante-emv.com

El premio gordo, la Champions League, cambiaría de nuevo de manos como lleva ocurriendo desde 1990. En febrero ya era la obsesión del Real Madrid, su único estímulo hasta final de temporada. Un doble 2-0 le bastó para apear a la Roma, tan activa con los espacios que dejaba el equipo blanco en el centro del campo como endeble atrás. El humilde Wolfsburgo, el deseado por todos en el sorteo, se cruzaría con el conjunto de Zidane en cuartos de final. La ida despertó las tradicionales pesadillas del Madrid en terreno alemán. Cayó 2-0 en un partido infame sólo tres días después de vencer en el Camp Nou. Los contraataques alemanes estuvieron cerca de colocar un resultado aún más adverso. Resultado que levantó ampollas entre el madridismo, de uñas otra vez con su equipo. Volvían las referencias a las remontadas de los años 80, al Espíritu de Juanito que nunca resultaba efectivo. Desde 2002 no remontaba el Real Madrid una eliminatoria europea. Había que remontarse a 1986 para encontrar una eliminatoria superada tras caer por más de dos goles en la ida. No había muchos motivos para el optimismo pero el madridismo creyó ciegamente una vez más. En poco más de un cuarto de hora, dos cabezazos de Cristiano Ronaldo igualaban la eliminatoria. Pese al delirio, el gol definitivo se hizo esperar. Una falta directa anotada por el luso en el último cuarto de hora supuso el 3-0 que cerraba la remontada deseada. El sorteo volvería a ser propicio para el Real Madrid, emparejado con el Manchester City. El nuevo rico en busca de su lugar en Europa pero que aún estaba muy lejos de las expectativas. La eliminatoria no fue para recordar. Pese a no jugar con brillantez, el Real Madrid mereció más que un 0-0 ante un rival vulgar que ni lanzó a portería. En la vuelta le bastó con un tiro de Bale desviado por Fernando para decantar la eliminatoria. La única incertidumbre la puso el corto resultado, el City ni apareció ni se le esperaba. El Real Madrid alcanzaba su 14ª final de Copa de Europa tras un recorrido muy amable pero estaba a un solo partido de convertir una temporada de fracaso en todo un éxito. Su rival sería su vecino y enemigo más íntimo. Volvería a vivir otro derbi al más alto nivel europeo, la secuela de Lisboa.

El Atlético, antes de dejar en la cuneta al Barça, había eliminado en octavos de final al PSV en una gris eliminatoria que no vio un gol en 210 minutos. Los penaltis, como ocurriera un año antes contra el Bayer Leverkusen en la misma ronda, le dieron el pase a los colchoneros. En semifinales esperaba el coco, el Bayern Munich de Guardiola que quería despedirse, antes de emprender rumbo a Manchester, con el título que le faltaba en su estancia en Alemania. El club bávaro contaba con una plantilla asombrosa y reforzada en su ánimo tras remontar de forma épica a la Juventus en el Allianz Arena en la mejor eliminatoria de la Liga de Campeones de la temporada. La ida en el Vicente Calderón fue un choque equilibrado que decantó la mayor puntería de los de Simeone. Una jugada maravillosa de Saúl, de las mejores que se han visto en 2016, se convirtió en un 1-0 que suponía oro puro para la vuelta. En Munich al Atlético le esperaba una angustia espantosa. Pocas veces se recordarán un acoso y derribo semejante de un equipo. El Bayern barrió en todos los sentidos a un Atleti superado por todas partes. Una pillería de Xabi Alonso en una falta igualaba la eliminatoria pero era difícil de entender cómo el Bayern no llevaba dos o tres goles más en el zurrón. Un portentoso Oblak y el fallo calamitoso de Muller en un penalti evitaron el naufragio colchonero en Munich. El Atlético resistió, esperando su oportunidad. Siempre le llega a los de Simeone. Un pase largo encontró a Griezmann completamente solo. Estaba ligeramente adelantado, prácticamente de forma imperceptible. El delantero francés batió a Neuer en el mano a mano y marcaba un gol muy valioso. No le libraría del sufrimiento de todos modos. Lewandowski cabeceaba a placer el 2-1 a falta de un cuarto de hora que se presumía larguísimo para los atléticos. Pudo acabar la angustia tras un penalti que se inventó Çakir sobre Fernando Torres, derribado casi dos metros fuera del área. Neuer detuvo el lanzamiento al propio Torres para cumplir la máxima de sufridor hasta el final del aficionado rojiblanco. Pese al cerco al área visitante el Bayern no fue capaz de marcar el gol que le metiera en la final. Pep Guardiola se marchaba de Munich sin llegar siquiera a la final de la máxima competición continental. Si en las otras dos ocasiones fue superado con claridad por Real Madrid y Barça, esta vez le faltó fortuna. Los equipos españoles separaron al técnico de Santpedor del triunfo europeo. Guardiola se marchó del Bayern con un muy buen palmarés (3 Bundesligas, 2 Copas alemanas, una Supercopa Europea y un Mundial de clubes) pero no pudo lograr la gloria en Europa. Llegó para marcar una época en Europa con el Bayern, para cambiar la idea de fútbol del club y en toda Alemania. No lo consiguió. Logró títulos, muchos títulos, pero salió con una tarea pendiente por cumplir. El éxito no fue completo. La euforia atlética por alcanzar su tercera final ponía su ambición de repetir título europeo con otro grande del fútbol continental.

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Fuente: mentenaturaldemoda.com

San Siro, Milán. Uno de los templos más sagrados del balompié europeo para coronar a uno de los dos equipos madrileños. El himno de la competición, interpretado por Andrea Bocelli, daba la bienvenida a uno de los derbis más célebres del Viejo Continente, la revancha de Lisboa. La historia del eterno perdedor contra la mayor leyenda de la máxima competición europea. Sólo tardó un cuarto de hora en jugarle la diosa Fortuna una mala pasada al Atlético. Un saque de falta de Kroos es cabeceado por Sergio Ramos para marcar el 1-0. Otra vez Ramos, el causante de tantas lágrimas colchoneras en Lisboa. Estaba en posición adelantada. Savic también le agarraba, cometiendo penalti. Clattenburg hizo caso omiso tanto de una como de otra circunstancia. Con el marcador a favor y el ritmo del partido controlado, Zidane se disfrazó de Simeone. Retrasó a su equipo, le concedió el balón a su rival. Algo que le incomoda soberanamente. No es un equipo el Atleti que guste de dominar la posesión. No creó peligro en toda la primera mitad. A Griezmann le faltaba espacio. Torres era inoperante. No encontró revulsivo hasta la entrada en la segunda mitad de Carrasco, un tormento en la banda para el Real Madrid que se vio asediado por el empuje rojiblanco. Pepe cometió penalti sobre Torres y al Atlético se le presentaba la ocasión para igualar. Griezmann ejecutó la pena máxima. Keylor Navas ya le detuvo una en el Vicente Calderón en Liga. Ahora topó con el larguero. La fatalidad seguía golpeando al Atleti. Griezmann desapareció, ya no daría señales de vida el resto del encuentro. Los minutos pasaban y el Madrid iba respirando aliviado pero repentinamente llegó el zaparzo. Un centro desde la banda derecha de Gabi fue remachado por Carrasco que llegaba desde atrás. El Atleti empataba a uno y le quedaban 12 minutos para superar a un rival agotado. Era la historia inversa de Lisboa. Le hubiera sido complicado resistir al equipo blanco el empuje a toque de corneta de un rival que todavía conservaba dos cambios. Sin embargo Simeone mostró su lado más conservador y dio por bueno el empate. Echó atrás a sus jugadores, concedió cuartel y aire a un rival que lo pedía a gritos. Sin la enfervorizada intensidad, el Atleti notó el cansancio de golpe. Fallo estratégico que aprovechó el Real Madrid para imponer el ritmo pausado que le interesaba en la prórroga. El tiempo extra finalizó cuando el acoso del equipo blanco ya era notable. Los penaltis decidirían la suerte de la final. El Madrid empezaría lanzando. Lucas Vázquez, el joven canterano, sería el encargado de abrir fuego. Como si no fuera con él la cosa juguetaba con el balón, como si estuviera en el patio del colegio. Anotó con tanta tranquilidad que supuso una buena dosis de alivio contagioso para sus compañeros. Les enseñó el camino, Oblak no se tira. Todos los lanzadores del Madrid se dedicaron a ajustar lo necesario para asegurar el tiro. Oblak ni las olía. Incluso Ramos se olvidó de excentricidades y sacó su lado práctico. Tampoco encontraban apuros los jugadores atléticos para transformar sus penaltis hasta que llegó el cuarto lanzamiento. Juanfran, autor del gol decisivo en la tanda ante PSV, ajustó tanto que el balón fue repelido por el poste izquierdo. Cristiano Ronaldo, inadvertido en la final, podía convertirse en el autor del gol definitivo. Emuló a sus compañeros, ajustando a la derecha pero con seguridad. Oblak ni se enteró. Sin camiseta, el 7 del Real Madrid celebraba la consecución de la Undécima. Los aficionados rojiblancos eran un mar de lágrimas. El Atlético perdía su tercer final de Copa de Europa, a cada cual más cruel. Chocó con la mística de un equipo casado con el éxito en las finales de la vieja Copa de Europa.

Real Madrid celebrate winning the FIFA Club World Cup Final with the trophy

Fuente: infobae.com

El triunfo en Milán cambió todo el futuro del Real Madrid. Del fracaso absoluto se pasó a un éxito innegable. De la limpia se pasó a la continuidad de una plantilla que ahora parecía inmejorable. Mientras Simeone llenaba de dudas su futuro como entrenador atlético, Zidane se convirtió en la imagen del éxito instantáneo. El Real Madrid no deslumbra, ni siquiera juega bien en muchas ocasiones. Los rivales se sienten mejores de lo que son ante el equipo blanco pero desde aquella noche en Wolfsburgo el Real Madrid no conoce la derrota. Los golpes de fortuna le acompañan donde va. En Trondheim la buena estrella le acompañó en la Supercopa de Europa. El Sevilla había remontado el golazo inicial de Marco Asensio para poner en franquía su segunda Supercopa. El partido lo tenía controlado, dominando el ritmo y el balón. Un Madrid lleno de suplentes parecía incapaz de siquiera tener una última oportunidad pero apareció de la nada Sergio Ramos para aprovechar un descuido defensivo y cabecear un centro a puerta vacía en el minuto 93. De nuevo el minuto 93 y Ramos por medio. Un clásico en el Real Madrid de Zidane, el gol del llamado minuto noventayRamos que padecerían más adelante Barça y Deportivo en Liga. La expulsión de Kolodziejczak por doble amarilla en la prórroga allanaba el camino del equipo blanco. Ramos anotó de nuevo de cabeza pero Milorad Mazic anulaba el gol sin motivo alguno. El Madrid tuvo que esperar al minuto 119. Una gran jugada personal de Carvajal por la banda derecha finalizó en un soberbio remate a la escuadra que suponía el segundo título de Zidane como entrenador del Real Madrid. El tercero llegó en el Mundial de clubes. Tras superar en semifinales al América mexicano con un gol en el descuento de cada parte, el Madrid disputó la final contra el sorprendente Kashima Antlers japonés que le puso contra las cuerdas. Llegó a ir venciendo 1-2, castigando el exceso de confianza rival y la falta de pericia de Zidane, incluso cercó al equipo blanco en los últimos minutos con 2-2 en el marcador pero dos goles de Cristiano Ronaldo en la prórroga evitaron la gesta nipona y el bochorno al madridismo. Resulta inexplicable una racha de imbatibilidad tan prolongada pero las circunstancias y golpes de suerte convirtieron en un triunfador a Zidane, a cuyo mando el Real Madrid cuenta con una diferencia jugosa al terminar el año.

Olympique Lyon campeón Champions femenina 2016

Fuente: soccercanarias.com

Por supuesto, no puede quedar de lado el fútbol femenino en las cuentas de final de año. La selección española emprendió su renovación con una brillante clasificación para la Eurocopa 2017 en una fase donde sólo conoció el triunfo. Tras la tormenta desatada tras la polémica por el trato inadecuado de Ignacio Quereda a sus jugadoras y su posterior cese, las aguas volvieron a su cauce con Ángel Vilda al frente. Aires nuevos de modernidad que necesitaba el fútbol femenino español. Aún queda un trecho para llegar a las grandes continentales, como se vio en los recientes amistosos contra Inglaterra y Francia, pero los buenos resultados de las categorías inferiores auguran un futuro muy provechoso. En las competiciones de clubes llegó un cambio de poder. El Barça, dominador durante las últimas temporada, acabó en blanco la temporada pasada. El Athletic le superó en la Liga y en Copa mordió el polvo en la final ante el Atlético. Una temporada para olvidar que enmendó con buenos refuerzos que le permiten liderar actualmente la Liga y clasificarse para cuartos de final en la Champions, de la que es actual campeón el Olympique Lyon tras superar por penaltis al Wolfsburgo. Fiel reflejo de la lucha de poder en la actualidad en Europa, en manos de francesas y alemanas. La emisión en abierto de un partido por jornada de la Liga femenina es un avance en pos de la profesionalización definitiva del fútbol femenino en España para acabar con décadas de ignorancia y desdén por parte de público, medios, patrocinadores y la Federación.

Mejor equipo de fútbol 2016

  • Olympique Lyon femenino (44%, 4 Votes)
  • Real Madrid (22%, 2 Votes)
  • Barça (22%, 2 Votes)
  • Portugal (11%, 1 Votes)
  • Bayern Munich (0%, 0 Votes)

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1 Comment on "LOS MEJORES DE 2016: Fútbol. Golpes de fortuna"

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5 years 9 months ago

Gran resumen al año futbolístico. Como bien dices, la suerte, siempre presente, ha jugado un papel mucho más decisivo este año. tanto en Champions como en Eurocopa y Copa América Centenario. Me gustaría insistir en el infame nivel que el Manchester City mostró en el partido de vuelta de las semifinales de Champions. Hacía mucho, mucho tiempo que no veía un equipo tan desganado, sin alma y más pendiente de volver al hotel que de jugar. Indigno de Pellegrini y del primer nivel del fútbol europeo. Mi voto ha sido para el Lyon femenino. Son muchos años de dominio continental… Read more »

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