USHINDE: EL CHE GUEVARA EN ÁFRICA

CUBA-CONGO-CHE

Esta es la historia de un fracaso. Una historia que comienza en dos ciudades muy alejadas y dispares pero con nexos y raíces más cercanas de lo que uno se pueda imaginar. La Habana y Kisangani. Cuba y la República Democrática del Congo.

Unidas por los vergonzosos siglos de trata negrera que esquilmaron el continente africano, llevando a una gran parte de su población a América para trabajar como esclavos. Perdieron orígenes, lengua y cultura. Y su hogar quedó trastornado, ensangrentado. Almas errantes perdidas en medio del Atlántico, que crecieron recogiendo azúcar y perecieron sin ver ese retorno a la madre tierra. Hijos de ningún lugar.

Cuando su nuevo lugar de reposo entró en ebullición, fueron excluidos. Fueron -como lo son siempre- las élites quienes orquestaron los cambios. Gente venida de diferentes puntos de Latinoamérica decidida a luchar para acabar con una dictadura cruel. Fidel contra Batista. Ideas surgidas de Alemania, probadas en Rusia con relativo éxito y con lágrimas en España, se filtraron en ese grupo de rebeldes que acabó ganando la partida a un Estado luchando desde la jungla, con pocos hombres pero muchas razones. Entre ellos, una figura. Un gigante. Ernesto ‘el Che’ Guevara. Quizás el más comprometido. Idealista, entregado a la revolución marxista, no llegó a comprender el funcionamiento pragmático y mentiroso del poder y de la política. Era un soñador. Un hombre de acción. La revolución se conseguiría luchando, con sangre. Como se hizo en 1917.

Algo tan grande, tan perfecto, tan ideal, debe ser exportado. Eso pensaban los teóricos internacionalistas de la Revolución. El Che, con su experiencia en Cuba, estaba convencido de la necesidad de extender la Revolución a todos los rincones del globo. De América Latina a Asia, pasando por África. Guerrillas de combatientes convencidos que desangren a la bestia imperialista y capitalista. Por eso mismo creó grupos de guerrilleros cubanos que fueron enviados a diferentes partes del mundo para colaborar y ayudar en la expansión de la nueva Buena Nueva. La Revolución estaba en marcha. También, en su breve paso por el gobierno cubano, aprobó el dar apoyo económico a diferentes grupos armados que luchasen por la Revolución en cualquier parte del mundo.

Siendo un hombre poco dado a los tejemanejes de las altas esferas de la política, se cansó de esta a la vez misma que esos prohombres le dieron la espalda. Era el momento de volver a la acción. Dejar los despachos y volver a los campamentos. Su sueño de verdad, la lucha armada en Argentina, era imposible. Pero había otros lugares. Había un lugar donde la Revolución era posible. Donde, en su opinión, se estaba ya produciendo.

Independiente de Bélgica desde 1960, la República del Congo se vio inmersa en un mar de dudas y violencia. Violencia heredada del vejatorio, en todos los sentidos, trato colonial. El ejército bajo el mando del coronel Mobutu Sese Seko se rebeló contra el presidente Patrice Lumumba, el héroe de la independencia y nacionalista africano; a quien depuso y acabó asesinando en 1961 con la inestimable colaboración de la CIA para asegurar los intereses de Estados Unidos en las minas de uranio del país. Otra vez la Guerra Fría. África comenzaba a ser un lugar perfecto para dirimir sus diferencias sin daños de población rusa o norteamericana. En el fondo, solo morían africanos. Peones.

Patrice Lumumba, hecho prisionero por las tropas de Mobutu.

Laurent-Désiré Kabila vivió el asesinato de Lumumba desde Yugoslavia. Al volver, se unió a los rebeldes de Katanga, la región minera del país que pretendía independizarse. En el exilio de Tanzania, el líder lumumbista Cristophe Gbenye trataba de luchar contra el nuevo gobierno de Mobutu. Al contrario que Lumumba, Gbenye sí se posicionó en la Guerra Fría. Declarado marxista, se benefició de la ayuda cubana que le llegaba a través de Burundi y de la propia Tanzania bajo gobierno de Julius Nyerere.

El escenario era terrible. No obstante, presentaba aquella dicotomía tan occidental de marxismo contra imperialismo. Pero en el Congo había más, mucho más. Sin saberlo, o sin querer verlo, el Che se apresuró a personarse él mismo en la ciudad de Stanleyville, hoy Kisangani. Viajó, como siempre, bajo identidad falsa. Llegó a mediados de abril de 1965 con una docena de guerrilleros cubanos, listo para la guerra. Listo para la Revolución.

La República del Congo era el escenario perfecto. La gran potencia imperialista había auspiciado un golpe sangriento contra el presidente electo. Había guerrillas que se autodenominaban marxistas luchando por derrocar al usurpador y el país presentaba una localización perfecta para servir de foco desde donde irradiar la Revolución al resto del continente.

Se preocupó, apelando a ese pasado común, que unos días después de su llegada aterrizasen más refuerzos en el Congo. Esta vez, un centenar de soldados afro-cubanos. Quizás por esa vieja idea de que para ellos será como volver a casa y que facilitarán la aceptación de un líder blanco.

Sea como fuere, la realidad superó al Che. Se esperaba un ejército listo para luchar, organizado y uniforme. Con las ideas y, más importante aún, los ideales, claros. Pero distaba mucho de ser eso. Los grupos armados que luchaban contra Mobutu estaban dispersos, enfrentados con sus líderes militares y pasando penurias en la jungla, mientras sus jefes se encontraban en Dar es Salaam, disfrutando del mar y el sol. Su motivación ideológica, a ojos de Guevara, era escasa por no decir nula. No se comportaban como él esperaba. Eran violentos con la población civil, a la cual saqueaban cuando podían. Se dividían según su procedencia étnica, creían en el chamanismo y la magia y hacían uso de las drogas para evadirse.

No, definitivamente, esto no era lo que se esperaba el Che de unos guerrilleros marxistas que luchaban por la justicia y la libertad. La realidad era mucho más profunda, más intrincada y complicada que una simple guerra ideológica entre el bien y el mal. Entre el comunismo y el capitalismo. Ahí, en esas selvas sofocantes del corazón de África, había algo más.

Laurent Kabila, finalmente erigido en el principal líder de la guerrilla contra Mobutu, apenas sí se dejaba ver entre sus soldados en el frente. Daba largas al Che para sus encuentros y, cuando al fin se conocieron, la opinión de este último sobre el líder congoleño no mejoró en absoluto. Un hombre insignificante, sin opciones de ser decisivo. Tal vez el Che pensó que ese hombre tenía nulo interés en llevar la Revolución marxista a todos los rincones, que estaba distraído por otros menesteres más mundanos.

Poco a poco, con cuentagotas, llegaban más soldados desde Cuba para apoyarle en su misión. Uno de ellos le dio la trágica noticia de la muerte de su madre. La entrega revolucionara sobre la familia. Sobre todo lo demás. Aún así, la pena y el dolor eran palpables. Pero no había tiempo para más. Y un mes después, en junio, se prepararon distintas ofensivas dirigidas por los grupos de guerrilleros cubanos.

Las bajas fueron numerosas y no se consiguió ningún objetivo militar. La operación había sido un fracaso. Kabila no se personaba nunca, a pesar de indicar lo contrario en sus misivas. Los soldados ruandeses que formaban parte de la guerrilla estaban cada vez más enfrentados a sus compañeros de trincheras congoleños. El Che no lograba entender este hecho. La Revolución debía estar por encima, pero estas gentes luchaban entre ellos antes que contra el enemigo.

Entre la falta de comprensión y las derrotas, el clima se tornaba cada vez más pesimista. Voces se alzaron entre las tropas cubanas pidiendo el regreso a la isla. Kabila finalmente hizo acto de presencia. Pero vino y se fue. Presentó sus planes al Che, que quedó maravillado de su conexión con la gente y, a su vez, asqueado por el hecho de que este le interrogase sibilinamente sobre con quién se posicionaría en caso de escisión interna. Eso no era para lo que él había ido al Congo. La lucha era todos unidos contra el enemigo común. Contra el mal imperialista. No había nada más.

En septiembre llegó la contraofensiva del gobierno, criticando la intervención cubana y china como una muestra del interés económico de ambas naciones en el país. Además, en octubre se decretó un gobierno de reconciliación que hizo que muchos de los guerrilleros desistieran de la lucha armada. No así Kabila, que continuó su lucha.

El Che, a su vez, vio como una puñalada por la espalda el hecho que Fidel Castro hiciese pública la carta de despedida que él le dedicó antes de marcharse a África. Esto supuso borrarle definitivamente de los asuntos cubanos, dejándole solo. Incluso dado por muerto.

Además, el cerco de las tropas gubernamentales sobre los guerrilleros se estrechaba cada vez más. En octubre, los ruandeses abandonaron la lucha y, finalmente, también los cubanos, quienes emprendieron la retirada hacia Tanzania. El Che, enfermo de disentería, derrotado militar y emocionalmente, debe huir. Una huida triste y patética.

Para él, su aventura africana fue un fracaso. Su intento de llevar la Revolución a otros rincones del mundo fracasó. Un dolor tan inmenso le dejó todo lo vivido en el Congo que hay quien se atreve a decir que Bolivia fue una especie de suicidio consciente.

África prácticamente puso punto y final a la internacionalización de la revolución. Acabó con el alma de su figura más emblemática. Un hombre que, pese a ir lleno de ideales y buenas intenciones, jamás llegó a comprender dónde estaba ni con quién luchaba. África, la gran desconocida. Donde la gente, con los años, ha tenido que adoptar tantas identidades para sobrevivir, para vivir, que una más no importaba mientras les sirviese para seguir con sus vidas. El marxismo. La Revolución. Máscaras. Al descubrirlas, al ver la realidad latente, el mundo del Che se vino abajo. No todo es blanco o negro, comunista o capitalista. Hay tonalidades y hay diferencias. Y, en el fondo de todo, es posible que algún día, cuando se encontraba solo en la selva congoleña, se diese cuenta que el marxismo era otra ideología Europea tratando de ser impuesta en África. Los africanos lo sabían y por eso no tenían ese ardor revolucionario que tanto echó en falta el Che. Pero ellos siempre lo han sabido. Somos los occidentales, cegados por nuestro universalismo cultural, los que no nos damos cuenta.

Pero fue Patrice Lumumba quien mejor definió lo visto y vivido por Ernesto Guevara en el Congo, años antes de que, como dice el título de la novela del gran escritor nigeriano Chinua Achebe, todo se desmoronase: “No somos comunistas o católicos. Somos nacionalistas africanos”.

Notas del autor:

Ushinde significa ‘fracaso’, ‘derrota’ en swahili.

 “Esta es la historia de un fracaso” son las primeras palabras que escribió el propio Ernesto Guevara en su diario sobre la guerra en el Congo, titulado póstumamente como “Pasajes de la Guerra Revolucionaria: Congo”.

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5 Comments on "USHINDE: EL CHE GUEVARA EN ÁFRICA"

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Pollosaurio
8 years 8 months ago

Mientras lo leía me venia el Corazón de las Tinieblas a la mente, con Che en busqueda de la revolución y de Kabila, siempre presente y siempre ausente.
He de volver a leerlo.
De paso, ya que eres la persona adecuada para esto, si puedes recomendarme alguna novela de autor africano (subsahariano), te estaré agradecido.

8 years 8 months ago

Maravilloso, Shaka. Decía Gracián que el hombre nace engañado y muere desengañado, feliz expresión que cabe aplicarse al Che sin ninguna duda. No tanto por su controvertida, manoseada y manipulada relación con Fidel (al que admiro profundamente); el mundo jamás ha entendido, ni ha tenido ningún interés en entender, a África. Que la Revolución no podía ser importada desde fuera, como no habría nunca triunfado en China sin Mao, es una lección que aprendió demasiado tarde. Bolivia, su otro sonoro fracaso, fue la tumba de un hombre completamente decepcionado, agotado, fracasado. Leyendo sobre Patricio Lumumba, me viene a la cabeza… Read more »

8 years 8 months ago

Muy bueno, Shaka. Creo que muy apropiado en estos días, y en esta web, para reflexionar sobre muchas cosas, evidentes y no tan evidentes.

8 years 8 months ago

Hago propios los cumplidos de los demas, fantastico Shaka. Se podria decir que en la etapa post-Cuba, fue una sucesion de fracasos, de hecho acaba marchando a Africa despues de que su plan para exportar la revolucion a Argentina fuera tambien descativado. No recuerdo si lo lei en la biografia de JL Anderson o en el relato de su aventura en Africa de W Galvez, pero uno de los dos hablaba entre otras cosas de la sopresa que produjo en el Che la influencia de la supersticion en la dia a dia de su etapa en el Congo y del… Read more »

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