FÚTBOL Y MENORES: EL NUEVO PELÉ

lamptey jvc

Era el 10 de junio de 1989. En el mítico Hampden Park de Glasgow acababa de terminar el encuentro inaugural de la tercera edición del Campeonato del Mundo sub’16 y Edson Arantes do Nascimento, embajador oficial del torneo, se encargaba de elegir al mejor jugador de un partido en el que Escocia y Ghana habían empatado sin goles ante poco más de seis mil personas. Ni la ceremonia de apertura, ni el juego ni las cifras de taquilla harían que aquella plomiza tarde pasara a la historia; tal vez consciente de todo eso, el astro brasileño quiso asegurarse unos cuantos titulares fáciles para el campeonato y para sí mismo cuando proclamó al jovencísimo ghanés Nii Odartey Lamptey no sólo como el mejor futbolista del encuentro, sino como el más firme candidato a heredar el trono futbolístico mundial que él ocupara en su día. “Lamptey es mi sucesor natural”, dijo Pelé mientras el chico recogía el aparato electrónico con el que le premiaba el patrocinador JVC. Y entonces empezó todo.

Para “O Rei” Pelé aquella predicción fue una más de las muchas que ha lanzado alegremente a lo largo de los años sin ningún tipo de fundamento y que acabarían resultando fallidas. Para “el rey” Lamptey (pues ese es precisamente el significado de su nombre, Nii, en la lengua de su etnia Ga) fue un inmenso honor que desgraciadamente derivaría en una losa imposible de sobrellevar. Pero también significó su billete a la posteridad. Porque, con la cantidad de promesas que destacan en los campeonatos juveniles para luego no brillar en el fútbol profesional, ¿nos habríamos fijado tanto en la historia de Lamptey, recordaríamos acaso su nombre, si por una vez Pelé hubiese mantenido cerrada su bocaza?

Imposible saberlo. Al fin y al cabo, quizás Pelé no habría sido tan generoso en el halago de haber sabido que el auténtico ídolo de Lamptey era, como el de casi todos los chavales a finales de los ochenta, Diego Armando Maradona, pero lo cierto era que el chico había impresionado aquella tarde y siguió haciéndolo durante los escasos cinco días que duró su excursión a la verde Escocia: pese a su juego ordenado, alegre y vistoso Ghana no superó la primera fase, víctima sobre todo de su propia ineficacia de cara a portería. En cualquier caso, el nombre de Nii Odartey Lamptey quedó anotado en las libretas de muchos ojeadores desplazados al Mundial sub’16: se trataba de un mediapunta eléctrico, habilidoso y atrevido, de cuerpo ligero pero resistente y notable visión de juego; un auténtico diamante en bruto que sólo tenía catorce años y medio y todavía pertenecía a un modesto club de su país natal. Equipos como el Rangers o el Anderlecht quisieron incorporarlo a sus filas ya en aquel momento, pero el hermetismo de la concentración ghanesa y su tempranera eliminación del torneo impidieron que se entablara negociación alguna: el 10 de junio la más brillante promesa de aquella selección asombraba a Pelé y a los pocos que le vieron en directo y el día 15 estaba ya camino de África.

Fútbol, religión y colonización

Así que tras su eclosión internacional Nii Odartey Lamptey volvió pronto a su dura realidad en los juveniles del Cornerstone, un pequeño equipo de Kumasi, la segunda urbe más importante de Ghana. Lamptey había nacido el 10 de diciembre de 1974 en Tema, una ciudad portuaria cerca de Accra, aunque pronto se había mudado a la capital ghanesa. Allí vivió sus primeros ocho años como tantos niños africanos: encargándose de buscar agua para su familia, escapándose muy a menudo de la escuela y jugando horas y horas en la calle. Nii Odartey Lamptey confesaría tiempo después que también dormía muchas noches bajo los coches aparcados con tal de no volver al infierno de su hogar, donde su alcohólico padre no encontraba mejor manera que las palizas para hacerle entender que debía ir a clase y su madre no se mostraba mucho más comprensiva. Cuando aquel matrimonio se rompió el padre se marchó a Kumasi; poco después, su exmujer envió allí al pequeño Nii, viéndose incapaz de hacerse cargo de un niño rebelde en cuya cabeza sólo había sitio para el balón y que incluso empezaba a provocar serias peleas entre equipos que querían que jugara para ellos.

Pero con el traslado poco cambió aparte del escenario. El joven Lamptey no conseguía ir al colegio dos días seguidos porque el fútbol seguía siendo su único interés. Al igual que en Accra, en Kumasi empezó pronto a destacar en los improvisados partidillos callejeros y a recibir propuestas para enrolarse en algún equipo; sin embargo, cuando aceptaba, su padre no tardaba en aparecer por el campo para llevárselo literalmente a rastras. El fútbol era una pérdida de tiempo que lo alejaba de un buen puesto de trabajo como el suyo de mecánico, por ejemplo: así pensaba un individuo que, cuando vio que los golpes ya no hacían llorar a su hijo, empezó a quemarle con colillas para ver si de esa brutal manera conseguía hacerle entrar en razón.

Y todo siguió más o menos igual hasta que un día el hombre volvió a casarse y decidió que en su nuevo hogar no había sitio para Nii. Repudiado por su nueva madrastra, al joven Lamptey no le quedaron muchas más opciones que la que le brindaba la academia Kaloum Stars: en sus circunstancias, un techo bajo el que vivir y un equipo en el que jugar a cambio de una conversión al Islam era un trato difícil de rechazar. Al fin y al cabo, sólo se trataba de rezar cinco veces al día a un Dios que no se diferenciaba mucho del de su anterior credo cristiano.

Todavía era poco más que un niño, pero Nii no tardó en destacarse como uno de los mejores jugadores jóvenes del país y, tras protagonizar un nuevo episodio violento al enterarse de su cambio de fe, incluso su padre comprendió que el fútbol también podría ser una buena alternativa de vida para su hijo. Lamptey acabaría fichando por el equipo juvenil del Kumasi Cornerstone y antes de cumplir los quince ya lideraba a la selección sub’16 de Ghana en el Campeonato del Mundo de la categoría. Aunque a su vuelta a casa no fuera plenamente consciente de todo lo que significaba, con su breve aparición en Escocia Nii Odartey Lamptey había dejado de ser uno más de los miles de anónimos adolescentes africanos obligados a crecer antes de tiempo para convertirse en el sucesor natural de Pelé, elegido por el propio mito. Y eso era más que suficiente para que ante él se abrieran nuevos y prometedores horizontes.

Selección de Ghana en el Mundial sub’16 de 1989

Ciertamente, y pese a que siempre ha habido equipos y ligas más adelantados que otros, a finales de los ochenta África todavía no era un masificado caladero al que acudir en busca de jugadores. Puede que incluso algunos de los clubes europeos interesados en Lamptey renunciaran a firmar al niño por las dificultades que encerraba el tener que negociar en el continente africano, pero el Anderlecht contaba en sus filas con Stephen Keshi, un central internacional por Nigeria que hoy es el seleccionador absoluto de su país. En una época en la que los jugadores africanos en Europa aún no eran legión, la sólida carrera profesional de Keshi y su rectitud humana le convertían en una figura de renombre al sur del Sáhara, y gracias a ello podía ayudar a su equipo a llegar a ciertos lugares antes que otros clubes.

Un mes después del Mundial sub’16, y siguiendo órdenes de Keshi, el representante del central nigeriano localizaba a Lamptey en una nueva concentración de la selección juvenil de Ghana. Allí pudo transmitirle al chico el gran interés del Anderlecht en hacerse con sus servicios, añadiendo para terminar de deslumbrar a Lamptey que el propio Keshi estaba deseando ser compañero suyo. Antes de ser expulsado de malas maneras por los empleados de la federación, el intrépido agente consiguió dejarle una tarjeta con sus datos de contacto que el joven jugador guardó como oro en paño. El prodigioso Lamptey era la piedra angular sobre la que la Federación de Fútbol de Ghana pretendía conformar un sólido bloque para los años venideros y sus dirigentes no querían que los equipos europeos destruyeran antes de tiempo aquel potencial equipo campeón, así que tras el incidente con el representante se quedaron con los pasaportes de Nii y de varios compañeros suyos para que no pudieran marcharse del país durante sus vacaciones de verano. Pero él tenía ya otros planes.

Stephen Keshi, padre ficticio de Lamptey, en el Anderlecht

Nii Odartey Lamptey reunió el poco dinero que había ahorrado gracias precisamente a su presencia en los equipos nacionales y, sin decir nada a nadie, el 15 de agosto de 1989 pagó a un conductor para que lo llevara a Nigeria. Sin pasaporte, atravesó Togo y Benin en el improvisado taxi, cruzando furtivamente a pie las tres fronteras para evitar los controles aduaneros y confiando en que el conductor cumpliera su palabra y le recogiera al otro lado. Lamptey tardó casi un día entero en recorrer los poco más de cuatrocientos kilómetros que separan Accra de Lagos y, cuando llegó, telefoneó al agente que le había visitado en Ghana unas semanas antes. Por suerte para el chico, no se trataba de ningún engaño. El representante lo llevó a su casa, habló con su cliente Stephen Keshi y gracias a la influencia del jugador, y algún soborno mediante, le consiguió un pasaporte nigeriano que permitió a Lamptey volar a Bélgica acompañando a Keshi unos pocos días después, aprovechando un partido en casa de las “águilas verdes”. Aunque las edades no terminaran de cuadrar del todo (Keshi tenía 27 años y Lamptey casi 15), si el central de la selección de Nigeria y del Anderlecht decía que el chaval que iba con él era su hijo y el pasaporte parecía bueno, para los empleados de la aduana no había más que hablar.

Una vez en Europa, todavía hubo que convencer a los directivos del histórico club bruselense de que aquel escuálido muchacho que tenían ante ellos era el Nii Odartey Lamptey que querían y no un espabilado que había aprovechado las circunstancias para tentar a la suerte, pero diez minutos de prueba en un entrenamiento con los juveniles bastaron para disipar las dudas. El siguiente paso fue regularizar la situación administrativa de aquel adolescente ghanés que había entrado en Bélgica con un pasaporte nigeriano fraudulento expedido a nombre de un inexistente hijo de Stephen Keshi; los trámites, sin embargo, no resultaron difíciles gracias a los contactos en el gobierno belga del gerente del club, Michel Verschueren. Y con el chico ya en Bélgica, la federación de Ghana tuvo que aceptar su derrota y negociar un módico precio como compensación por el fichaje. Al final ambas partes quedaron tan satisfechas que el Anderlecht no encontraría obstáculos para firmar un año después a Yaw Preko e Isaac Asare, otras dos jóvenes perlas ghanesas nacidas, como Lamptey, en 1974.

Una vez arreglados los papeles y  con Keshi ejerciendo realmente como padre para ayudarle a soportar los duros primeros meses de adaptación, nuestro quinceañero protagonista demostró estar a la altura del reto europeo y no tardó en llamar a las puertas del primer equipo: lo hizo con tanta insistencia que el Anderlecht solicitó a la liga belga un cambio en su normativa para permitir que los futbolistas menores de edad pudieran jugar en primera división. Finalmente se acordó establecer el nuevo límite mínimo en los dieciséis años y el 16 de diciembre de 1990, sólo seis días después de su decimosexto cumpleaños, Nii Lamptey hacía su debut oficial a las órdenes de Aad de Mos en un partido contra el Cercle Brugge: jugó los últimos veinte minutos y marcó el tercer gol de su equipo, que ganó 3-1. Aquella temporada Lamptey acabó disputando 17 encuentros con el primer equipo del Anderlecht en tres competiciones (Liga, Copa y Copa de la UEFA) y anotó 8 tantos; en abril de 1991 también marcó en su debut con la selección absoluta de Ghana en un partido contra Togo clasificatorio para la Copa de África.

Después de la auténtica odisea vivida a su corta edad, todo parecía ir por fin sobre ruedas. Campeón de liga en su primer año al más alto nivel, Nii Odartey Lamptey era una auténtica sensación en Bélgica, se le comparaba con los más grandes jugadores del momento (su entrenador afirmaba que sería mejor que Marco van Basten) y él, que decía mantener los pies en el suelo, disfrutaba de su primer contrato profesional: un acuerdo por cinco temporadas que había firmado sin leer, porque no sabía. Lamptey no entendía muchas de las cosas que sucedían a su alrededor, firmaba lo que le decían a cambio de lo que le dieran y ni siquiera era capaz de expresarse correctamente en inglés, pero entonces nada le importaba con tal de seguir haciendo lo único que sabía: jugar al fútbol.

Ghana, selección campeona del mundo sub’17 en 1991

Su analfabetismo fue, seguramente, una de las principales causas de todo lo que ocurriría después en su carrera; sin embargo, en el verano de 1991 nada hacía presagiar el rumbo que acabaría tomando su vida. Su progresión seguía imparable y en el mes de agosto volvía a acaparar los titulares de la prensa internacional gracias a su actuación en el Mundial sub’17 de Italia (el primero que se disputaba en ese rango de edad, sustituyendo a los anteriores campeonatos sub’16). Dos años después de su fugaz aparición en Escocia, Nii Odartey Lamptey guiaba a la selección de Ghana al título mundial de la categoría, acababa empatado como máximo goleador y se llevaba sin discusión el premio al Mejor Jugador del torneo. Parecía que, después de todo, la predicción de Pelé no estaba nada mal encaminada.

Dirigidos desde el banquillo por su seleccionador absoluto, el alemán Otto Pfister (toda una leyenda en el fútbol africano), los jóvenes ghaneses deslumbraron al mundo y sólo su falta de acierto en el remate impidió que su paso por la Toscana fuera un auténtico paseo militar. La España en la que jugaban López Vallejo, Sandro o Robaina se enfrentó a ellos en dos ocasiones: arañó un empate a uno en la fase de grupos y luego perdió la final por la mínima, pero fue completamente superada por su rival en ambos partidos.

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Tal fue la exhibición técnica, táctica y física de Ghana que Juan Santisteban, seleccionador español, no dudó en acusar al campeón de incumplir la normativa de edad. No fue el único que dudó de la veracidad de los datos aportados por la federación ghanesa y ciertamente resultaba difícil creer que aquel equipo tuviera realmente la media de edad más baja de todo el campeonato, tal y como aseveraban los documentos oficiales. En una entrevista a El Mundo Deportivo incluso el propio Lamptey reconocía con naturalidad que en África era habitual inscribir a los niños en el registro civil tres o cuatro años después de su nacimiento, pero nadie pudo demostrar ninguna irregularidad en esa selección.

Nii Lamptey con el trofeo del Mundial sub’17 de 1991

Tras conquistar el título sub’17 medio mundo se peleaba por las jóvenes estrellas de Ghana y esta vez la orgullosa federación africana decidió permitir la desbandada de un grupo de chavales que ya eran auténticos héroes en su país. El Torino se adelantó a casi todos y fichó de una tacada al extremo Emmanuel Duah (autor del gol en la final), al mediocentro Mohammed Gargo y al central Samuel Kuffour, que luego haría carrera en el Bayern Munich. Pero la pieza más codiciada, Nii Lamptey, permaneció en el Anderlecht pese al interés del ínclito Bernard Tapie por llevárselo a su Olympique de Marsella.

El sueño del polémico empresario era juntar al “nuevo Pelé” con Abedi “Pelé” Ayew, el gran referente del fútbol ghanés y africano de la época, pero los belgas no aceptaron la oferta y antes de cumplir los diecisiete Lamptey arrancaba su segunda temporada como profesional convertido en el principal referente, si no deportivo, sí mediático, de su club. No en vano, Lamptey firmó ese verano un suculento contrato de patrocinio con Adidas y cerró 1991 apareciendo en quinta posición en las votaciones del Balón de Oro africano que concedía France Football, sólo por detrás de auténticos mitos como el propio Abedi Pelé, George Weah, François Oman-Biyik y Kalusha Bwalya, y justo por delante del otro gran delantero ghanés de la época, Anthony Yeboah.

Esa campaña las lesiones y la Copa de África mermaron su rendimiento en el Anderlecht: sólo jugó quince partidos de liga y cuatro en Copa de Europa, y apenas fue capaz de anotar dos goles en el campeonato doméstico. Con la selección, en cambio, las cosas fueron bastante mejor: Lamptey fue titular en los cinco partidos de la Copa de África celebrada en enero de 1992 en Senegal y, aunque no marcó, sí dejó muestras de su clase en un torneo cuya final Ghana acabó perdiendo en una interminable tanda de penaltis ante Costa de Marfil. Por si fuera poco, en el verano de 1992 se colgó el bronce olímpico en los Juegos de Barcelona con una selección formada en buena parte por los campeones mundiales sub’17 del año anterior: con poco más de 18 años de media, Ghana volvía a presentar el equipo más joven del torneo. Era la primera medalla olímpica para una selección africana de fútbol y parecía venir a confirmar que el futuro del deporte rey pasaba por África… y por Nii Odartey Lamptey.

Lamptey durante el partido por la medalla de bronce en los JJ.OO. de Barcelona’92

Teniendo en cuenta que aún no había cumplido los dieciocho años, una temporada así no podía calificarse de mala. Pero la 92/93 fue bastante peor: el entrenador que confió en él, Aad de Mos, se había marchado en verano, las lesiones siguieron castigando su cuerpo y sólo disputó un partido de liga con el Anderlecht, que empezaba a mostrar su descontento con el jugador porque las molestias físicas no impedían a Lamptey acudir a las constantes llamadas de su federación, que lo usaba en todas las selecciones posibles: sub’18, sub’20, sub’23 y absoluta. Una federación que sufrió un importante revés a finales de febrero de 1993, cuando se vio ante la tesitura de decidir qué hacer con sus jóvenes prodigios: la selección absoluta, en la que ya figuraban habitualmente unos cuantos de los campeones mundiales sub’17 y medallistas olímpicos, se jugaba en Argelia el pase a la última ronda de clasificación para Estados Unidos 1994 unos pocos días antes de que arrancase en Australia el Mundial sub’20, en el que Ghana (que acababa de ganar el título africano de la categoría) quería conseguir un nuevo trofeo que confirmase al país como la primera potencia futbolística juvenil del planeta.

 

El largo viaje a Oceanía y el lógico tiempo de aclimatación que requería la competición sub’20 hacía imposible que los jugadores pudieran estar presentes en los dos acontecimientos. Confiando en que la absoluta podría sacar sin ellos el empate que necesitaba, la federación ghanesa decidió dar continuidad a su generación dorada en la cita australiana, así que hasta allí volaron los Lamptey, Asare, Duah, Kuffour, Gargo y demás. En Australia’93 la sub’20 alcanzó el subcampeonato y Lamptey volvió a brillar, pero la decepción fue grande (y no sólo porque el árbitro tuviera bastante que ver en la remontada de Brasil en la final): se habían quedado sin opciones de ir a USA’94. Argelia había ganado el decisivo partido premundialista por 2-1 y Ghana tendría que esperar nada menos que hasta 2006 para jugar su primer Mundial absoluto: de aquel grupo de campeones juveniles sólo Sammy Kuffour pudo llegar a ese Mundial de Alemania, y lejos ya de su mejor momento.

Nii Oderley Lampey jugando con el PSV en un partido contra el Amberes.

Pese a todo, su buena (aunque no destacadísima) actuación en el torneo permitió a Nii Lamptey mantener cierto crédito a nivel internacional y fue clave para que el PSV lo eligiera para reforzar una delantera que se había quedado coja tras la marcha de Romario al F.C. Barcelona. Un mes después de la salida del astro brasileño el joven Lamptey llegaba cedido al club de Eindhoven y allí se reencontraba con Aad de Mos, su principal valedor. Bajo su mando realizó una más que aceptable campaña 93/94, siendo el máximo realizador del equipo con diez tantos en veintitrés partidos y disputando una buena Copa de África pese a la tempranera eliminación de Ghana. Pero el PSV se quedó lejos del título de liga y al llegar el verano acometió una profunda remodelación de su plantilla: dio la baja a doce jugadores (entre los que estaban Gheorghe Popescu, Erwin Koeman o el mito zambiano Kalusha Bwalya) y fichó a Luc Nilis, delantero belga al que Lamptey había sustituido el día de su exitoso debut con el Anderlecht en 1990, y a un prometedor adolescente brasileño que respondía al nombre de Ronaldo Luis Nazário de Lima. En el club de la Philips ya no había hueco para el joven ghanés, así que ni compraron su pase ni renovaron su cesión.

Y ahí termina (o empieza, según se mire) la meteórica carrera de Nii Odartey Lamptey, el sucesor de Pelé, el hombre que sería mejor que Marco Van Basten, el Maradona del año 2000, el analfabeto y maltratado niño ghanés. En su último año de contrato y sin sitio en un Anderlecht que ahora lamenta no haberlo vendido al Olympique de Marsella cuando tuvo ocasión, su representante le cierra una cesión al Aston Villa, donde el entrenador Ron Atkinson, que ve rápidamente de qué va el asunto, convence a los empleados del club para que no hagan caso al agente e ingresen íntegramente la prima de fichaje que le corresponde a Lamptey en la cuenta corriente del jugador, sin pasar por el intermediario. Dueño de una importante agencia de representación que entonces incluía nombres como los de Roberto Baggio, Aldair, Dunga, Toto Schillacci o Ramón Díaz, el abogado italiano Antonio Caliendo se había aprovechado del analfabetismo de Nii Lamptey para hacerse con una cuarta parte de los derechos del jugador a cambio de una ridícula suma de dinero; una vez finalizado el contrato de Lamptey con el club belga, Caliendo obtendrá el 100% de esos derechos y empezará a mover al joven ghanés temporada a temporada en busca de una rentabilidad que, como a esas alturas comenzaba ya a sospecharse, no llegará nunca a través de un multimillonario traspaso a un gran club europeo.

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En Birmingham pasa la temporada 1994/1995, pero Atkinson es despedido pronto y todo se complica. En una competición mucho más fuerte que la belga o la neerlandesa, Nii Lamptey da alarmantes síntomas de estancamiento y es víctima de la inexistencia de un calendario internacional unificado que impida la coincidencia de encuentros de liga y de selecciones, por lo que no logra ganarse el puesto y sólo disputa diez partidos en la Premier League. Ron Atkinson, que pese a todo aún confía en su potencial, lo reclama al año siguiente para el Coventry, club al que Lamptey llega ya liberado por el Anderlecht, pero nuevamente su condición de extranjero y sus muchos viajes con la selección de Ghana le impiden tener regularidad y juega incluso menos que en el Aston Villa.

Sus problemas por los partidos internacionales, eso sí, van a desaparecer pronto. En la Copa de África disputada en enero de 1996 en Sudáfrica, Lamptey es expulsado a los pocos minutos de entrar al campo en el partido de semifinales (que Ghana pierde aparatosamente contra los anfitriones por 3-0), y las duras críticas que recibe por parte de Abedi Pelé derivan en un conflicto con la federación que pone fin a su carrera internacional. Lamptey sólo jugaría un amistoso más, en marzo de aquel mismo año en Brasil (resuelto con un sonrojante 8-2 para la canarinha), dejando de vestir la camiseta nacional con sólo veintiún años, tras 38 partidos y 6 goles con la absoluta.

Nii Odartey Lamptey jugando en el Coventry

Sin oferta de renovación del Coventry, al final de esa temporada 1995/1996 la agencia de Caliendo lo coloca en el Venezia, de la Serie B italiana, donde los malos resultados hacen que el ambicioso proyecto inicial salte pronto por los aires, llevándose por delante las esperanzas del ghanés de triunfar en el calcio. Con apenas veintidós años las comparaciones que una vez inflaron su caché ahora juegan en su contra y suponen una pesada carga para Nii Odartey Lamptey: nunca es capaz de responder a las expectativas que su nombre todavía despierta y siente que entrenadores y aficionados le juzgan más por lo que un día prometió que por lo que es en realidad. El medio año que pasa en la ciudad de los canales es otro fiasco deportivo para él, pero todavía queda lo peor.

Fracasado en la Premier y en Italia, desaparecen también los cantos de sirena que un día le llegaron desde España y Caliendo busca un nuevo hogar para Lamptey nada menos que en Argentina, adonde viaja a comienzos de 1997 para firmar por Boca Juniors, el equipo de su ídolo Maradona. Sin embargo, el club xeneize tiene cubierto el cupo de extranjeros y el ghanés acaba fichando por Unión de Santa Fe, club recién ascendido a Primera y con el que se convertirá en el primer jugador de Ghana en disputar la liga argentina. Embarazada por tercera vez, su mujer da a luz un niño y Lamptey no tiene dudas: habiendo venido al mundo en Argentina, el bebé sólo puede llamarse Diego.

Por desgracia, el primer hijo varón del matrimonio Lamptey nace prematuro y con síntomas de una rara enfermedad pulmonar, por lo que a los pocos días debe ser trasladado a un hospital de Buenos Aires. El futbolista se niega a dejar sola a su mujer en la capital argentina y, sin permiso de su nuevo club (con el que sólo le ha dado tiempo a jugar seis partidos), pasa allí los dos meses y medio que los médicos consiguen mantener al pequeño Diego con vida. Nunca llegarán a diagnosticarle la dolencia que se lo lleva. Roto por la pérdida de su hijo y con el contrato rescindido unilateralmente por Unión debido a su indisciplina, Nii Lamptey intenta viajar a Ghana para enterrar a su bebé, pero las autoridades se niegan a la repatriación del cadáver.

Tras enterrar a Diego en Argentina, Lamptey se refugia unos meses en Ghana lamiendo sus heridas. Se reconvierte formalmente al cristianismo y retoma la relación con su moribundo padre, al que había estado ayudando económicamente durante todos esos años. La agencia de Caliendo le insta entonces a firmar un nuevo contrato, pero el futbolista no está por la labor. Tal y como el ghanés afirmaría años después, su inocencia llegaba hasta tal punto que en esos días de retiro en su país había llamado al Anderlecht para pedirles una nueva oportunidad, para rogar que dejaran de cederle, sólo para enterarse de que hacía años que no pertenecía al club belga. Caliendo insiste en renovar su acuerdo con el jugador pero, ante la negativa de éste, tampoco fuerza demasiado la situación: su empresa “World Champions Club” sigue funcionando más que satisfactoriamente con jugadores de primera línea y la de Lamptey simplemente ha sido una inversión que no ha salido tan bien como esperaba. Con el tiempo Caliendo hará negocio adquiriendo gran parte de las acciones de un Queens Park Rangers recién salido de un concurso de acreedores y revendiéndoselas luego al trío formado por Bernie Ecclestone, Flavio Briatore y Alejandro Agag, pero la suya es otra historia.

Nii Odartey Lamptey en el Greuther Fürth alemán

Con veintitrés años recién cumplidos Nii Odartey Lamptey empieza a ser consciente de que es el dueño de su propio destino, pero sólo tiene un nombre cada vez más devaluado y un nivel futbolístico cada vez más alejado de lo que un día apuntó. Fuera ya del radar de los principales clubes europeos, el mediapunta termina esa aciaga temporada 1997/1998 jugando diez partidos con el Ankaragücü turco y a continuación ficha por el União Leiria de la Primera División lusa, donde sigue rebajando su marca de encuentros disputados y sólo salta al campo en siete ocasiones. Al final de la campaña 98/99, en Portugal le comunican que no cuentan con él y su nuevo representante, un alemán recomendado por Otto Pfister, le encuentra sitio en el Greuther Fürth de la segunda división germana. En el modesto club bávaro Lamptey tiene por fin la continuidad que necesitaba sobre el terreno de juego y durante dos temporadas, su récord de permanencia en un equipo desde sus ya lejanos tiempos en el Anderlecht, contribuye con sus actuaciones a que el Fürth acabe en la parte alta de la tabla de la 2.Bundesliga.

Sin embargo, no es una época feliz para el ghanés. Ni él ni su familia se adaptan a su nuevo entorno, sufre varios episodios racistas (alguno dentro incluso de su propio vestuario, con compañeros que se niegan a dormir con él en los hoteles de concentración) y, sobre todo, a mediados de la temporada 2000/2001 tiene que pasar otra vez por el duro trago que ya había vivido en Argentina: la cuarta hija del matrimonio Lamptey, Lisa, muere al poco de nacer, víctima como el añorado Diego de una misteriosa afección pulmonar, y nuevamente las autoridades ghanesas se niegan a permitir la repatriación de sus restos mortales. Aunque tiene contrato en vigor, ni club ni jugador tienen ganas de prolongar su relación y Lamptey empieza a buscar su futuro lejos de Alemania.

Aquel verano de 2001 se rumorea con su posible vuelta a Bélgica para jugar en el Mechelen (Malinas) que entrena su querido Aad de Mos, pero las negociaciones no fructifican, como tampoco sirven de nada los intentos de su agente por devolverle a la Eredivisie neerlandesa. Entonces Nii Odartey Lamptey recibe una suculenta oferta del fútbol chino para enrolarse en el Shandong Luneng Taishan, y no lo duda. Por una vez, tampoco lo lamentará. En el gigante asiático sigue manteniendo el buen cartel que se ganó siendo adolescente y el bajo nivel de la Superliga le permite causar un impacto inmediato. Lamptey disfruta otra vez del fútbol, recibe buenas críticas y, sobre todo, encuentra una espiritualidad a la que sabrá aferrarse para continuar siempre adelante a pesar de las dificultades.

Después de años y años achacando sus desgracias a una supuesta maldición de sus excompañeros de Kumasi por su huída adolescente a Bélgica, un viejo proverbio oriental que dice algo así como “si la vida no te concede lo que quieres, celebra que al menos estás vivo” se convierte en el centro de su filosofía vital. Además, su presencia en Asia despierta el interés de los petrodólares por su figura y acaba fichando en 2003 por el Al-Nasr de Dubai. En el Golfo Pérsico, prácticamente olvidado ya por el resto del mundo, Nii Odartey Lamptey engorda su cuenta corriente, sobrepasa la treintena y, tras superar una lesión de cierta importancia, decide volver a casa.

Es el verano de 2005 y Lamptey firma por el Asante Kotoko, el principal club de Kumasi y uno de los dos gigantes de Ghana junto con el Hearts of Oak de la capital. Se convierte así en la primera estrella ghanesa (porque allí nadie ha olvidado nunca todo lo que significó para su fútbol a comienzos de los noventa) que regresa a su país como jugador en activo, aunque sus objetivos están ya fuera del campo. Lamptey monta con su esposa una academia para jóvenes sin recursos, en la que también se jugará al fútbol pero, sobre todo, se estudiará: él todavía no es capaz de leer y escribir con corrección, pero obviamente tiene muy claro que, dentro de lo mucho o poco que esté en sus manos, no puede permitir que su caso se repita.

Mientras el proyecto va tomando forma, Lamptey sigue jugando e incluso ficha en 2007 por el Jomo Cosmos sudafricano, un equipo de Johannesburgo fundado en los ochenta por el exjugador Jomo Sono, quien fuera compañero de Pelé en el Cosmos de Nueva York. Recién cumplidos los treinta y tres años y después de pasar por trece equipos de doce países distintos a lo largo de diecisiete temporadas de carrera profesional, el Jomo Cosmos era en cierta manera el lugar perfecto para colgar las botas: probablemente, lo más cerca que Nii Odartey Lamptey volvió a estar nunca de Pelé desde aquel lejano mes de junio de 1989.

Tras su retirada en diciembre de 2007 y un breve paso por los banquillos como segundo entrenador, Nii Lamptey se centró en su “Glow Lamp International School”, cuyas aulas perfectamente equipadas llevan el nombre de equipos y lugares importantes en su carrera futbolística y pronto estuvieron llenas de niños y niñas necesitados de alguna oportunidad. Tanto él como los más de cuatrocientos críos matriculados eran felices y en 2010 el ghanés se decidió a ampliar el negocio con una escuela de fútbol propiamente dicha, la “Golden Lions Soccer Academy” (afiliada a LionShare Academies, una empresa emiratí dedicada a encontrar, formar y comerciar con jóvenes talentos africanos), que no tardó en dar sus frutos: uno de sus primeros pupilos, Franck Acheampong, empieza a destacar hoy… en el Anderlecht. Círculos.

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Pero está claro que el rey Lamptey no está destinado a disfrutar de largas rachas de buena ventura. Poco después de denunciar el robo de su medalla de oro del Mundial sub’17 de 1991, a finales de 2013 su nombre volvía a las portadas por un farragoso asunto surgido durante su proceso de divorcio. Después de casi veinte años de matrimonio con Gloria, un enlace por el que ambos sufrieron no pocos conflictos familiares (ella pertenece a otra etnia y la peculiar familia del jugador nunca aceptó la unión), la pareja se rompía, supuestamente, por una discusión sobre dónde y por cuánto dinero debía cursar los estudios universitarios su hija mayor. Con la escuela, la academia y el resto de propiedades registradas a nombre de ambos cónyuges, la guerra por el reparto de los bienes ya se preveía dura cuando de pronto estalló la bomba: Nii Odartey Lamptey acusó a su mujer de continuas infidelidades (perdonadas por amor) y aportó como prueba irrefutable unos análisis de ADN que demuestran que ninguna de sus tres hijas vivas es biológicamente suya. Ni siquiera la mayor, que vino al mundo muy pocos meses después de la boda, es descendiente de Lamptey, lo que ha arrojado una dolorosa sombra de duda sobre los verdaderos orígenes de los dos bebés fallecidos.

Nii Odartey Lamptey y su “infiel” esposa Gloria

Mientras la prensa africana se apresuraba a publicar todo tipo de rumores sobre los presuntos amantes de la mujer de Lamptey (lo típico: antiguos compañeros de equipo de su marido, concursantes del Gran Hermano africano, etc.), ella se defendía diciendo que, ante la infertilidad del afamado futbolista, el matrimonio había decidido optar por la inseminación artificial para poder tener descendencia. Cuesta creer que el chico tomara una decisión así antes de casarse, con menos de veinte años y cuando ni siquiera sabía a qué equipo pertenecía, pero vaya usted a saber: no es el único dato que no acaba de cuadrar del todo en la novelesca historia de Lamptey, especialmente en lo relativo a sus durísimos primeros años de vida. Se trata, en cualquier caso, de un auténtico escándalo de primer orden ventilado, como suele ocurrir también en Ghana, entre los juzgados y los tabloides sensacionalistas y en el que los principales beneficiados han sido, de momento, los laboratorios ghaneses dedicados a realizar pruebas de paternidad, cuya demanda se ha doblado a raíz del caso Lamptey. La vista definitiva por el divorcio tuvo lugar el pasado 22 de enero, pero la decisión judicial aún no se ha dado a conocer.

Freddy Adu y Pelé

Pero no cerremos así una historia que, a juzgar por todo lo que Nii Odartey Lamptey ha vivido en menos de cuarenta años, todavía podrá tener muchos más capítulos. Volvamos a esa etapa en Dubai, donde se empezó a trazar (o, al menos, ahora empezamos a verlo más o menos claro) otro de esos caprichosos círculos del destino. A finales de 2003 se disputa en Emiratos Árabes Unidos todo un Mundial sub’20 y Lamptey, que acaba de llegar al país, aprovecha la ocasión para asistir a algún partido. El que un día fuera considerado “el nuevo Pelé” pasa completamente desapercibido en la tribuna: esta vez todos los ojos están puestos en un chaval nacido en Tema, una ciudad portuaria cerca de Accra, el 4 de junio de 1989, apenas una semana antes de que el nombre de Nii Odartey Lamptey (nacido en Tema, una ciudad portuaria cerca de Accra) comenzara a dar la vuelta al mundo. Entonces Lamptey sólo tenía catorce años y medio, justamente la edad de este nuevo prodigio que ahora brilla en el mundial juvenil de 2003 y al que ya se anuncia como sucesor de Pelé: un delantero de esplendoroso futuro que ahora lidera a la selección estadounidense y que se llama Freddy Adu. Un nuevo Pelé que hoy, tras pasar por nueve clubes de seis países en menos de diez años (y sin equipo desde hace seis meses), está mucho más cerca de ser un nuevo Lamptey.

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6 Comments on "FÚTBOL Y MENORES: EL NUEVO PELÉ"

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6 years 5 months ago

Tremendo y esclarecedor. Habría que estudiar y analizar hasta qué punto un buen número de esos desaprensivos globalizados que son los representantes de futbolistas son causantes del destrozo de más de una carrera prometedora de más de un futbolista africano

6 years 5 months ago

Enorme artículo, snedecor.

El asalto que los agentes FIFA y esa gentuza están haciendo en África a la caza de talentos es verdaderamente terrible. Se alimentan de esperanzas y luego no les importa a quién llevan a Europa o en qué condiciones lo dejan mientras ellos se embolsen su comisión.

Un autor que ha tratado bastante este tema es Paul Darby, de la University of Ulster. Tiene varias publicaciones sobre las relaciones políticas y sociales del fútbol en Ghana y un libro de -creo- 2005 titulado “Africa, Football and FIFA: Politics, Colonialism and Resistance”.

6 years 5 months ago

Excelente artículo-historia. Por añadir algo, me lleva a pensar, si este chico hubiera podido (por poner un ejemplo) “matricularse” en una escuela deportiva tipo masia, fabrica o la Academia Tauichi (otro gran artículo) y aparte de educarle futbolísticamente hubiera tenido una educación personal, además de ganarse la vida ¿no podría haber llegado a ser un crack en toda regla? ¿Cuántas de estas estrellas no se quedan en el camino por sus necesidades básicas educacionales no cubiertas? ¿cuánto puede influir el analfabetismo en la consecución de los objetivos deportivos que las expectativas crean? Es más, extrapolando al basket, y en concreto… Read more »

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