CAPÍTULO II. Long Road.

LONG ROAD

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Navegando hasta Polonia entre redes y raíces, alimentando esa posibilidad de conquistar lo que no se ha perdido y lo que nunca se tuvo, a las puertas de nuestras propias palabras y de las frecuentes contradicciones que arrasan con lo que somos. Junto a la última señal que indica el camino, antes de salir a navegar, descubres las dudas, sudas, te escondes en todas las justificaciones posibles, miras atrás buscando ayuda y consuelo en la memoria, en lo que fuiste hace escasamente un año, y te das cuenta que es cierto que el pasado te pertenece, que te hizo grande y poderosa, pero justamente lo que rememoras ya no existe. Es curioso cómo los cimentos se pueden borrar en apenas cuatro segundos de cuarenta minutos, cómo una tabla periódica de éxitos puede lastrar el ahora y convertir tu cuerpo de doce hombres en un estrambótico monigote.
Antes de salir a navegar, junto al muelle, permaneces quieta, dudas, sudas, el mar chilla mientras Ulises espera al otro lado. Cierras los ojos y en la oscuridad olvidas lo que nadie para de decirte, piensas en lo que nadie te dice, escuchas la última canción que sale de la ventana del hotel, sueltas las amarras, bordeas todas las líneas que se cruzan en tu cabeza, contraes todas las gotas de incertidumbre que apagaron el silencio de cuarenta minutos de cuatro segundos, estiras el tiempo y contraes los kilómetros que quedan hasta Itaca, te enamoras de tus contradicciones y encajas los errores que también te pertenecen, besas el barco y sales del puerto. Entonces, sólo entonces, te das cuenta que CREES en ti misma.

EVERYBODY BELIEVE