CAPÍTULO XII. Cuento de Navidad: Mr Grunge.

CUENTO DE NAVIDAD

Para los ángeles de las ondas,
Ramón Trecet y Andrés Montes

Haendel – Overture “To Messiah”

Empecemos por decir que Andrés había muerto. De ello no cabía la menor duda.* Agentes del Grupo V de Homicidios de la Brigada Provincial de Policía Judicial y Policía Científica y una unidad del Servicio de Urgencias Médicas de Madrid (SUMMA 112) certificaron su muerte. Nunca fui capaz de imaginarlo desnudo hasta que la misma cadena de televisión que no le renovó el contrato por motivos de reestructuración dio la noticia. Ya no recuerdo quién fue el periodista que leyó la noticia. De hecho no recuerdo si era él o ella. Lo que sí soy incapaz de olvidar son las palabras que pronunciaron con una fría obscenidad de forense: su cadáver ha sido hallado desnudo sobre la cama y sin signos de violencia. Esa fue la última imagen que se retransmitió de Andrés. Lo hicieron con palabras, pero una palabra es más nítida que una fotografía. ¿Acaso lo dudas? Vamos a probar. Azúl. ¿A qué no ves rojo? Bueno, ahora sí. Has visto los dos colores que he nombrado. ¿Lo ves? ¿No? Quizas seas daltónico. Usaremos la técnica de redactor de noticias. A pelo. Polla. ¿La ves ahora? Fíjate bien. Sin depilar. Podríamos hacer todo un análisis de intenciones y sugerencias propuestas por el redactor de la noticia pero de obvias que son nada descubriríamos, ni siquiera su enfermiza obsesión por la pornografía bizarra. Por culpa de ese periodismo exhibicionista aún sigo preguntándome si llevaba calcetines y de haberlos llevado como nos lo habría retratado el redactor de la noticia. Desnudo, semi-desnudo, parcialmente vestido, parcialmente desnudo. O, directamente, en bolas y con los calcetines puestos. O si estaban encendidos el aire y la cadena de música. Si tenía televisión en el dormitorio, si las sábanas estaban deshechas bajo su cuerpo desnudo. Sí, desnudo, tal como suena, desnudo. Y solo, así murió Andrés. Y esa imagen se tornaba más triste al recordar su despedida, rodeado por el héroe que tumbó a la URSS en el 83 y el que le zumbó a Petrovic unas cuantas hostias, porque su reluciente calva era minúscula ante la imagen de su cuerpo desnudo. A veces profanamos los cuerpos sin ni siquiera rozarlos.

Pero esa era la descripción de los hechos que hizo la prensa. La verdad era otra muy distinta. Aunque esa es otra historia. La cuestión es que aquellas palabras, desnudas, se le aparecieron una noche a Ramón.

– ¿Vas a beberte solo esa botella de whiskey de malta?

Ramón compartía profesión con Andrés. Aunque lo que los convertía en especiales era que ambos estaban irremisiblemente unidos cerca de las estrellas. Sus trayectorias profesionales habían dibujado una curiosa constelación tricolor, redonda como una pelota de baloncesto. Si primero fue un big bang como una campanilla que sonaba con cada gancho que surcaba el cielo, ding dong. Luego vino una lluvia de estrellas, incansable, ratatatatatatá, como el Winchester73 de Steve Kerr. Esta constelación que descubrimos en el siglo XX tuvo su primera supernova en el siglo XXI. Y como todas las estrellas que mueren vino precedida de una explosión de luz deslumbrante. En el año 2009 pudimos observar en la bóveda celeste un anillo, una medalla, forjados con oro de las minas de Polonia y púrpura extraída del Gran Cañón.

Algunos se remontan a 1984 para explicar el origen de esta constelación. Pero ese es el año del Gran Hermano. Demasiado gris, plata a lo sumo. En realidad y como siempre, por casualidad, todo surgió en el 88. Ochenta y ocho, como el número de constelaciones.

-¿Vas a beberte solo esa botella de whiskey de malta? –repitió el fantasma.

Compartía Ramón con Andrés un trauma. Bueno, en realidad esto lo compartía con cada uno de los mortales y difuntos de la historia. Desgraciado de aquel que no tenga ninguno. Lo que quiero decir es que una frustración similar en el ámbito de su trabajo los había marcado en su carácter. La gente que los conocía los veía un poco huraños, cascarrabias, y más de uno, seguramente los más certeros, diría que arrogantes. Si la pérdida de la inocencia comporta madurez, las heridas en el orgullo te convierten en desconfiado, distante. Tal vez por eso Ramón no acababa de creerse lo que veía. Será el humo del whiskey – pensó.

Andrés no era el único fantasma que merodeaba en su vida. En el patio trasero de su casa tenía una vieja cancha de baloncesto que ya no usaba. La tenía tan olvidada que si hubiera tenido que escribir un anuncio de venta de la casa en la descripción no aparecería. Y era en esa cancha donde otro fantasma hizo acto de presencia. Aunque este era otro tipo de fantasma. Éste se lo tenía creído. Se otorgaba derechos con una osadía insultante. Su insolencia era tal que perfectamente podría haberse llamado Pedro por como se paseaba por su casa. Y ahora, aprovechando que Ramón había salido de viaje en su ritual retiro espiritual de fin de año Flagrant, que era el nombre del fantasma, había organizado un partido de baloncesto en aquella vieja cancha con el único objetivo de despertar a los viejos fantasmas de los recuerdos olvidados. Flagrant era un fantasma, pero sólo por el hecho que no perdía la fe o la memoria, y que más da la disyuntiva si en el fondo es lo mismo. Por eso durante el solsticio de invierno, mientras el sol empieza a renacer, Flagrant cada madruga, le dejó una nota por debajo de la puerta de su casa antes de su partida. Recuerda, dos de enero de dos mil diez, justo cuando el sol ceda el paso a la luna, ¿pitas o no? Flagrant sabía que Ramón de joven, en los años del poderoso influjo de la oscura cara de la luna, había sido árbitro de baloncesto en la liga inglesa.

– ¿Vas a perderte el partido sólo por esa botella de whiskey de malta? -la pregunta ahora adquiría un matiz diferente. Muy diferente.

–  Sí. Necesito escribir.

¿Escribir? Mejor escucha – le espetó el fantasma de Andrés mientras clicaba en youtube una canción de Mr. Grunge en el portátil de Ramón.

Oye, ¿porqué vas desnudo?

Porque la camisa a rayas y la pajarita te las he dejado sobre la cama. Me gustaría estar contigo pitando ese partido.

De repente Andrés se le apareció sincero, sin protocolo, sin pajarita. Desnudo como la verdad. Y el viejo cascarrabias comprendió que la vida puede ser maravillosa cuando el corazón late alto y no pierde ni la fe ni la memoria. Pero sobre todo cuando late acompañado.

video

Nota:

* “Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda”.  Así empieza el Cuento de Navidad de Charles Dickens. Mr Scrooge era su socio.

P.S.

FELIZ AÑO A TODOS LOS FANTASMAGÓRICOS AVATARES QUE APARECÉIS EN ESTE BLOG.

Autor: flagrant

Guest
Ghetto
7 years 11 months ago

Feliz año para toda la tripulación del Flagrant’s.
Gracias por vuestros comentarios “aquí” y “allí”, son inspiradores y alentadores, unos, interesantes y tronchantes, otros, calculados y maravillosamente maquiavélicos, otros.

Un lujo haberos descubierto, vuelvo a creer en Nuncajamás, en Murakami y Blake, en Neo, en Sam Cooke, en Atticus Finch, en Walt Whitman, en los abordajes bucaneros y en la tarta de queso …

Salud, suerte y ánimo, no cambieis.

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