TITAN DESERT

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Hace semanas, meses, que debería tener esta crónica terminada, hace eones que acabó aquello que cuento bajo estas líneas, pero no he conseguido narrarlo como quiero.

Varios intentos tirados a la basura, muchos inicios baldíos… y gente que la espera recordando mi santoral…

Las razones, varias, mías supongo.

Sirva esto como disculpa, y a su vez, sirva como prólogo a un reto extraño e inesperado. Una experiencia vital que, al igual que estas hojas, costó sacar adelante.

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Ya hace un par de años que le había echado el ojo a la Titan Desert, una carrera de resistencia en el desierto y el Atlas marroquí.

Me llamaba porque nunca había estado en el desierto, y es un lugar que siempre me ha atraído. La inmensidad hecha sol y arena; el mundo donde se extinguieron las sombras. Horizontes, polvo y calima.

Me llamaba porque sería un reto conseguir acabarla. Porque me demostraría cosas a mí mismo.

Y me llamaba porque nunca había hecho una sola carrera en bici. Así que lo adecuado era comenzar por ella, igual que comencé en las vías ferratas por la Regina de Peramola http://www.deandar.com/ferratas/via-ferrata-regina  o en los tresmiles con la canal Moskowa del Vignemale http://saritaymane.blogspot.com/2010/06/vignemale-3298-m-corredor-de-la-moskowa.html . Coherencia la llaman.

Evidentemente por mucho ojo que tuviera puesto, no pensaba correrla…

Primeramente porque no me gustan las competiciones, segundo porque no me gusta la bici de montaña de “rally” (pistas interminables, dificultad técnica cero), y tercero porque era dura de cojones.

Pero mola fantasear, pa eso está el tarro, no?

El caso es que hará cosa de año y mucho, durante una de nuestras salidas al monte para limpiar senderos, me casqué el hombro, y estuve muchos meses sin poder montar en bici de montaña. Y como tenía mono de bici no vi otra que agenciarme una bici de carretera para ir rodando algo.

Ocurrió además que por frecuentar los bares, una tarde entre cervezas a mi amigo Marcos (Prats de ahora en adelante) se le soltó la lengua (o quiso vacilar a las mozas allí presentes) y largó que tenía pensado correr la Titan Desert a poco que alguien le acompañara.

Y efectivamente, el espabilao que escribe esto, desoyendo el refrán que dice que es mejor estar callado y que crean que eres tonto a abrir la boca y despejar las dudas, dijo que lo acompañaba.

Pongámonos en antecedentes… sería inicios de octubre de 2010 o así, yo llevaría como desde junio sin tocar una bici ni para hacer sitio en el garaje (verano es mala época para hacer deporte currando 12 horas al día 7 días a la semana). Aparte, desde la lesión del hombro hacía un año, había tocado la bici mucho menos de lo habitual y el mes siguiente lo iba a pasar también sin pedalear porque me iba a hacer alpinismo a Dolomitas y tenía que patear para coger algo de forma.

Y la Titan Desert era en Mayo… si, que parece lejos tal como lo lees, pero ponte en mi pellejo por un momento (empatía lo llaman).

Total que puestos en mitad de noviembre que vuelvo de Dolomitas, luego que llega la campaña navideña (mucho curro) y hasta después de Reyes no puedo ponerme en serio a entrenar.

Espera, entrenar??? Si a mí de carretera lo que me gusta es ver por la tele las clásicas de pavés y a Philippe Gilbert o Cancellara haciendo el animal!!

Lo mío es hacer el cabra con la de montaña, no “entrenar”!!!

“Pues si chaval” me dijo Prats, tu coge este libro, empóllatelo y a hacer lo que dice… cómprate un pulsómetro, una medidor de cadencia y hala, a hacer kilómetros en llano (en llano??????) controlando las pulsaciones. Y así hasta marzo, 5 días por semana.

Y en esas que me puse, y hasta me gustó y todo al final eso de la carretera y del pulsómetro!!

(Lo cierto es que para una carrera de resistencia pura y dura como la Titan Desert se precisa una forma física bastante buena, y la base y el fondo se cogen rodando con la bici de carretera, por zonas fáciles, pero haciendo muchas horas y muchos kilómetros. La bici de montaña para este trabajo es menos agradecida, y más en un lugar como Ainsa donde es imposible encontrar pistas llanas y fáciles)

2500 kms después estamos ya en marzo, cuando ya ni hay vuelta atrás ni nada. Cuando se destapa la ruta definitiva y se conoce que este año será la Titan Desert más dura de la historia, la más larga y que constará de 6 etapas en vez de 5, como era habitual.

600 y pico kilómetros en 6 días, recorriendo todo Marruecos de Sur a Norte, y para acabar traslado en Ferry por el estrecho y etapa reina final en España acabando en Granada (Graná)

http://www.titandesert.es/es/recorrido.php

Ha empezado lo serio, tenemos ya toda la información, las mil cosas que hay que llevarse, la inscripción pagada, las recomendaciones de la organización, los fisios y mecánicos confirmados para la prueba, los culottes y maillots (un juego por etapa), la bici a punto… la bici??????

Cómo voy a llevarme alguna de mis bicis si son unas burras de cuidado, para hacer el animal por piedras y trialeras, no hechas para rodar durante muchas horas y además muy pesadas???

Porque estoy poniéndome en forma, pero no voy tan sobrado como para correr la Titan Desert con una bici de 15-16kg…

Tras pensarlo un poco la estrategia a seguir estaba clara: me compro una bici de rally de 2º mano y en acabar la carrera la vendo por lo que me costó!! Si es que a genio no me gana ni el tato. Y el caso es que tras consultas y búsqueda, encontré una bici perfecta, ligera, bonita, etc etc… y tirada de precio, seguro que la podría vender por mas de lo que me costaba!!

Pero en esas que contactó conmigo Nano, amigo conocido del foromtb.com y de la Vieja Tronca, y jefe de Canyon bikes en España.

El, espléndido, me ofreció una bici Canyon de pruebas para correr la Titan Desert.

Vamos, que me costó decir que si… oferta irrechazable donde las haya…

El caso es que me engañó, porque no me mandó una bici, sino un puto pepino, un cañón que hacía honor al nombre de la marca: Canyon Lux MR 9.0 SL http://www.canyon.com/_es/mountainbikes/bike.html?b=2067

Apenas 9,5kg de bici, un juguete que pedaleaba como un puñetero avión.

Sacarla de la caja, montarla y probarla fue una gozada. No es preciosa, no, es lo siguiente. Montada a tutiplén, un cuadro de carbono precioso, sin pintar para que se vean bien las fibras y reflejen el sol, con 100mm de recorrido trasero que la hacen comodísima aun rodando por mal terreno, y una geometría muy apta para grandes tiradas de kilometraje sin que la espalda sufra más de lo necesario.

Y no veas lo que se nota que pesa menos de 10kg, siendo doble suspensión!!

Si con algo me tengo que quedar de ella es con eso, con la comodidad para hacer kilómetros y kilómetros en una postura muy agradable, sumado a un sistema de amortiguación que no contamina el pedaleo y que es clave para que no rebotes sobre el sillín, con el consiguiente alivio en el trasero. Y que se muestra muy absorbente (para tener 100mm de recorrido) en los momentos que lo necesitas.

Con bici y todo, nos plantamos ya en mitad de abril… 4000 y pico kms de entrenamiento entre esta fecha y ese ya lejano mes de enero. Al parón de entrenamientos por culpa de Semana Santa y Pascua (mucho curro) se suman unas molestias en una rodilla que me hacen estar reposando más de la cuenta, con lo que me planto en vísperas de la Titan Desert con al menos 700-800km de trabajo de calidad sin hacer…

Desde luego que conforme se va acercando la fecha crece el nerviosismo, las dudas, los arrepentimientos por no haber entrenado más (aún), y por qué no decirlo el miedo.

Miedo a casi todo: a una lesión tonta que te haga abandonar, a petar, a no dar la talla, a que te venga muy grande la prueba, a un accidente, al calor, al kilometraje, a las hepatitis (nos han advertido muy mucho sobre evitar comidas sin hervir, crudas, agua sin embotellar…), a Al Quaeda (pocos días antes de partir fue el atentado en Marrakech), a perderse…

Miedos, algunos más racionales, la gran mayoría exagerados e irracionales, provenientes del desconocimiento. Pues nunca he estado en Marruecos, ni en el desierto, y nunca hüpfburg he corrido ninguna carrera, ni de este estilo ni de ningún otro… vamos que NUNCA he pasado de 100km seguidos con la bici de montaña, y nunca, ni con la bici de montaña ni la de carretera he hecho 650km en 6 días. Y tenemos etapas de casi 150km…

Lo mejor para combatir estos miedos contra los que nada puedes hacer es olvidarse de ellos, trivializarlo todo lo máximo posible y “pasar”. Que sea lo que tenga que ser y fiesta. No dicen que si das todo lo que tienes no estás obligado a dar mas??

Y es cierto, pero a posteriori. Previamente ya os aseguro que esa frase parece sacada de un cuento de niños. “Que con darlo todo ya está bien??” Y una mierda, hay que acabar!!  Podrás decir que lo importante es hacerlo bien, disfrutar, etc… y los amigos te dirán lo mismo. Pero en el fondo ellos y yo pensamos lo mismo: HAY QUE ACABAR COMO SEA.

Las frasecitas para dentro de 10 días si la cruda realidad nos pega un sopapo de los buenos.

Y poco faltó…

Es sábado 7 de mayo por la tarde cuando Prats y yo partimos de Ainsa rumbo a Barcelona (previo paso por su casa en Binefar) para tomar el avión que nos llevará a Errachidia, y que supone el primer desgaste, pues se toma a las 5 de la mañana del domingo, y desde las 11 de la noche estamos en el aeropuerto ya esperando, sin poder dormir, ni descansar ni nada que se le parezca (es realmente difícil diseñar asientos más incómodos que los de un aeropuerto).

El domingo 8 de mayo de 2011, al punto de la mañana llegamos al diminuto aeropuerto de Errachidia, una ciudad en medio de la nada.

Mentira, está en medio de kilómetros y kilómetros de roca y arena. Una ciudad auténticamente marroquí, edificada junto a un riachuelo por el que fluye un agua parduzca, y que guarda en sus orillas los únicos árboles que la vista puede encontrar.

La luz de la mañana adornando las crestas montañosas del horizonte es una maravilla. Limpia, suave, nítida… si, ya estamos aquí.

A estas alturas no se si he contado demasiado de la Titan Desert…y la verdad es que importa poco. Esto no tiene nada que ver con la Titan Desert. Es circunstancial que ese nombre esté adornando estas páginas. Podía haber sido cualquier otra carrera de resistencia, cualquier otra meta. El donde importa relativamente, esto trata del porqué  y del cómo.

Esto que estás a mitad leer (si no te has dormido o aburrido antes) en una historia de un reto de superación personal. No tiene nada que ver con el éxito, con un trofeo, con un reconocimiento, con el ego… eso son gilipolleces. Es todo mucho más sencillo.

He entrenado estos meses como un poseso y voy a sufrir como un perro para demostrarme a mi mismo y a nadie más que me puedo marcar un objetivo duro, difícil, muy por encima de mi nivel, y llevarlo a cabo.  Y porqué? Porque soy capaz. No es competitividad, es ansia de superación, es deseo vital.

Igual lo que realmente te parece una gilipollez es lo que estoy haciendo, y seguramente no te falte razón, pero el caso es que ya no hay vuelta atrás.

El cómo es sencillo: vamos a ir juntos los dos, Prats y yo, siempre, pase lo que pase. Está bastante más fuerte que el menda y podría ir más deprisa, pero desde el principio dijimos de ir juntos, para ayudarnos y apoyarnos. Y así será.

Además guardo un As en la manga, y es mi capacidad de sufrimiento. Que es grande, muy grande. Entrenada en largas jornadas de montañismo, en durísimas rutas de enduro y cicloalpinismo, donde en ocasiones tenemos que cargar a la espalda con nuestra bici durante varias horas…

Y seguro que voy a tener que echar mano de esta cualidad muy a menudo.

Así que venga, al turrón…

Estamos en Errachidia, muy al sur de Marruecos, y tras recoger el equipaje en el aeropuerto de bolsillo al que hemos arribado, la organización nos mete en unos autobuses con destino nosedonde. Una organización muy peculiar por ahora, sus integrantes se dividen entre raza blanca-Coronel Tapioca y raza árabe-currante. Vamos, imperialismo puro y duro.

Un par de horas y varias cabezadas después me entero que nosedonde es en realidad Erfoud (o Arfoud), una localidad famosa por ser “la puerta del desierto” y por tener unos complejos hoteleros descomunales y lujosos hasta decir basta. Y si, con bastante vergüenza ajena viendo lo que rodea dichos complejos, allí nos alojamos (cuando digo lujo, es LUJO: http://www.xaluca.com/es/hotel/arfoud/ )

Nos reparten, nos dan indicaciones, y a ello sigue una gymkhana de firmar papeles, recibir objetos, realizarse fotos, repetir continuamente el monosílabo “si”, encontrar la bici, hacer que te la monten y poner buena cara. Finalmente nos dejaran un rato para sestear (que falta nos hace) y  por la tarde-noche nos sientan a todos en una maravillosa sala donde nos explican todo aquello que quieren que sepamos: que son muy guapos, muy listos, muy buenos… que tratan muy bien a la gente de aquí, que el desierto es un ecosistema delicado y hay que mimarlo (se multará o descalificará a cualquier insensato que tire basura durante las etapas)… ah, y que es la edición más dura de largo, que vamos a pasarlas putas para acabar.

Supongo que lo esperado…

De aquí a la cama rapidito, que hay que dormir todo lo que se pueda, mañana empieza el baile…

A todo esto, hace calor…aunque Prats diga que tiene frío.

Etapa 1

Son las 7 y media de la mañana y estoy sudando de calor, con la gorra calada, vestido de carnaval y en la última fila de la línea de salida.

Rodeado de ciclistas (bikers desde ahora) de todo pelaje, que sin embargo tienen algo en común: están infinitamente más fuertes que nosotros.

Desde el desayuno a eso de las 5 no hemos dejado de ver ya a la gente en culotte, y estamos flipando en colores con las patas que hay… gemelos con venas como mi pulgar, muslos que parecen una lección de anatomía, finos como pajaricos… donde me he metido??

Media hora después me encuentro brincolin sentado en el suelo, sacándome kilos de arena de los calcetines, regalo del inicio de la etapa: un paso de apenas 2km por un fotogénico cordón de dunas que sirve única y exclusivamente para jodernos la marrana y para que las docenas de fotógrafos y periodistas saquen instantánea tras instantánea mientras los bikers pasan a su lado corriendo bici en mano. O andando, como nosotros.

Hemos salido los últimos de las dunas, y tenemos el dudoso honor de ser los últimos en pasar por el primer punto de control de la carrera. Fotógrafos y voluntarios nos aplauden con esa sonrisa inevitable que radiografía lo que piensan: “qué poco vais a durar, chavales”

Continúa la etapa por una zona llana de pistas arenosas donde la rueda se hunde y cuesta avanzar. Cuesta por el calor, por el aire de cara. Y cuesta porque no voy…

No llevamos ni 15km de los 90 de hoy y ya se que no voy. A paso burra, las pulsaciones las llevo por las nubes. A paso caracol también. No digo nada pero veo que Prats está preocupado, el va silbando… al menos hemos adelantado a unos pocos y no somos los últimos, es un consuelo vano, pero es lo que hay.

No hay ganas de echar fotos, ni de hablar, ni de nada. ¿Cómo es posible que en una etapa que pensábamos que sería de calentamiento vaya casi a todo lo que doy y no hemos hecho ni 30km?

Si, son ya 30, primer avituallamiento y tengo muy claro que si no estuviera Prats aquí me bajaría de la bici y abandonaría. Esto no es normal, la cabeza no me va, las piernas no me van, el corazón late desbocado… no entiendo nada. Apenas me da para responder con monosílabos a las preguntas de Marcos, menear un poco la cabeza y tratar de concentrarme en dar pedales, olvidando que faltan 600km de prueba, que faltan 7h de etapa, que… da igual, simplemente trato de olvidar.

Mi mundo ha menguado, se reduce a un manillar, a la pantalla de cristal líquido del pulsómetro y a10 metrosde polvo y piedras que van pasando como el decorado de una película de dibujos animados: siempre avanza, nunca cambia.

Lentamente hemos pasado a un puñado de bikers a los que silenciosamente compadezco: si estoy como estoy, ¿cómo estarán ellos?

Paso el tiempo mirando las pulsaciones por minuto que llevo, deseando que por arte de magia bajen y se estabilicen en números normales. Pero ahí siguen, rondando siempre las 160-170. Es una barbaridad, estoy por encima de mi umbral anaeróbico… y llevo 4 horas así. Para colmo, 3 dedos de la mano zurda se me han dormido, al igual que la ingle (así seguirán hasta acabar la prueba)

Algo ha funcionado mi táctica, pues no se ni como hemos avanzado otros 20km y estamos a mitad de la etapa más o menos, en el segundo avituallamiento, perdidos en una planicie inacabable, un erial rocoso que sólo termina en la línea del horizonte…Parece plano pero no, se trata de una inacabable sucesión de falsos llanos arenosos sin solución de continuidad. Y allí vamos a que nos engullan.

Otra hora más y todo sigue igual.

Otra…

Un alto en el camino a beber y comer marca el antes y el después en la jornada. Milagrosa e imperceptiblemente me he ido sintiendo mejor durante estos últimos kilómetros. Y esa mejoría inconsciente, me ha llegado como de golpe. El cuerpo se habrá autorregulado o simplemente el sistema nervioso se ha cansado de trabajar, el caso es que lo siguientes kilómetros me encuentro mucho mejor, algo que contrasta con el espectáculo que vamos encontrando a cada curva.

Uno, dos, cinco, ocho… decenas de ciclistas, tumbados unos junto a la bici, envueltos en la manta térmica otros, siendo auxiliados por el helicóptero los menos… Parecen sombras, refugiados famélicos y ojerosos. El calor, el piso arenoso, el viento de cara y sobre todo las prisas han hecho petar a todo el rosario de bikers que hemos adelantado. Vísteme despacio que tengo prisa dicen… que se lo cuenten a los 50 tipos que hubieron de ser atendidos de golpes de calor en la etapa.

Apenas dos horas después, rondando las 8 de etapa cruzamos la meta, tímidos aplausos de los voluntarios, agua fresca, powerade frío, pies al suelo, orgullo silencioso, incredulidad.

Los últimos 20km los he hecho sobrado, no me explico que ha pasado hoy. En cambio Marcos ha sufrido al final, un flato doloroso y el cansancio han hecho mella y el final se le ha hecho largo.

Es ya pasado, ahora dejar las bicis para los mecánicos, coger hora para los ángeles de la guarda (fisios) e ir a comer.

La tarde se reducirá a: comer, ducharse, comer, descansar, fisio, cenar, charla del día siguiente, cenar, dormir. Pero entre medias hay cosas que explicar.

El Post Etapa:

Menos cansado que las 8h de pedaleo diario, aunque mucho más estresante es todo lo que viene tras cruzar la meta.

Nada más acabar la etapa sólo hay ganas de quitarse el casco y sacarse la mochila de la espalda. Justo después la organización nos obsequia con una botella de agua y otra de powerade, y con ellas, casco y mochila entre los brazos hemos de ir a devolver el roadbook de la etapa y cambiarlo por el del día siguiente. Lo normal era que una botella acabara por los suelos. O ambas. O casco y botella…

De seguido a dejar la bici al mecánico para que la pongan apunto para el día siguiente, coger hora con los fisios y de allí a los camiones donde nos dan la maleta, que pesa un quintal y tenemos que arrastrarla un rato por el campamento hasta nuestra jaima, entre arena y alfombras arrugadas por las que las ruedas no avanzan ni de casualidad…

Si soy quejica, pero con el sobo que llevas encima, cualquier cosa te parece extenuante.

Las jaimas… son jaimas, ni más ni menos. Estamos en  medio del desierto y no podemos pedir maravillas (ni soy nada tiquismiquis), pero es cierto que hay cosas que… la mitad de los colchones están infestados de chinches, y que te toquen o no es como una ruleta rusa, cada día que llegas al campamento te espera un colchón diferente, así que cruzas los dedos. A los que les toca rana se los reconoce en el desayuno al día siguiente, sus piernas son un muestrario de picaduras. Las telas y alfombras de las jaimas huelen más a choto que una borda de ganado, y cuando llueve por la noche empapan rápidamente y te mojas. Además Prats ronca como un buey con las pastillas que toma para dormir mejor y tengo que darle toques para que calle.

Dejamos los trastos en la jaima y directos al comedor, que hay que reponer energías… y muchas. La comida siempre es igual: pasta y arroz demasiado hecho, tomate, atún, queso rallado y algo de carne estofada. No está malo pero cansa… Uno o dos platos hasta arriba, y directos a las duchas.

De las duchas y los aseos (no os hablaré de ellos, sólo decir que es mejor ir a soltar lastre fuera del campamento, al desierto) salimos limpios y cambiados directos al comedor a por otros dos platos de jarcia. Luego a descansar un poco tumbados, ponernos crema en la ingle, hidratarnos con sales y demás mantenimiento… chequear internet si funciona, llamar a casa, ir al fisio a que nos apañen… y a las 20h a cenar. Si, no han pasado ni 2h desde el segundo empentón pero sigue habiendo hambre. Así que otro plato más por el buche, y a coger sitio para que los jefes de la organización nos den el briefing del día siguiente.

Una charla para que los jefes, muy pagados de sí mismos, nos cuentan las bondades de lo que les cuesta todo esto y tal y tal, de lo bien que nos cuidan, de lo espectaculares que son las etapas, etc…

Patrañas. Venden su producto y vale, es normal, pero sin pasarse… a veces roza la vergüenza ajena. Que te digan todos los días que no hay que tirar cosas al desierto, que si se viene repitiendo tomarán medidas (que nunca tomaron) y resulta que nosotros, que somos del pelotón de cola, vemos continuamente kilos y kilos de basura esparcida por el recorrido… botellas vacías, cámaras pinchadas abandonadas, cientos de envoltorios de barritas energéticas, bombas de hinchar rotas, cubiertas rajadas, de todo… ese es el legado que deja la Titan Desert en el desierto. Tanto que se les llenó la boca el primer día con el manifiesto de compromiso con el desierto para esto.

Está prohibido llevarse botellas de los avituallamientos pero resulta que los 10km posteriores son un reguero de envases vacíos o a medio beber. Es ASQUEROSO ver cómo queda todo al paso de los cafres que son los corredores, con el consentimiento total de la organización. Organización que recoge algo, pero ni mucho menos todo, ni mucho menos.

Que la arena del desierto lo tape todo luego… las quejas marroquíes ya se encargarán ellos de taparlas…

Tras el briefing otro plato de comida más, y a la cama rapidito que a las 5h empieza de nuevo el baile…

Etapa 2

Hoy toca un cambio respecto al primer día, y es que nos encontramos en el inicio de las 2 etapas maratón: tenemos que cargar con todo para las etapas de hoy y mañana, además de lo necesario para pasar la noche… Cada cual se lo monta según el peso que quiera cargar… la mayoría un mini-saco de dormir, los menos esterilla y algunos nada de nada… todo ello atado al cuadro de la bici con bridas, ese gran invento.

Aparte ración doble de barritas y geles, la muda para el día siguiente, algo de abrigo para la noche… muchas cosas, demasiadas… el peso se nota, sobre todo en el coco.

El inicio de la etapa es rápido, una pista llana y de seguido un tramo de carretera ondulado donde se puede pedalear bastante bien. Me encuentro mucho mejor que ayer, aunque el inicio de etapa voy con el freno de mano puesto, que aún falta un mundo. Hacemos una parada larga en el primer avituallamiento para arreglar la bici de Marcos, y salimos los últimos de allí. Poco a poco iremos adelantando gente, primero por un falso llano arenoso y aún más en un repecho durísimo y pedregoso de 1km que hay que hacer a pié. Lo culmina un collado que abre paso a un amplio valle totalmente plano, flanqueado por grisáceos montes que asoman en lontananza. Valle marrón tierra por donde avanzamos a buen ritmo, adelantando grupo tras grupo de ciclistas, cruzando pequeños oueds (cauces de río secos y pedregosos), y viendo acercarse las casas de un pueblo en la lejanía. Cruzarlo es un alboroto de gente animando (o riéndose), a grito pelado los niños, más pausados los adultos, o calladamente bajo su velo las mujeres.

Es curioso que de este pueblo guarde los recuerdos quizá más nítidos de toda la prueba. Es por la gente. Me recordaban a mí de crío, cuando veía pasar embobado la vuelta a España o a Aragón por las calles de Ainsa, gritando sin conocer a nadie, esperando un botellín en la cuneta. Los niños extendían la mano para que se la chocaras,bounce house for sale muchos hombres nos miraban callados, torcida la sonrisa en la boca, y los ojos sobre los velos transmitían más que cualquier otro gesto o palabra. No está tan lejos de lo que era la España rural hace 25 años.

Otra parada larga en el segundo avituallamiento, y desde aquí, a 40km aún de meta, la jornada se me empezó a hacer cuesta arriba… dolía el culo, dolían los ojos de no ver  nada más que una explanada inacabable surcada de matorral, dolían las piernas y el estómago, una especie de pájara extraña que no iba a más, que me permitía pedalear, pero que ni mejoraba ni empeoraba con el paso de los kilómetros. El tercer y último avituallamiento, a 12km de meta, venía seguido de un tramo de carretera ascendente que se me hizo eterno, y finalmente de un rodeo estúpido cerca del campamento que me hizo maldecir a la organización al completo.

105km habían acabado, cosa por la que no daba un duro 8 horas antes. Como tampoco lo daba por acabar al día siguiente, 145km tras mal dormir y sin fisios para recuperarte las piernas.

Etapa 3

7h35min y estamos ya listos para salir, una odisea de noche que es ya pasado entumece aún nuestros cuerpos, que se debaten entre el agradable sol que nos templa y la certeza de que pronto lo echaremos de más.

Segunda parte de la etapa maratón, sacos embridados al cuadro, rostros ojerosos, mantas térmicas arrugadas… la noche fue crítica, con lluvia y frío, durmiendo en exiguos sacos entre el cielo lluvioso y el suelo pedregoso. Suerte de las mantas térmicas de los botiquines, que menguaron el sufrimiento de la lluvia, pues dormíamos casi al raso y llovía con viento. A punto de evacuarnos estuvieron…

La etapa empieza. 145km. Pero no. La especial es de 136km. Los primeros 9km son neutralizados, no cuentan. Que se lo digan a nuestras piernas.

Sin tiempo a que lleguemos los últimos al punto de salida, la gentil organización da la salida real a la etapa. Ahí vamos, pienso, amiga agonía, bienvenida.

Vamos a subir, sin pausa primero, levemente por el fondo de un valle estrecho, para un rato después tomar un puerto de montaña que nos cambiará de valle. Seguimos siendo de los últimos, pero el panorama de acompañantes ha cambiado, son rostros nuevos, bicis nuevas. Muchos de nuestros vecinos de fatigas ya han abandonado, el cansancio o el fuera de control han hecho mella.

Marcos me ve sufrir las 2 primeras horas, me cuesta calentar el cuerpo al inicio de la etapa. Aun así vamos dejando gente (poca) detrás mientras avanzamos por un terreno ondulado donde cuesta coger el ritmo. Y más con un Patrol de periodistas siempre por medio, adelantándonos en los llanos y molestándonos en los badenes y repechos. Hartos de su fastidio, los mandamos por ahí con bastante cabreo.

Pasado el primer avituallamiento el cuerpo empieza a responderme, apenas llevamos 33km y quedan más de 100… un tramo encañonado da paso a una curiosa zona de sembrados de cereal. Curiosa porque está por encima de los 1500mt. Y porque si te dijeran que es Soria o Badajoz, firmarías que si. Este tramo es un inacabable ascenso, más de 30km, pero apenas a un 3-4% de desnivel, que vamos ganando relevándonos y ayudados del aire a favor, que parece querer compensarnos por el primer día.

La fauna en esta parte de la etapa es la más prominente de la carrera, si bien bastante diminuta: ratones, tortugas terrestres, lagartos y serpientes, y multitud de escarabajos. Hay que ir con cuidado para evitar pisarlos.

Finalmente, el ascenso toca a su fin. Han sido varios collados atravesados hasta ganar el bueno, el que ya nos conduce cara abajo… Y si, desciende, pero engañosamente. Si no pedaleas, la bici se para. La pista se agarra y la pendiente es muy escasa, pero es a favor. Como el aire, así que vamos devorando kilómetros con rapidez, cada minuto que pasa me encuentro mejor, y los tramos de preciosa estepa que nos conducen al segundo avituallamiento se convierten apenas en un espejismo de lo rápido que pasan.

Llenado el depósito, nos lanzamos a por un monótono paisaje. Quedan 60km y los 15 primeros van a ser una planicie herbosa por la que se ha hecho pasar una pista tirando de compás y regleta: recta como una vela. Avanzamos prestos, y repentinamente se acaba. La llanura muere en unas graveras y mares de piedra que forman oueds serpenteantes, farallones despiadados y agudos precipicios. Entre todo ello desciende una pista de pura roca, que atravesando fajas y pequeños prados, barranqueras y cañones, nos deposita en una nueva llanura. Esta mucho más irregular, y completamente preñada de piedras. Recuerda a las zonas más áridas de Guara, pero sin desniveles.

Es aquí, en terreno técnico, donde más disfruto. Atravieso escalones y rocas a toda velocidad, trepo rampas irregulares como una cabra, mi Canyon me deja alucinado, pues había empezado con tiento la parte abrupta y como veo que responde, y responde, le meto cada vez más caña. Adelantamos más grupos, y Marcos tiene que gritarme que pare porque los voy dejando atrás en cada zona comprometida… Tras 2 días y medio de bici por fin estoy gozando con el terreno… y con la bici, vaya pepino!!

Poco a poco disminuye el terreno pedregoso y técnico, nos adentramos en lo que serían con agua unos humedales pero que no es más que un gran río completamente seco (oued) y multitud de afluentes o ramales que cortan los meandros. Nosotros nos dedicamos a fluir por el terreno, ondulado y divertido como un parque de atracciones… Casi siempre en ligero descenso, tomamos una sucesión interminable de curvas y contracurvas, de cruce de cauces, de rápidas y cortas rectas, de trampas arenosas… Es muy agradable y nos comemos los kilómetros a toda velocidad, creo que nunca habremos estado tan delante, igual hay 80-100 bikers a nuestras espaldas…

A poco más de 25km de la meta, ya ampliamente superados los 100km de etapa, realizamos una parada en el último avituallamiento, no hay prisa y vamos más que sobrados de tiempo… Marcos no está tan fino como yo, así que con tranquilidad. Comemos y bebemos bastante, mucha gente nos adelanta de nuevo, a quién le importa??, y cuando Prats da el OK seguimos.

Rápidamente llegaremos a un lugar alucinante… el Plateau de Rekkan, una vasta e inacabable planicie arenosa salpicada de matas herbosas duras como alambre. Es un lugar peregrinado por los pastores bereberes que viajan nómadas siguiendo a su ganado. No me explico como ambos, pastores y ovejas pueden vivir aquí. Cientos de kilómetros cuadrados olvidados de la mano de dios, a 1250m de altitud con unos contrastes de temperatura brutales.

El suelo es arenoso, pero una arena compactada con sólo una fina capa bailando libre al son del viento que azota el lugar.

Los kilómetros por el Plateau, sin prisas y despacio porque Marcos no iba muy cristiano parecían un paseo por un parque algo surrealista. Disfruté inmensamente surcando ese territorio con tiempo para saborearlo, una gozada.

Y así, 145km y algo más de 7 horas después, llegábamos al campamento en medio del Rekkam. 3 de 6, media Titan Desert vencida, más de la mitad del kilometraje ya recorrido. Y de nuevo había perdido mi apuesta conmigo mismo.

Etapa 4

Se acabó el acarrear con tanto trasto, saco de dormir y mudas a la maleta, por fin!! Y fisios en el campamento!! Nuestras piernas los necesitaban, sobre todo Prats, flojete, jejeje.

Hoy es la etapa reina del recorrido marroquí, más de 100km, poco desnivel pero una terreno intermedio muy muy duro, o eso nos cuentan…

Añadidle que nuestros culos están ya en las últimas, como más de la mitad de los ciclistas. Llagas, abiertas en muchos casos, que hacen de sentarse en el sillín un martirio. Levantarse es peor, pues sólo el volver a apoyar de nuevo el trasero en el sillín hace que salten lágrimas de dolor.

Hoy hemos recurrido al doble culotte, con el usado por encima del nuevo, vaselina entre ambos y en la piel… pero aún así el dolor es inimaginable. Cualquier piedrecita, cualquier ondulación del terreno, resulta insoportable. Apretar los dientes, cerrar los ojos con fuerza y poner todo el cuerpo en tensión es la manera de tratar de minimizar algo los latigazos de dolor. Poco…

Desde las 5 de la mañana hasta las 7,30h el campamento médico está lleno de gente que se va a curar la entrepierna y a poner parches en las llagas abiertas. Marcos ya ha ido, yo sólo lo haré para la última etapa.

Empezamos a pedalear buscando el extremo del Plateau de Rekkan por las ya familiares llanuras inabarcables. Los primeros kilómetros son sencillos, pero aún así cuestan. Tras el primer avituallamiento, a los 20km, la pista que seguimos toma un falso llano ascendente y arenoso, la antesala del infierno.

El cuerpo se nota cansado, las piernas pesan, todo duele, desde los pies hasta el cuello, pasando por hombros, brazos, desde los primeros kilómetros hay que concentrarse en el sufrimiento, si te relajas un momento el cuerpo deja de dar pedales, las piernas ya no se mueven a órdenes inconscientes, eres tu quien ha de empujarlas con el pensamiento, cada giro del pedalier cuesta un mundo, el dolor se cuenta en gotas de sudor, el empeño en arrugas en la frente, el avance en metros, los kilómetros son tan eternos que apenas puedes concebirlos.

Llegamos a unos árboles que llevan ratos riéndose de nosotros en la lejanía. Especie de carrascas retorcidas entre lomas y roca, mucha roca. En apenas unos metros la pista de arena se convierte en una trocha irregular como la quijada de un lobo. Puntiagudas piedras de todo tamaño sobresalen del terreno por doquier, el avance se vuelve mucho más lento, sorteando las más grandes, zigzagueando en pos del mínimo esfuerzo. El lugar parece una dehesa extremeña donde las piedras hubieran proliferado cual plaga bíblica. Y conforme avanzan los kilómetros empeora. Y mucho.

Van a ser 20km de este terreno inhóspito y desolador, pero aún así en parte cultivado, pues pronto veremos campos de cereal y muchachos bereberes, decisivos actores de la etapa de hoy.

Pedaleamos a menos de 10km/h entre más piedras, a las que se les han unido las raíces que cruzan la pista, completando un pack terrible. Voy marcando el ritmo a Marcos, más callado que de costumbre, mal pinta. Incluso es el quien pide los descansos. También es comprensible, el va en una bici rígida, mucho más dura e incómoda, mientras que mi Canyon de doble suspensión es infinitamente más cómoda y tracciona mucho mejor en este terreno. Son 4 etapas muy duras y cero problemas con la susodicha, realmente Nano no me engañó, es tan pepino como aparenta.

Tras cruzar un sembrado, en una intersección, la pista se torna sendero, que se va estrechando progresivamente por una agreste ladera. Cuesta pedalear aún más si cabe, pero me alegro de un poco de singletrack que da más emoción al manejo de la bici. Pasado 1km el sendero desaparece casi completamente, apenas trazas de ruedas marcan por donde han pasado nuestros precedentes. Parece extraño. En seguida nos juntamos un grupo de media docena de bikers, los que vamos buscando el camino a prueba y error. Tirando de lógica y experiencia en este terreno voy encontrando las marcas de roderas por los tramos más propicios, pero enseguida queda claro que estamos tan perdidos como los que pasaron antes que nosotros por aquí. Volver sobre nuestros pasos no es una opción, no sabemos donde nos desviamos y perderíamos mucho tiempo.

El gps marca un control de paso a 4-5km en línea recta, qué hacer??

Yo lo tengo claro, no se ve camino, es todo monte a través, así que recto como una vela, siempre que se pueda, pero atentos a buscar las zonas de monte que puedan ser más fáciles para empujar la bici (o llevarla a cuestas, como es mi caso). Bajamos una ladera hasta una vaguada, para continuar un buen rato por ella, y en el collado que la cierra espero ver algo de mundo… pero nada, más monte cierra el horizonte. Un vistazo al gps para cerciorarnos del rumbo y adelante.

El terreno se abre un poco, en ocasiones es posible hasta ir montado, y ya pasamos por algo parecido a bordas, signos de civilización!!! No queda mucho hasta que nos crucemos con una pista que, magia!, tiene marcas de la carrera. Ya nos hemos encontrado! Un vistazo a las roderas nos dice en qué dirección hay que ir (si vamos para atrás la jodemos bien) y así tras casi 2 horas de vagabundeo por la sierra retomamos el recorrido…

Marcos sigue muy callado, y en los apenas 4km que faltan hasta el avituallamiento, la cara le pasa de cansada a extenuada. Apenas le da para pedalear, por más lento que voy, el va más. No sin esfuerzo llegamos al camión del agua, donde pararemos por espacio de una hora, para que vaya recuperando. Muchas sales, comida, sentarse a la sombra…

Me llego a preocupar, dice cosas inconexas, el tarro le rige regular, está apajarado y casi desorientado.

Mientras se va recuperando, nos enteramos que los chicos bereberes han cambiado las marcas, y salvo los 8 primeros todos los demás nos hemos perdido. Nos cuentan también que algunos perros salvajes han atacado a un par de bikers y los chicos han tirado piedras a varios más. Es una putada pero hasta cierto punto los entiendo: eres pobre como las ratas, y ves pasar por tu casa, por tu tierra a unos tipos que parecerán marcianos. Les pides cosas y ellos poco menos que pasan a toda hostia a tu lado sin mirarte y espantando al ganado, suerte tienes que no te atropellen… Pues nada, que os jodan, os la vamos a dar con queso, por simpáticos. En su lugar puede que hiciera lo mismo. Es lo que tienen las carreras y las prisas…

También nos cuentan que aún debe haber 50-60 bikers perdidos por la sierra… menudo percal para la organización, esa que lo tenía todo cubierto al detalle… Por suerte todos aparecen tarde o temprano, y no hay nada que lamentar aparte del susto. Por supuesto las culpas durante la noche nos las echarán a los ciclistas, por no mirarse el roadbook y fiarse de las señales de la organización, pues según dicen la Titan Desert es una carrera de orientación.

Listo, si fuera así no pondríais las señales, y los Heras, Pereiro y compañía no vendrían y le darían caché a la prueba, que es lo que buscáis. Porque las señales son por ellos, para que corran y no tengan que preocuparse de buscar la ruta correcta en el roadbook. Pero claro, autocrítica cero, para variar. Otra cagada de tantas.

Nos ponemos en marcha, Marcos parece ya más recuperado, pero se nos han estropeado los cuentakilómetros y no tenemos muy claro cuántos kms quedan exactamente… suerte que finalmente el mío quiere ir mal que bien y más o menos nos apañamos.

Pasa otra hora de pedaleo por pistas más finas pero igualmente rompepiernas, el sufrimiento y el dolor son un murmullo quedo que suena a la par que giran las ruedas, la desgana llama al desánimo, pero si hemos pasado lo de antes, podemos con todo. Claro que si, con paciencia y sin prisas voy tirando de Marcos, animándole. Hoy las tornas han cambiado y debo ser yo el puntal, como el lo fue antes. Como dijo Lance Armstrong, “El sufrimiento y el dolor son pasajeros, rendirse es para siempre”

Y continuamos, continuamos… y volvemos a continuar.

Lentamente llegamos al final de la meseta en que estamos, ya vemos acantilados que se despeñan hacia una nueva llanura que nos aguarda al fondo. Cascadas de árboles discurriendo por abruptas laderas, profundos barrancos cicatrizan el fin de la meseta, y por uno de ellos nos tiraremos pista abajo.

Por mucha bajada que sea, sigue siendo matador, controlar la bici más sufrimiento, los brazos no dan más de si, se cargan y flaquean. 10 km descendiendo por una pista muy rota, sin ganas más que de acabar el día… se pueden hacer eternos. Paramos y le estiro las piernas a Prats, se le han subido los gemelos del todo, su cara es un poema, aún no sé como sigue en pié, pero estamos tan cerca…

Tras la bajada el tramo final es una pista ondulada que en pocos kms nos dejará en el campamento. No deben faltar ni 2km cuando hacemos la última parada. Marcos apenas puede seguir, quiere comer algo, y ahí en unas rocas, con el campamento ya a la vista reposamos un cuarto de hora, que aprovecho para desandar un tramo hasta unas casas donde juegan unos niños y darles las barritas que aún me quedan y que hoy ya no utilizaré. Les harán mejor aprecio que yo, seguro.

Finalmente, juntos como siempre, cruzamos la meta de la cuarta de las 6 etapas de que consta la carrera. Sólo quedan 2, y la de mañana es corta, y es la última en suelo marroquí. Esto está hecho, pienso.

Cuánto me equivoco.

Etapa 5

Desde luego, que mañana regresemos a España, aunque sea para continuar pisando pedales, ha levantado el ánimo de la gente. Puede sentirse en el ambiente del campamento: el cielo brilla más, la comida sabe mejor, el culo no duele más, pero los baños siguen oliendo fatal. Además la organización nos ha dicho que han contratado un barco para nosotros, para que crucemos el estrecho y descansemos de cara a la última etapa. Por sus palabras, parece que lo han construido a propósito.

A las 8h nos ponemos en marcha, en busca de la rutina habitual, primera hora de sufrimiento y luego poco a poco a encontrarse mejor. Hoy el recorrido será corto, a mediodía habremos acabado.

El trabajo de los fisios por las tardes es maravilloso, aunque grites, los maldigas y sufras casi como encima de la bici, esa media hora de “cuidados” te renuevan para el día siguiente. Sin embargo, algo en mi renovación para hoy no ha ido bien, porque me siento fatal. Fatal.

Será que hoy hace mucho calor y a las 9 de la mañana estoy sudando como un condenado, será que me falta mentalización para hoy al ver que la etapa es tan sencilla, o será que soy un quejica y un flojete.

El paisaje tampoco ayuda, pues nos movemos todo el día por el extrarradio de pueblos y ciudades, entre construcciones abandonadas, cultivos secos y restos de pobreza. Apenas unos kilómetros sin ver civilización en el horizonte, más que el recorrido de una “carrera épica” parece la jornada de un repartidor de paquetería.

Así que con paciencia, decepción y aburrimiento nos vamos acercando a la meta. La única emoción del día la ponemos nosotros mismos al saltarnos un cruce y meternos de frente en una ciudad. Suerte que antes de cagarla mucho un paisano nos dice que por ahí no haremos camino, y dando media vuelta pronto estamos en ruta.

Los últimos kilómetros los hacemos por entre chabolas, basura y malos olores. Incluso nos vemos obligados a cruzar un río por debajo del puente, con el peligro del agua dando vidilla al asunto: remojarse una pierna equivaldría a perderla por putrefacción.

Y así, con semejante estampa damos por acabada la última etapa marroquí de la Titan Desert.

Vaya, resulta que cruzar la meta era sólo el calentamiento para lo que nos espera esta tarde… Nuestros jefes han reservado un área de servicio en el infierno para el post-ruta. En medio de un calor asfixiante, con el sol pegando como un demente, comienza la etapa 5bis.

Una suerte de Gynkama en la que tienes que ir a por tu maleta a un extremo del área, cargar con ella hasta la otra punta, donde recogeremos las cajas vacías de transporte de las bicis. Luego, aún sin ducharse, limpiar y desmontar las bicis, meterlas en las cajas con toda la herramienta y material, y llevarlas a cargar al camión de transporte. Seguidamente ya podemos ducharnos, pedir hora al fisio e ir a comer, que hay hambre. Siempre cargando con la maleta, claro está…

Una vez repuestos con pasta equivalente a 3 hectáreas de trigo no nos queda otra que esperar. Y esperar. Tenemos hora con el fisio bastante tarde, y hasta que acabemos no podremos montarnos en los autobuses que van saliendo paulatinamente hacia la costa, dirección Nador. Serán 2h al cuidado de un conductor suicida, cuya pericia finalmente logra el mareo de medio bus, mientras el otro medio toma en vano el nombre de su familia hasta la quinta generación.

Y al llegar a Nador, papeleo, aduanas, más papeleo y varias carreras de obstáculos con la maleta a cuestas. No se si me creeréis pero nada de toda esta aventura me ha dejado tan cansado y desganado como toda esta comedia de traslado a España a mitad carrera.

Ah, y resulta que ese barco que poco menos que fletaban para nosotros (los Titanes, como nos llaman, valiente gilipollez de nombre) no es sino el ferry-cama que hace el trayecto de línea Nador-Almería todos los días, el más barato y perrero, el que usan los marroquíes que van a recoger fruta a España. La cena es una mierda, el camarote para dos un zulo de 6m2 conectado directamente con el averno. Cero ventilación, no menos de 30ºC toda la noche.

Para colmo el briefing se retrasa, perdemos horas de sueño que hacen mucha falta por la dichosa pantomima de todos los días, que no acabará hasta pasadas las 12 de la noche. Y todo ello con la etapa más dura en el horizonte, con 120km y dos mil y muchos metros de desnivel a meternos entre pecho y espalda. O a meterse, porque yo hace ratos que tengo claro que mañana ya no salgo. Estoy reventado, muerto, se me caen los ojos de sueño, el cuerpo se me ha bloqueado, como la mente. No entiendo que la organización nos haya metido en semejante cagada de traslado. Es que llevamos sin parar desde las 6h y son las 24h. Sé que no soy capaz de pedalear 120km en el estado de extenuación en que me encuentro, apenas me da para andar…

Y ríete tu, porque el plan es que mañana nos levantemos a las 5h, cojamos un bus en Almería otra hora y pico hasta Abla, donde deberemos montarnos las bicis y re-empacarlo todo, y la salida de la etapa será ¡A las 11h!

Es flipante, esto les viene grande a la organización, cómo se puede programar semejante despropósito??? Apenas habrá tiempo para llegar a Granada,jumping castle si tienen que dar premios y todo, y la cena de fin de Titan será a las 22h, es materialmente imposible…

Han dado 10h de cierre de control para la etapa, muy poco a la vista de las pasadas jornadas, de la dureza de la que nos queda, y del cansancio extremo de la gente.

Lo dicho, compadezco a los desgraciados que aún tienen tamaño purgatorio por delante, porque yo me bajo, mi titan ha acabado en África.

Muy cabreados con todo este circo, Marcos y yo nos vamos ya a dormir. Está jodido porque lo dejo solo, se nota. Y yo estoy jodido por dejarlo solo, muy jodido.

La 1 de la mañana pasa ya cuando, tras el ritual de cremas y pastillas, apagamos la luz. No vamos a dejar de sudar en toda la noche…

Etapa 6

Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnnnnnnnnngggggggggggggggg

Vaya, justo cuando empezaba a coger el sueño… 4 horas desde que apaguemos la luz, vuelve a encenderse. 4 horas de sudor goteando las sábanas, de ojos como platos, de extrañas pesadillas. 4 horas de vueltas en la cama, de paseos al baño, de vasos de agua… 4 horas tediosas, la última de ellas con el acompañamiento de la megafonía: voz de mujer enlatada que avisa cada 5 minutos de la apertura del desayuno, de la parada de Almería y de dios sabe qué más.

Los párpados pesan como hormigón, duele moverse, hasta pensar… Marcos se va a desayunar, yo paso, me quedo tumbado en una duermevela entre mis sueños y la mujer de la voz enlatada.

Marcos vuelve, recogemos, nos cambiamos, el de ciclista, yo de turista, y dejamos este ferry infernal pisando ya tierra española. La Aduana es el paso previo al bus, siguiente estación en la secuencia de destrucción físico-mental en que nos ha metido la (des)organización. Al menos cerraré los ojos otra hora y pico, pues me siento cansado sólo de mantenerlos abiertos.

El viaje en autobús de Almería a Abla no es por tierras almerienses. Tiene lugar entre mi corteza cerebral y mi corazón, a través de conexiones neuronales y pensamientos… Qué coño hago aquí?? Qué tipo es este que abandona a su compañero? Acaso no he venido a sufrir, a ponerme a prueba, a pedalear? Y abandonar sólo por sentirme cansado, aunque sea extenuado?

Realmente la cabeza me hace un click en este trayecto, es el momento más importante de la semana, sobrepaso una capa, una barrera en mi mente y llego más allá, crece exponencialmente mi determinación. El cansancio pasa a un segundo plano, lo cubro con una capa de indiferencia.

Había rumiado mucho el no salir hoy, no había sido una decisión nada fácil, pese a que pudiera parecerlo, y ahora toda esa lucha mental parece una tontería ante la claridad con que veo lo que tengo que hacer. He venido a pedalear, y voy a pedalear. Joder, es algo que me gusta, me apasiona, porqué voy a tener que dejar de hacerlo? Porqué tirar la oportunidad de ciclar por Sierra Nevada? Por cansancio??? Ni hostias, me subiré a la bici y hasta donde llegue. Tengo claro que no acabaré, pero voy a seguir hasta que me caiga de la bici por puro agotamiento, y aún entonces volveré a subirme, y seguiré hasta volver a caerme. Hasta que no pueda más.

Hemos llegado a Abla, casas blancas al abrigo de montes pelados, cielos azules, sol dolorosamente caliente. En una fábrica abandonada más propia de Mad Max recogemos nuestras bicis y nos disponemos a montarlas para darles el último apretón. Ambos?? Si, Marcos se sorprende de verme desembalar la bici, sabe la que significa y se relaja mucho más al saber que cuenta conmigo. Juntos hasta el final, como nos comprometimos. Por supuesto.

Acoplar dirección

Alinear y apretar potencia

Colocar pedales

Montar e hinchar ruedas

Colocar tija

Chequear pastillas y discos de frenos

Comprobar presión de amortiguadores

Aceitar la cadena

Preparar la mochila

Meter todo lo demás en la maleta y llevarla al camión.

Con la bici a punto de nieve, la próxima parada es el campo de fútbol de Abla, donde el ayuntamiento y unos impagables voluntarios nos han preparado un desayuno de verdad, poco que ver con el que había en el ferry. Más de uno les debe el acabar la Titan Desert. Finalmente se acerca la hora de la salida, y por fin a las 11h se da el banderazo de inicio a la última etapa (por supuesto regado por unas grandilocuentes palabras de la organización, que viene a decir que la Titan es lo más grande que le ha pasado a este pueblecito), punto y seguido a nuestras penurias.

De salida, en la frente. 15km por una rambla arenosa y sucia en la que cuesta avanzar, más si contamos el aire en contra. El cuentakilómetros se ha vuelto loco y no funciona, las pulsaciones se disparan, cada pedalada es una oda al dolor de piernas, cada bache una estación de vía crucis para la ingle. Acabo de empezar un tormento, el acceso a un nivel superior de sufrimiento, de dolor. Cada curva al fondo es la meta que debo cruzar antes de rendirme, el punto al que debo llegar para elegir si me paro o continúo. Una y otra vez continúo.

Salvada la rambla, un mar verde nos recibe. Inmensas plantaciones de verduras se extienden a ambos lados de la pista, que vira como un pato mareado: recto, izquierda, recto, izquierda, derecha, derecha, recto, derecha… Al menos los cruces disipan la monotonía y se hace más sencillo el avance. Mi cuerpo, como en todas las etapas, se ha ido encontrando mejor y pasada la primera hora y media funciona ya a velocidad de crucero: sufriendo, pero no agonizando.

Con las montañas en el horizonte, el recorrido ha aprovechado para tendernos emboscadas: La planicie que nos acompaña está surcada de vastas cicatrices, arroyos de montaña cuya fuerza erosionó profundos barrancos que ahora hemos de sortear. En una prueba como esta de puro fondo, los esfuerzos explosivos que rompen el ritmo son la puntilla capaz de acabar por desfondarte, y en apenas 20km nos vemos abocados a subir (mayormente andando) media docena de repechos, a cual peor recuerdo guardo.

Ya sea trocha pedregosa, carretera, pista de tierra o directamente un talud erosionado, ya sean de 300mt o de 3km, siempre con rampas imposibles, muy por encima del 20%, y mantenidas. El calentón salvaje derivado de intentar subir montado la primera me hace no tropezar dos veces en la misma piedra: a pié, siempre.

Habíamos salido de la rambla inicial los últimos, pero tras estos ya 50km que hemos dejado atrás, una buena cantidad de bikers nos cubren las espaldas. Cruzamos un punto de control que aprovecho para quejarme airadamente del sinsentido de etapa que llevamos. Si es necesario hacer 120km y subir 3000m de desnivel para llegar a Granada, atravesando montañas y collados, perfecto. Pero hacernos pedalear 50km cuando Abla debe estar apenas a 20km en línea recta de donde nos encontramos ahora, obligarnos a salvar barrancos imposibles si internados un par de kilómetros en la llanura podríamos cruzarlos todos sin apenas desnivel, y regar todo ello con unos paisajes absolutamente lamentables, me parece un chiste malo. La columpiada de la organización en esta etapa (como en tantas otras cosas) es de primer premio.

Pero todo llega a su fin, y así el terreno rompepiernas deja paso a un puerto de montaña de verdad, por fin vamos a internarnos en las estribaciones de Sierra Nevada. Allá arriba, donde los cuervos, una sucesión de collados nos observan, ¿a cuál iremos?

Tomamos el inicio del puerto con una mezcla de sentimientos: expectación por un cambio de paisaje y aprensión porque son muchos metros los que hay que salvar, y a estas alturas ganar un metro es una odisea.

Le digo a Marcos que tire a su ritmo, que ya me esperará arriba, y comienzo a gestionarme a mí mismo. Las pulsaciones no se disparan, pero es que vamos ya tan fundidos que no es que no suban, es que no pueden subir más. Voy a 150ppm y la sensación de asfixia y exigencia es mayor que si fuese a 180ppm un día normal, descansado.

Curva izquierda… derecha… las cuento, las uso de referencia, de alivio, de todo. Apuesto conmigo mismo a que seré capaz de llegar a la que está al fondo sin parar a coger resuello, o sin mirar el cuentakilómetros. Y gano. Casi siempre.

El dolor en la ingle, de tan cotidiano, casi se olvida y se convierte en algo que está ahí pero que ya no importa. Sin embargo, sumado al cansancio que ya llevo, ha propiciado que cambie mi pedaleo en estas etapas finales: ahora mi cadencia es muy lenta, abuso de desarrollo, sólo porque una pedalada menos es un doloroso roce menos. Y porque me cuesta tanto mantener una cadencia ligera que prefiero ir atrancado.

Atrancado y sin fuerzas, pero los kilómetros pasan. Verdaderos esfuerzos mentales para no detenerme tras cada 10 pedaladas, para no sentarme en el suelo 5 minutos, 10, 15… Voy grogui, pedaleo por inercia, a chepazos, arrestos de voluntad en vez de impulsos nerviosos son lo que mueve los músculos. Si presiono el muslo con un dedo, siento que me clavaran alfileres, pasar la mano por el gemelo es notar punzadas de dolor.

Y hay algo que no esperaba, y me abre aún más los ojos. Al borde del colapso como me encuentro, consumido por el agotamiento, a punto de abandonar como he estado hace unas horas, voy adelantando ciclistas en la subida de manera inexorable, sistemática. Sus caras son poemas de ojos hundidos y rostros macilentos, borrones de polvo, sudor y arrugas. A muchos de ellos no los he visto en toda la carrera, y hete aquí que a las últimas desfallecen antes que nosotros.

Si yo estoy como estoy, y voy como voy, no quiero ni pensar cómo estarán ellos.

Y es que estoy realmente jodido, pero pedaleo, sigo, ando, continúo. Y además ya se que voy a acabar. Faltan 60km pero no tengo ninguna duda que acabaré, y esa alegría interior contribuye con fuerzas, y sobre todo con buen humor. Estoy feliz, sufro feliz, maldigo feliz y padezco feliz.

Marcos tampoco irá muy cristiano porque tras casi toda la subida no me ha sacado ni 50 metros, y vamos a llegar casi a la par arriba.

Si, arriba, hemos coronado, y las vistas son ya otra cosa. El panorama es diferente, un mundo nuevo.

Tierras altas desde las que otear una llanura colosal de la que venimos y que ahora se extiende a modo de alfombra bajo nuestros pies. Girando la cabeza, los montes continúan su incesante escalada hasta confluir, nervudas aristas mediante, en nevadas cimas allende los 3000m de altitud.

Y al lado, unas rocas a modo de mirador que estaban destinadas a ser asiento de nuestro almuerzo.

Es cómico, triste, doloroso, hilarante, increíble, sorprendente y así cien adjetivos dispares que, mientras sacábamos fotos en el lugar más bonito de toda la Titan Desert, mientras almorzábamos  en la gloria, en el puto paraíso, todos aquellos a quienes acabábamos de adelantar en la ascensión pasaran de largo, no ya sin un “hasta luego” o un “que aproveche” (porque eso de saludar cuando te adelantaban/as lo hacíamos nosotros y una veintena más), sino sin pararse a contemplar el paisaje, tirar una mísera foto o leer el nombre del mirador y del collado al que acababan de subir.

Supongo que es buen ejemplo de lo que son estas carreras, de lo que suponen y de lo chalados que están unos cuantos (no se si ellos o nosotros, pero está claro que algunos lo están).

Al final, cuando andábamos ya por el postre (Marquitos lleva de todo), un par de ciclistas por fin pararon a echar fotos, disfrutar del lugar y charrar con nosotros. Aleluya!!

Para cuando llegamos al mirador, habría más de 100 bikers detrás nuestro (milagro, lo normal era acabar siempre con 30-40 por detrás nuestro apenas), y una hora después, cuando reemprendíamos la marcha, no serían más de 20-30 los que aún habrían de pasar por aquí. Y sólo 2 pararon…

Lo cierto es que semejante bacanal me sentó como un tiro. El resto del día fui ya a remolque, instalado en una nube de irrealidad. Largas bajadas por pista, otro puerto de montaña, corto pero tan empinado que echemos pié a tierra un buen rato, y sobre todo un final interminable donde alternaban tramos de bajada con explosivos repechos imposibles, dejá-vu eterno que agotaba todas y cada una de las fuerzas que aún quedaban, y que ni sabíamos que estaban ahí.

Un tramo trialero (el único de verdad en toda la carrera) fue aprovechado por Prats para morrearse con el suelo, qué manera de ceprenar!!

Rallaban las nubes el cielo y el sol se escondía cuando, pocos minutos antes de las 8 de la tarde, cruzábamos la meta. Estábamos en Granada, en el Llano de la Perdiz, ante una bienvenida surrealista: en medio de un descampado, una diminuta pancarta marcaba el fin de la carrera y del sufrimiento, 2 voluntarios esperaban con apenas 3-4 litros de agua caliente que habían de durar para nosotros y para los que llegaran por detrás todavía… la pantomima era mastodóntica.

Por su esto fuera poco, habían conseguido algo realmente complicado: habíamos llegado a Granada sin ver en ningún momento la ciudad, y mucho menos la Alhambra. Marcos venía todo el día pensando en llegar a Granada viendo una panorámica fabulosa de la ciudad desde lo alto, con la joya que es la Alhambra, pero no habíamos visto nada de nada. Desolador, la organización se superaba a sí misma a cada paso. Suerte que ya se acababa, ya no les quedaba mucho más margen para cagarla.

Habíamos recorrido 120km, pero sé que igualmente hubiéramos hecho 160, 200 o los que nos hubieran echado. Al final acabas por entrar en un estado de negación de la realidad, de automatismo, de limitación de funciones, que permite al cuerpo pedalear, pedalear y seguir pedaleando. Limita el resto de gastos energéticos al mínimo para concentrarlo todo en tirar para adelante. Y con ello el raciocinio, riges lo justo para respirar y mantener un equilibrio precario en la bici, pero no sabrías contestar ni cuánto son 2+2.

Claro que aún queda la guinda del pastel: recorrer 8-10km por Granada hasta el Palacio de Congresos, donde estaba instalada la llegada “oficial” en la que subías en bici a un pequeño estrado para recoger el pedrusco que te acreditaba como “finisher” de la Titan Desert. Vamos, un pisapapeles gordo.

Y de allí otros 2-3km más hasta el estadio de Los Cármenes donde había que dejar las bicis y coger los coches de la organización que nos llevarían al hotel, al que arribamos pasadas las 21h (recuerdo, la cena de trofeos era a las 22h)

El hotel realmente era una pasada, precioso, con camas comodísimas y una ducha maravillosa a la que hicimos más aprecio que un mono a un plátano. Y entre ducharse, cambiarse, descansar algo y volver al Palacio de Congresos, lugar del ágape, se hicieron casi las 23h.

Y por supuesto ahí no espera ni Dios a los últimos, la gente ya estaba casi acabando de cenar. Un menú que esperaba con ansia, pues barato no era (a los acompañantes y familiares que quisieran acudir, les soplaban 50 o 60€), y que resultó ser la enésima cagada de la organización de la Titan Desert: comida precongelada, escasa y sencilla, tanto que el postre eran unas natillas de sobre de las de toda la vida… El vino acompañaba la mediocridad reinante, y visto el ambiente tan vacuo de la cena, Marcos y yo, en acabar nuestro rancho nos fuimos al hotel sin esperar a las entregas de trofeos y demás actos que tendrían lugar.

Al día siguiente, levantarnos a las 8h en una cama espléndida (sólo faltaría mejor acompañante que Marcos, femenino a ser posible) sin que apremie el despertador, y pegarnos hora y media de reloj almorzando en el mejor desayuno-buffet que he probado en mi vida (minipunto para la organización, aquí si) fue estar en la Gloria.

Tan sólo nos quedaba empaquetar las bicis (que los caraduras de nuestros mecánicos tenían que hacer y no hicieron, no contratéis Artsport Bikes, fatal) por la mañana, tomarnos una Alhambra 1925 en la Plaza Nueva e irnos al aeropuerto, volar a Barcelona, coger el tren a Lérida, y regresar en coche a Ainsa. Se escribe rápido pero costó algo más tanto transbordo y periplo.

Galería fotográfica

Por orden cronológico.

Epílogo

Hay tantas cosas que decir de la Titan Desert a modo de resumen, que para no dejarme mucho, haré una lista de cosas positivas y negativas.

Mejor empiezo por las negativas, que deja mejor sabor de boca acabar con lo dulce.

Negativas:

  • Muy caro para los servicios generales que ofrecen, tanto la inscripción como los complementos adicionales (no es de recibo pagar 20€ por media hora de internet, ni pagar 10€ por foto en la web, ni pagar 50-60€ por la cena final los acompañantes siendo un cubierto de regular calidad, etc).
  • Pese a que se está en mitad de la nada, algunos aspectos del campamento deberían estar mejor solventados. Especialmente respecto al agua caliente, duchas, baños, y los colchones infestados de pulgas y chinches.
  • El recorrido ha sido bastante anodino, feo en ocasiones. Se salvan la etapa 3 y parte de la 1, 4 y 6. Por lo visto el problema ha sido que los puntos de salida y llegada de la carrera eran fijos (Erfoud, Granada) y había poco espacio para la imaginación al trazar la ruta. Otros años es más bonita, se ve que hemos tenido mala suerte
  • Lo venden como una experiencia, una aventura con unos valores y un compañerismo especiales, cuando es una carrera pura y dura donde apenas alguien saluda en carrera, ayuda al que tiene un problema o es amigable.
  • Todo lo relacionado con el traslado a la península le ha venido grande a la organización (RPM events), es una salvajada hacer pasar por ello a los ciclistas. Además el barco no reunía condiciones para descansar, ni la comida que servían en el. Y el final en Granada, sin una sola vista de la Alhambra o la ciudad, es un crimen. Además ponen la cena a una hora sin pensar en los que vamos justos para acabar la etapa.
  • No es una prueba de navegación, sino que el recorrido está casi completamente marcado. Esto hace que todos dejen de lado el roadbook y cuando hay algún fallo de marcaje nos perdamos todos. O una cosa u otra, pero la indefinición es mala.
  • Hay tanto marketing detrás de la Titan Desert que cuando luego ves cómo es por dentro, decepciona. Crean demasiadas expectativas.
  • Corredores que robaban cosas de las bicis por la noche, o en la sala de carga de aparatos electrónicos (gps, cámaras, etc). Indeseables los hay en todos lados.
  • El trato al ciclista “mediocre”, que somos casi todos los 100 últimos, es muy mejorable, especialmente viendo cómo se cuida y mima a los “famosos”. Son detalles pequeños, pero todos suman y es palpable.
  • Habrá alguno más que me dejo, pero quiero acabar repitiendo lo que he escrito en el texto: es LAMENTABLE, VERGONZOSO e INDIGNO cómo queda el desierto a nuestro paso. Las cantidades ingentes de basura que los corredores dejan (me niego a incluirnos aquí con el resto) a su paso me dejó con una sensación de cabreo y mala leche difícilmente transmisible en palabras. Y por supuesto no se recoge, se limpia la parte cercana a los avituallamientos, pero nada más. No puede ser que a RPM Events (la organización) se le llene la boca hablando de respeto a un medio tan delicado, frágil y bello como el desierto, mientras los corredores lo llenan todo de porquería, de manera completamente innecesaria. Hay lugares de auténtica vergüenza ajena en cuanto a basura. Lo repetían todos los días pero nadie hacía ni caso, y ellos no tomaban ninguna medida para solucionarlo. Por supuesto ellos no tienen toda la culpa, la principal es de los propios corredores, muchos de los cuales son unos guarros indeseables. Pero su deber es ponerle coto y no lo hacen. Sobre todo porque muchos de los menos cuidadosos son los que luchan por las primeras posiciones y claro, no van a echar de la carrera o multar a según quien. Y parece que los responsables  marroquíes o  no lo saben o hacen la vista gorda. Cámaras pinchadas, cubiertas rajadas, bombas de mano, cartuchos vacíos de co2, botellas de agua y powerade, bidones, plásticos, envoltorios de geles y barritas… Que la arena lo sepulte. Que el marketing lo oculte.

Positivas:

  • Es una experiencia enriquecedora, conoces gente maja, y si eres un pringadillo como nosotros, realmente pones a prueba tus límites.
  • Siempre es un placer conocer sitios nuevos, y las pocas zonas bonitas que atravesamos, realmente eran muy bonitas.
  • Los voluntarios se portaban de maravilla, unos cracks. Y los currantes de la organización igualmente (que no los jefes).
  • El campamento, con todas sus limitaciones y defectos, no deja de ser un lugar diferente, magnético y con su punto de “aventuresco”.
  •  Los marroquíes, gente educadísima y respetuosa, sonriente y afectuosa. Podríamos aprender mucho de ellos.
  • La comida es casi siempre la misma, y no pueden pedirse maravillas, pero la hay en cantidades industriales, los horarios de comedor son amplísimos y es imposible que nadie se quede con hambre.
  • Los avituallamientos tienen líquido de sobras, y da una tranquilidad inmensa.
  • El servicio médico es muy bueno, en todos los sentidos.
  • Seguro que me dejo algo, pero para acabar, remarcar que pese a todo lo malo vale la pena la experiencia, las cosas buenas

En resumen, y para acabar, una experiencia enormemente enriquecedora. Ni por un momento me arrepiento de haberla realizado, todo lo contrario… no me gusta competir, pero esto era competir contra mí mismo en mi interior, y eso te ayuda a avanzar como persona, a replantearte tus capacidades, y a darte cuenta de que se puede llegar mucho más lejos de lo que uno se cree. El aguante del cuerpo humano es casi ilimitado, sólo hay que convencer a la cabeza de que acompañe. A mi me ha abierto los ojos, en el sentido que ahora sé que soy mucho más fuerte, y mi convicción también.

Eso sí, no pienso volver.

Pero es cierto que ya estoy investigando más carreras/marchas de este estilo, en busca de una que me cuadre, quien sabe, tal vez…

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28 Comments on "TITAN DESERT"

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11 years 1 month ago

Sobre la aventura en Mongolia…

La etapa 7, ¿quien es el enfermo que ha diseñado la etapa 7? 2800 metros de altura, cuatro puertos, rios secos, un desnivel del 29% !!!!. Eso sí, tienen el detalle de dejarte 11 horas para acabarla (y es la septima, o sea, llevas seis palizas encima)

Uno tiene que asumir sus limitaciones, yo no puedo hacer eso…

Guest
Jorf
11 years 23 days ago

Gracias a todos por vuestras palabras, leyéndoos ha merecido la pena la paliza de escribir semejante montón de líneas. Y mi ego ha crecido jejeje. Me encantaría poder ir Mongolia, le tengo echado el ojo si bien por fechas es imposible. Sí que he mirado cocodrile trophy de australia y alguna más, Pero el año que viene seguramente mis vacaciones ciclistas vayan encaminadas a un ruta por etapas a nuestra bola, tipo vía de la plata, Danubio, camino francés o algo por el estilo… Por cierto, la organización me ha mandado una foto chulísima mía y quería colgarla en este… Read more »

11 years 20 days ago

A ver si mañana la edito incluyéndola en el post. Y aprovecho y edito la página de darkbeat23 son los últimos podcast de sus programas de los viernes en MRF. Y ya de paso creo la de nuestro recien estrenadado nervik

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