PRÓLOGO. Una tarde de verano sobre el verde del All England Club

UNA TARDE DE VERANO SOBRE EL VERDE DEL ALL ENGLAND CLUB, RAMÓN Y MCLEIN -MEZCLADOS PERO NO AGITADOS- O, VALGA LA REDUNDANCIA, MI PARTICULAR VISIÓN DE LOS HECHOS.

HOMENAJE A MOTTET

a Carliee
 

Me sabe bastante mal que tampoco conteste a los que lo criticamos con razones. Lo deja ir como si no pasara nada. Verdaderamente, nos trata como a mierda. Di algo Ramón, pero algo con sentido. Si no contestas, entonces tendremos una buena noticia, por fin antes de decir chorradas no dices nada. Edito: Tienes razón Ted Striker. Además de faltar al respeto, incurre en muchos fallos gramaticales y de nombres como éste. emotivo abrazo de dos caballeros entre ferrero y santoro, 6-4 para ferrero en el 4, con dos breaks seguidos para el mosquito.Que diferencia entre el respeto en el tenis,con respecto al futbol u otros deportes“. mottet #145 //25.06.2009 a las19:54

 
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Hay un momento en un memorable poema de Gil de Biedma en que, a propósito de lo que significa la amistad, se habla de aquellos que empiezan a conocerse “por encima de la voz o de la seña“. Luego hay momentos en la vida, como cuando uno ya no puede separar su existencia de este blog -aunque haya vida fuera de él, por supuesto-, en que empieza a creérselo, aunque sea un tipo de familiaridad con gente a la que nunca ha visto y a la que, con bastante seguridad, nunca verá, pero gente al fin y al cabo que de algún modo comparte unos mismos intereses y que de algún modo está presente en su vida con una entrega que, a medio camino entre el amor y el odio, más cercana al primero en la mayoría de los casos, es decididamente digna de encomio.

A Mottet empecé a conocerlo ya para siempre cuando una hermosa tarde de este verano que empieza a irse nos regaló uno de sus innumerables comentarios -pero de los que llevan su personal e inconfundible sello- con algo más de alma que de costumbre. A propósito del partido Ferrero-Santoro sobre el verde londinense, nuestro hombre en esa Habana finiquitaba el choque con un canto a la deportividad que incluso aún hoy retumba en mis oídos, como los acordes finales del Festival de Sigur Ros que no paro de oír mientras escribo estas líneas. Era algo tan aparentemente normal, tan intrascendente por lo que tendría que tener de habitual, que fue como un suspiro casi, nada o poco más que nada, algo que seguramente todos nosotros hubiéramos dicho o pensado pero que nadie sino él, quién si no y una vez más, nos entregó. Un abrazo entre dos caballeros o, para decirlo no más exactamente sino exactamente -con las mismas palabras que Mottet utilizó- un emotivo abrazo de dos caballeros. Como ya dije en su momento, el gesto salía del alma del español y del francés porque carecía de todo artificio, era naturalidad pura. Era deportividad.

Y tras el abrazo, tras el logro, había un momento de incertidumbre en el que el cerebro de Mottet o su corazón, o quizá ni uno ni el otro sino algo mucho más poderoso que quizá no fuera un órgano vital o tal vez sí, tal vez más vital aún; tu cerebro o tu corazón o lo que fuera, amigo Mottet, decidió salvar ese instante de la nada y darle vida. Dárnoslo. Nos lo entregaste en tu humilde condición de narrador de lo que estaba sucediendo. Otro podría haber pasado por encima y ni tan siquiera inmutarse.Y nos habríamos quedado sin ello. Pero tú nos lo regalaste y le diste vida para siempre, porque el momento había sido contado, tú lo habías contado. Como alguien dijo una vez, Luiscar si no me equivoco, eres una persona que transmite noblez. Y no seré yo quien ponga eso en duda porque sería como negar una evidencia. Y sería también negar una evidencia, al menos para mí, si no dijera que momentos como ése son de los que hacen y han hecho grande a este blog.

Pero luego llega uno tras un mes y medio de casi no poder leeros y se encuentra con que la casa está cambiada: no es nada, la mesa de la cocina dos dedos más atrás, la cama sin hacer, el dentífrico se terminó hace días y nadie se ha encargado de reponerlo. Los rostros son los de siempre pero con un semblante un poco más serio, no es nada, es que casi ni se nota, porque aunque todo está tan mal yo también me siento muy bien. Pero quizá ya no tan bien. Y es que aparecen viejos recelos, disputas que parecían olvidadas, antiguos fantasmas que acuden de nuevo, rencores que si no estaban olvidados parecían perdonados, no sé, una extraña sensación.Y no me gusta. Incluso hay problemas, y para mí de los gordos, con uno de los habituales. Y le doy vueltas al tema y no puedo pronunciarme, pienso que no sé, ¿Ramón o Mclein? Y me convenzo de que no es que no pueda pronunciarme, es que soy un cobarde y no me atrevo o tal vez…

sí, es eso, por qué tengo que pronunciarme, a la mierda todos y todo, no me jodáis, los quiero a los dos, os quiero a los dos, ahora y aquí, porque me importa una mierda quién tienga la razón, no me importa más el Europeo que esto, ni si mi equipo va a poder repetir una temporada triunfal, ni qué ciudad se llevará finalmente el gato al agua, ahora mismo nada que no sea esto: seguir disfrutando de este blog, de esta eterna contienda que empieza de nuevo en cada post y que esta tarde de verano alcanza uno de sus hitos, oh sí, por favor, dejadme seguir en mi nube, el partido es bonito, el intercambio de bolas es magnífico, brutal…

… qué es esto, pero si no estamos en la pista central, sí, sí, el mismo Kaunas, que retransmite el choque, lo confirma, hacía tiempo que no se veía nada igual sobre el verde londinense, dos jugadorazos, cada uno en su estilo: Mclein desatado con su magnífica derecha de siempre y Ramón con ese resto poderoso que lo engulle todo. ¿O es al revés? No sé, Mottet, acláramelo, ¿quién es quién?. Alguien dijo que el valor es el lugar donde se coloca José Tomás, pero en esta tarde de gloria hay dos seres que se juegan cada punto más allá de la humana resistencia, porque no hay miedo, sólo el ansia de llevar esto a algo que sitúe el deporte más allá. Por una vez, el uso del adjetivo rimbombante, de la palabra oculta en los sótanos del diccionario, pudiera ser necesario.

De pronto, se hace un silencio que dura más que la eternidad y menos que un relámpago. En el bar del recinto, el Flagrant’s, donde hoy hay barra libre, los sospechosos habituales, sí, esos que suelen cometer tres segundos en la zona 13t, se quedan con la boca abierta: en alguna de sus manos una cerveza que se posa en el aire como si la respiración de nuestro planeta se hubiera detenido y los ojos de la madre tierra, como los de todo el mundo hoy, quisieran estar presentes…

…de pronto, digo -quiero decir Kaunas-, tras un intercambio de bolas que aspiraba a romper las agujas del reloj (no a colmar nuestra paciencia porque cada golpe ha sido de maestro),

de pronto, repito, qué dejada, madre mía, una mueca del cuerpo en forma de golpe de muñeca. ¿Mclein o Ramón? Los dos nos han dado grandes tardes como ésta, un monumento al tenis, pero la ley del deporte dicta que hoy alguien ha de vencer. Cuando, para nuestra mala suerte, el partido anunciaba el cierre tras ese penúltimo golpe magistral, el otro llega a la bola, sí, milagrosamente pero llega, inclinando su cuerpo hacia delante como si una pesada carga -quizá los propios demonios, quizá todas nuestras esperanzas- se posara sobre su espalda. Y es ahora cuando la bola sube, sí, luminosa, esbelta, piafante, más que nunca esta bola que era la última sube, la trayectoria es hacia arriba, sin duda, y va a más, sube a más. Mirad alto, veréis que miran otros ojos. Latid alto, sabréis que palpita otra sangre…

Y ante el deliro, emotivo abrazo de dos caballeros…

Muchos años después, no ante el pelotón de fusilamiento sino frente al recuerdo de aquellos maravillosos años, la crónica del memorable partido sigue vivo en la mayoría de los que tuvieron la suerte de asistir. Curiosamente, nadie se acuerda ya del resultado, quizá porque no lo hubo o tal vez porque en verdad no importe. Quién sabe, quizá realmente eso era lo de menos. La leyenda dice que la trayectoria siempre fue ascendente y tal vez la bola, muchas décadas después, aún siga subiendo. Los más viejos, pertenecientes a una generación que tenía fama de merodear cerca de las estrellas, esos que aún ahora suelen reunirse de vez en cuando para tomar alguna cerveza y rememorar antiguas batallas, no han perdido la costumbre de entregar a sus nietos en forma de recuerdo, como si fuera el bien más preciado, la ya lejana pero hermosa imagen final de aquella tarde.

Autor: dondelaebriedad, #231 y siguientes, 5 de septiembre de 2009

 
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